Paisaje con nubes

Paisaje con nubes
SOL (Paisaje con nubes)

jueves, 19 de marzo de 2009

FUEGO, POLVORA Y HUMO




SOL (Mascletá)




Esto se acaba, se acaba, se acaba...¡Qué pena!¿Verdad? Mejor así que estoy hecha unos verdaderos zorros. Como si una manada de elefantes borrachos hubieran estado bailando sobre mi cuerdo. ¡Que sueño tengo, Dios mío! Ya casi ni me acuerdo cuándo pude dormir horas y horas y horas, sin que nadie me molestase. Todo el tiempo del Mundo para mi solita, para poder descansar a mis anchas. Acabo de dar una cabezadita con la pretensión de dormir un par de horitas, pero imposible. Lo que son las cosas, cuando venía hacia casa con los truenos de la última “mascletá” aún en los oídos, se me cerraban los ojos mientras caminaba. No acabé dormida agarrada a una farola de puro milagro. Derechita, derechita a la cama sin detenerme a comer siquiera. ¡La camita!¡Qué bien!¡Qué maravilla! Ni fuerzas para desnudarme, tan solo quitarme el calzado. ¡¡¡Ahhhh, mis pies!!! Todas las agujas del mundo parecen estar clavadas en las plantas de mis pies. ¡¡¡¡Ahhh, mi cuerpo!!!! Es una pura agujeta. ¡¡¡Ahhh, la almohada!!!! ¿Hay algo tan sumamente seductor como una almohada? Dormir, dormir, dormir... ¡¡¡Qué deliciaaaa!!! Pues si, mucha delicia pero ahí se acabó todo. Una vuelta, otra vuelta y otra vuelta. Cada vez que me movía, aunque fuera lo mas mínimo, todo mi cuerpo gemía. Instantes antes estaba literalmente dormida pero echarme en la cama y despejarme, todo uno. Imposible conciliar el sueño. Increíble. Quizá sea del puro cansancio, o mas bien, del trajín que me he traído en estos días, comiendo ni se sabe y durmiendo a ratos perdidos en horas perdidas, algunos días hasta en mi cama y todo. Imposible e irritante. Arriba otra vez. Ponerme en pié y entrarme una modorra de esas modorras asesinas todo uno. Desesperante. Ducha. Agua caliente para finalizar con agua fría que al caer por mi espalda me hace tiritar. Al menos me despejo un poco. Camino de la cocina pierdo la toalla por el pasillo. No me doy ni cuenta. No importa mucho pues estoy sola en casa, mis padres han huido de las fiestas refugiándose en el apartamento de la playa de donde no piensan regresar hasta el próximo domingo y mi hermana puede estar por “ahí” con su novio. Ya se, ya se, que pueden llegar en cualquier momento pero no estoy para estas consideraciones que, dicho sea de paso, me importan tres pepinos. “Sadwich” de jamón York y queso, un vaso de leche, manzana, plátano y “kiwi”. Una comida un tanto particular, pero es lo mas rápido y lo que da menos quehacer. Ya habrá tiempo de tomar algo cuando salga. Se hace preciso preparar una buena cafetera de café bien cargado.

Esto se acaba, se acaba, se acaba...Esta noche la “Nit de la Crema”. Todo Valencia será una inmensa hoguera. Adiós fallas, adiós. El próximo año surgirán otras nuevas que tendrán, igualmente, una vida efímera. La gente que no es de aquí no entiende que el destino de esas obras de arte sea verlas arder como teas. “¡Qué lástima!”, exclaman, y estoy de acuerdo con ellos, es una lástima pero nuestra Fiesta es así, el culto al fuego que muy atrás, quedan los tiempos en los que se quemaban muebles viejos, antecesores de las fallas, como símbolo de lo inservible. Además, gracias a esta destrucción pirómana, no solo pueden vivir un buen puñado de familias sino que la afluencia de gente de todos los rincones del Mundo supone un gran aliciente para nuestra economía. Ya ves, en “crisis” y la ocupación hotelera de este año está a tope, en el cien por cien. Miran a su alrededor escudriñando los edificios que rodean, casi tocando, al monumento que va a arder y manifiestan su lógico temor de que esa locura del fuego no finalice en un incendio de la ciudad que ríete del de la Roma de Nerón. ¡Ay¡ Eso si que es un verdadero milagro, un “milagro fallero” del que hay que dar las gracias a la pericia de los artífices maestros falleros que logran que todo el armazón humeante se desplome hacia el centro mismo de la construcción, y, naturalmente, a los bomberos que con sus mangueras riegan las fachadas circundantes, controlando, domando las llamas lo mismo que un domador de circo con los leones.

Esto se acaba, se acaba, se acaba... Las fiestas mas alegres, musicales, bulliciosas, locas y ruidosas envueltas en humo de pólvora. También las mas sensuales, pues todo es una exaltación de los sentidos. Los que nos visitan por primera ver miran a su alrededor como asombrados, se asombran, se aturullan, ponen quizá alguna objeción. Pero, si les es factible, repetirán al siguiente año. Y al otro y al otro. Resulta que ya no dicen eso de la “pena” de la “cremà” , ni de lo de cuándo duermen los valencianos si la noche anterior terminan los festejos a las tantas (si es que no se continúan el resto de la noche) y al día siguiente a las ocho de la mañana las comisiones falleras ya andan dando la lata, tirando petardos y metiendo bulla por las calles con "la despertá, para continuar el jolgorio. Tampoco afirmarán que lo de que realmente les gusta es el colorido de los desfiles, las bandas de música y “la nit del foc” pero no eso de la “mascletá” que no hay quien la aguante, con ese ruido tan infernal que hace estallar los tímpanos, so pena que se tenga la boca abierta, al tiempo que el suelo vibra como si de un terremoto se tratara. Serán ellos los que acudan bien temprano en busca del sitio mas estruendoso. No andarán dando saltitos a los lados para sortear los petardos que los niños tiran descuidadamente al suelo, al tiempo que dan grititos “¡Ay!...¡Ay!...¡Ay...”. Tomarán con mas santa resignación que una multitud, salida de no se dónde, te tenga atrapado entre sus fauces, por tiempo indefinido, sin saber por qué, para acabar llevándote al lugar opuesto de donde pretendías ir. Aparte de admirar los monumentos, aprenderán a leer sus letreros y reir con las ocurrencias de lo escrito. Se sentirán renacer cuando una nube de humo de pólvora les envuelva, y respirarán ávidamente ese olor dulzón del azufre. Les parecerá de lo mas lógico que unos desconocidos les integren, de buenas a primeras, en una peña de desconocidos con los que acabará bebiendo y comiendo. Y sobretodo, aprenderán a no hacer planes para mas tarde, pues todo aquí puede ser impredecible. Esto “engancha” ¡Y de qué manera!. Al menos eso me parece a mi.

2 comentarios:

Alex [Solharis] dijo...

Realmente me gustaría poder ver las Fallas, nunca he estado en Valencia. Me ha gustado el artículo pero ya podrías invitarme alguna vez, que no estaría mal tener una guía.

Un abrazo.

solselenia dijo...

No solo hay "Fallas" en Valencia capital sino en muchos otros pueblos de la Comunidad. Todas tienen su encanto y ambiente particular aunque, naturalmente, las de Valencia son las mas espectaculares y conocidas.
Gracias por tu comentario.