Paisaje con nubes

Paisaje con nubes
SOL (Paisaje con nubes)

viernes, 9 de octubre de 2009

LÁGRIMAS DE CRISTAL


SOL (Salomé)


Con la llegada de mi hermana a casa, armarse la “marimorena” era tan solo cuestión de tiempo. De poco tiempo, precisaría yo. Esa histeria andante parece no estar a gusto si no organiza un “show” de los suyos. Y la actuación con que inauguró la recién estrenada estación otoñal tuvo lugar hace un par de sábados.

Parece ser que tenía una cena, o una reunión, o vete tu a saber qué. Algún evento de esos en los que se pone toda emperifollada, pintorrajeada y perfumada con una colonia capaz de asfixiar a cualquier infeliz que cometiera la osadía de acercarse a menos de diez metros de ella. Hasta aquí bien. Si quiere salir que salga y si quiere pasarse la tarde dando paseitos de su habitación al cuarto de baño y del cuarto de baño a su habitación, gimoteando por no conseguir todo lo bella, salerosa y lozana que desearía, pues qué se le va hacer. Ella es como es y tiene el tipo que tiene, para milagros hay que ir a Lourdes o a Fátima o algún sitio de esos que últimamente lo que es en nuestra casa parece ser que no.

Pues vale, toda la tarde paseo para aquí, paseo para acá, exclamando constantemente “¡Ay!...¡Ay!....¡Ay!” que no parecía sino que la estuvieran dando pisotones en los pies. Intentar, por mi parte, hacer uso del cuarto de baño eran palabras mayores y no solo porque lo ocupaba casi de continuo, sino porque cuando no era así pretendía que quedara libre por si diera la casualidad de que se le antojara hacer uso de él. Resignación. Como no era nada nuevo para mi traté de superar la prueba con la que me castigaba el Destino lo mas estoicamente posible.

Afortunadamente todo tiene su fin, aunque existan ocasiones en las que parece que ese fin no va a llegar nunca. Sonriente, hecha un “brazo de mar”, se plantó ante mi recabando mi opinión. Al estar las dos solas en casa me cupo tal “honor”. ¿Qué decir? Sus gustos son tan opuestos a los míos que de expresar lo que “realmente” opinaba daría lugar a una trifulca. Insinuarla si no se habría pasado un “poquitín” con el maquillaje que tenía las mejillas tan coloradotas que no parecía sino que le hubieran dado de bofetadas, no le recibiría de muy buen grado. Preguntarla si el motivo de ponerse ese traje moradillo, que me había dejado bizca al verlo, era el de asistir a una procesión de nazarenos o a alguna reunión de damas sufragistas, pues no. Mejor callar. Claro que podía haber salido del paso diciendo simplemente que estaba muy “guapa”, pero la mentira era de tal calibre que las palabras se me atragantaron. Me limité a decir un anodino “bien” que a nada me comprometía, añadiendo si no debería completar su atuendo con algún adorno. La idea la recibió de muy buen grado, desapareciendo acto seguido hacia su cuarto. Sin saberlo, inocente de mi, acababa de abrir la jaula de las Furias.

Un alarido espantoso rompió el silencio. El “Tranosaurio Rex” debía de haberse escapado del Parque Jurásico y con sus formidables rugidos venía por el pasillo hacia donde yo me encontraba dispuesto a devorarme. Conforme se acercaba empecé a comprender que aquellos alaridos y rugidos tenían un significado, que eran palabras que formaban una frase que venia a decir algo como así : “¿¿¿Qué has hechoooooooo ??? ....... ¿¿¿Qué has hechoooooooo ??? “. Mi hermana tenía la cara roja pero ya no a causa de su prodigalidad con el maquillaje sino por una tremenda ira. Me quedé perpleja. Evidentemente se refería a mi y a un no se qué que habría hecho que la había molestado profundamente. Que se moleste mi hermana ante cualquier cosa que yo haga no es ninguna novedad, pero esto debería de haber sido algo “gordo”. ¿Pero, el qué?¿Cuándo?¿Cómo? Sinceramente no recordaba y comenzaba a intrigarme la causa de mi “pecado”. Decidí preguntar “cual” era mi “delito” y ella, en el colmo de la paranoia, rugió, “ ¿¿¿ No lo veeees ???”. Pues no, la verdad. La veía como hacía un momento, con la salvedad de su estado a candidata a una camisa de fuerza. Volví a preguntar y, de nuevo, “ ¿¿¿ No lo veeees ???”. En esta ocasión llevó una de sus manos hacia una especie de gargantilla de cristalitos que lastimosamente rodeaba su cuello. ¡Plofff! las nubes de la ignorancia se disiparon de golpe sobre mi cabeza.

¡El collar!¡El collar! ¡El collar!. El collar de dos vueltas a base de bolitas de cristal de Murano que se iban alternando en color azabache y caramelo que, reconozcámoslo, era una preciosidad. El regalo que le hizo su rumboso novio allá por San Valentin. El collar que me pasó bajo las narices y que, cuando alargué la mano para tocarlo, cerró tan bruscamente el estuche que casi me pilla un dedo. El collar que guardaba en ese mueble de su habitación que siempre, siempre, siempre está cerrado con siete vueltas de llave pues es donde guarda sus mas íntimos y preciosos secretos. Yo la llamo “el cofre del tesoro” y, ni que decir tiene, que echar un vistazo a su interior es toda una tentación. Se trata de un mueble de tres cuerpos. Armario el de la derecha. Medio armario con cajoneras, el de la izquierda. El del centro, mesa abatible que oculta en su interior una pequeña librería, y en la parte baja armaritos con puertas. Todo provisto de cerradura. Una misma llave, que no apea ni a sol ni a sombra, abre la parte deseada. Tal profusión de cerraduras fue una exigencia de mi hermana que cuando, extrañados, la inquirieron el motivo de semejante capricho, se limitó a exhalar un lánguido suspiro a la vez que me dirigía una mirada que casi me taladra.

El mueble vino provisto de una segunda llave de reserva que mi hermana se apresuró a ocultar en un lugar “secreto”. Casi al instante la cambió de escondite por otro lugar “mucho mas secreto”. Y no tardó mucho tiempo en que tornara por el cambio aunque no por mucho tiempo que, enseguida, volvió a las andadas. Finalmente la perdió. Toda una tragedia como todo lo que concierne a ella. Durante una semana se pasó, escoba en mano, barriendo todos los rincones de la casa, hasta los mas inverosímiles. Todo inútil. El Destino había dispuesto que se extraviara y ya se sabe como es el Destino cuando se empeña en una cosa. También el Destino había dispuesto que yo me la encontrara de mera casualidad, y, como no era cosa de desairar el maravilloso don con el que me obsequiara, decidí guardarla en el fondo del cajón donde tengo mi ropa interior.

El collar, el maravilloso collar de dos vueltas a base de bolitas de cristal de Murano que se iban alternando en color azabache y caramelo que, reconozcámoslo, era una preciosidad, cayó en el olvido para todos. Y así permaneció hasta finales del pasado mes de Julio.

Sucede que te sucederás que, una cálida noche veraniega, estando sola, solita, sola en casa y disponiéndome ya a salir a lo que se avecinaba como una noche de juerga, risas y locura, me eché una última, ultimísima mirada, ante el espejo. Me encontraba guapísima con aquel vestidito minifaldero de tirantes de color rojo, dejando entrever por su amplio escote mi sujetador negro. Sin embargo, sin embargo, aquel generoso escote parecía pedirme a gritos un complemento para alcanzar así la perfección. Como un rayo divino caído del Cielo, me vino a mi mente el collar de mi hermana.

Rechazé automáticamente la idea por lo osado. La rechacé, si, la rechacé. Pero ya se sabe que en estas ocasiones hay un diablillo que te va diciendo a la oreja que total si “nadie” se va a enterar, total si lo vas a “cuidar” mucho, mucho, como a las “niñas de tus ojos”, pues qué puede “ocurrir”, total si ... Sucumbí. Alcancé pues la perfección y todos se quedaron maravillados. Al andar, las bolitas de cristal chocaban unas contra otras metiendo un ruidito así como “tric...tric...tric...” , como si cantasen de pura alegría. Hasta aquí, todo encantador.

Pero la noche es larga, larga y conforme se va tomando una copichuela aquí, otra allá y se entra de lleno en la juerga, las cosas empiezan a verse de forma distinta. En la “disco” hice un descubrimiento, al bailar el doble collar ascendía hasta mis hombros y ya no hacían sus bolas “tric...tric...tric...” al rozar entre ellas, sino “troc...troc...troc...”. Si me movía muy rápido el sonido era mas intenso, “Triic-troooc-troocc”. Cabían mas posibilidades. Si en vez de llevarlo con doble vuelta lo llevaba con una sola, el collar caía hasta mi cintura, podía, entonces cogerlo con una mano y moverlo talmente como si se saltara a la comba. Las cuentas cristalinas cantaban una especie de “riu...riu...riu...riu...” a la vez que despedían reflejos multicolores de las luces que se reflejaban. También, moviendo enérgicamente los hombros, podía imprimirle un giro alrededor de mi cuello como si bailase el “hula hop”. Bobadas que se hacen.

Lo de bailar el “hula hop” con el collar no fue buena idea, la verdad, si bien en el momento me pareció algo divertido. No constituyó una idea medianamente razonable si tenemos en cuenta que me encontraba en medio de la pista de baile rodeada por una verdadera multitud. A la tercera vuelta ocurrió lo que era predecible que ocurriese, el collar se enganchó con un “algo” que posiblemente fuese cualquier mano agitada al aire, y una lluvia de bolitas de cristal cantarinas obsequió a todos los que me rodeaban. Parte de ellas, afortunadamente, se me cayeron por el escote y no acabaron en el suelo junto a sus compañeras porque en un acto reflejo ceñí todo lo que pude el vestido a mi cintura, mientras pedía a gritos, al amigo mas cercano, que me prestara su cinturón. Me sentí desfallecer. De golpe y porrazo toda la euforia, toda la alegría, todo el desenfreno de un segundo anterior se había esfumado y volvía ante mi la cruda realidad.

Me tiré al suelo como una posesa tratando de rescatar los restos del desastre. Algunos amigos se me unieron, y otros, a los que no conocía de nada, también se unieron en lo que parecía ser una especie de fiesta sorpresa. Tarea inútil como se puede comprender. Alguna bolita si que se encontró, claro está, cuando así sucedió el que la hallaba me preguntaba que qué hacia con ella y a falta de mejor idea le decía que me la echara por el escote que ya habría ocasión de rescatarla junto a sus compañeras. La idea del escote pareció gustar, pues pronto llovieron, al interior de mi vestido, cantidad de pequeños objetos que mas tarde descubriría que eran todo menos las cuentas del collar. Los objetos “extraños” que mas abundaron fueron los “kikos”. También encontraría huesos de aceitunas y hasta algún chicle. Tarea inútil, como ya he dicho antes. Las luces de la discoteca no eran como de lo mas apropiado para ayudar en nuestra tarea y la gente que atestaba el local no hacían mas que tropezar con los que estábamos a gatas y, algunos, hasta caerse. Hubo que desistir.

En el aseo de señoras tuve que desnudarme, prácticamente, de arriba abajo encontrando las dichosas bolitas en los sitios mas insospechados. También encontré toda la suerte de porquerías que indiqué anteriormente. El resultado fue descorazonador. Ya no eran las mil y una bolitas de cristal que componían el primitivo collar de dos vueltas, sino un par de tristes y melancólicos puñaditos.

El nuevo problema que se me presentaba ante mi era el transporte de aquel un par de tristes y melancólicos puñaditos. Con el agobio ni idea de coger el bolso que había quedado muerto de risa sobre una silla, una bolsita de plástico tu me dirás de dónde la iba a sacar. Por no tener no tenía ni una mala servilleta de papel. Intenté hacer un cucurucho empleando papel higiénico con resultados catastróficos. En fin, a grandes males grandes remedios. Cuando me reintegré a la sala donde una multitud bailaba, reía y saltaba, llevando entre mis manos mi sujetador negro con sus copas llenas de bolitas de cristal que despedían mil destellos al brillar las luces en ellas, reconozco que causé un cierto “asombro”, por definirlo de alguna manera.

Un amigo me llevó hasta casa. Un amigo apasionado, temperamental y con dos copillas de mas. Que se ofrezca a llevarte a casa al final de una noche de juerga un amigo apasionado, temperamental y con dos copillas de mas, cuando tu vas con un vestidito minifaldero con un escote de vértigo, llevando entre tus manos el sujetador, era como si le fueras pidiendo a gritos que buscara un sitio discretito donde aparcar el coche, para completar la noche con una buena “fiesta”. Que un amigo apasionado, temperamental y con dos copillas de mas aparque su coche en un lugar oscuro y solitario con la sana pretensión de completar la velada con una buena “fiesta”, cuando pasas de romances pues lo que estás deseando es llegar a tu casa para analizar el desaguisado que llevas entre las manos, era sinónimo de una buena sesión de lucha libre. Una sesión de lucha libre contra un amigo apasionado, temperamental y con dos copillas de mas que ha aparcado su coche en un lugar oscuro y solitario con la sana pretensión de completar la velada con una buena “fiesta”, mientras llevas entre las manos un sujetador negro cuyas copas sirven de cobijo a las cuentas de lo que no hace mucho fue un collar de dos vueltas de cristalitos de Murano, alternándose unos en negro azabache y otros de color caramelo, equivalía a una nueva búsqueda de las dichosas bolitas de cristal por los mil y un recovecos que puede llegar a tener un coche. Y una inspección por los mil y un recovecos que puede tener un coche, en un lugar oscuro y solitario, valiéndote tan solo de la tenue iluminación interior del vehículo, significaba encontrarte mecheros, bolígafos, una libretita, una pelotita de goma y ¡hasta un calcetín!, pero poquito poco de lo que buscas.

Hice lo que pude que no fue mucho. Aquel largo, largo collar se había transformado en algo mas que una pulserita. Ni siquiera las bolitas alternaban sus colores que, por un capricho del Destino, había mas de color caramelo que negras azabache. En un inútil deseo de que pareciera mas largo, dejé unos centímetros de hilo hasta el broche. El resultado, capaz de consternar a cualquiera, estaba a caballo entre una especie de collar cortito y una especie de gargantilla holgada. Ante lo inevitable lo devolví a su estuche cruzando los dedos para que hubiera un milagro. Pero como lo inevitable, es inevitable, y lo que tenga que acaecer para qué preocuparse, lisa y llanamente me olvidé del asunto.

La “aventura” del collar pasó, pues, al baul de los olvidos. Se esfumó en el aire como si nunca hubiera sucedido. Lo malo era que “SI” había sucedido, y la aparición del Angel Vengador, echando fuego por los ojos y atronando “¿¿¿Qué has hechoooooooo ???” me hacían volver a la memoria lo que de ella había borrado. ¿Y qué hacer ante esta situación? En décimas de segundo pasaron por mi cabeza mil ideas, ninguna válida. Lo mas noble hubiese sido reconocer lisa y llanamente mi “culpa” y aguantar estoicamente el chaparrón de su indignación. Eso hubiese sido lo mas honorable, desde luego, pero no era tan fácil. Decirla en tono desenfadado algo así como “mira, se me había olvidado contártelo, pero te vas a reir cuando sepas lo que me pasó..., desde luego no valía. Si de algo mi hermana carece es de sentido del humor. Podría arrojarme a sus pies suplicando perdón y ofrecerme a ser su esclava de por vida como justa compensación. Tampoco. Lo de la esclavitud si que lo aceptaría encantada, pero nada mas. Podía optar por tomar carrerilla y decirla muy rápido, muy rápido, “Cogi-tu-collar-para-salir-de fiesta-una-noche-se-me-rompió-y-se-perdieron-algunas-bolitas-pero-traté-de-arreglarlo-perdón-perdón-perdón-que-no lo volveré-hacer...”. Descartado. La cosa no resultaba demasiado fácil que digamos. Además, en cualquiera de los casos, no tendría mas remedio que hacer mención a esa llave que ella creía perdida desde hacía años.

Opté por seguir el ejemplo que nos dan cotidianamente nuestros políticos, esto es, negar la evidencia con la mayor cara dura del mundo. Con un cinismo que me causó asombro la pedí pausadamente que se tranquilizara y me explicara qué me estaba reprochando, pues no la entendía nada, de nada. “¡El collaaar!... “¡El collaaar!...¡¡¡Estúpida!!! ¿¿¿Es que no lo veeees???” . Seguí sin inmutable. “Pero ¿A qué collar te refieres?”. “¡¡¡A éste!!!...¡¡¡Imbécil!!!...¡¡¡A éste!!!...¿¿¿Es que no lo veeeees???...?. Me mostré sorprendida, “¡Ah! ¿Pero eso es un collar? ¡Qué ridículo resulta!¿No te parece?”. “¡¡Es el collar que me regaló José Luis por San Valentín!!... Y era muy largo y bonito,..Y ahora ¡¡¡¡Mira!!!”. “Bueno, yo no se cómo dices que era, te recuerdo que no me lo dejaste ni tocar, pero si el problema es que querías un collar mas largo y tu novio te ha regalado uno así de pequeñito el problema es vuestro. Dile que la próxima vez no sea tan tacaño”. “¡¡¡Aggggggg!!!!...¡¡¡Has sido tuuuu!!!!....¡¡¡Tu me los has cogido y mira lo que has hecho!!!”. Exhalé un suspiro de paciencia. “Pero vamos a ver ¿Por qué crees que yo voy a coger o dejar de coger nada tuyo?¿Me crees capaz de ello?”, “¡¡¡¡ SIIIIIIIIIII!!!!”, “¿No será que te parecía que era mas largo y resulta que es cortito, cortito?”. “¡¡¡¡NOOOOOO!!!!....¡¡¡¡Imbécil!!!!”. “Pues yo, ni idea, chica. Posiblemente hayas sido tu misma....”. Mi hermana hacía ya tiempo que echaba espuma por la boca como un perro rabioso. “¡Yo no lo he tocado desde que me lo regaló José Luis! ¿¿¿Te enteras??? ¡¡O sea que es cosa tuya!!... ¡¡¡Has sido tuuuuuuu!!!! Porque en esta casa no hay nadie mas....”. “ Bueno, eso no es cierto que están también mamá y papá. Pregúntales que a lo mejor alguno de ellos ....”. No me dejó terminar. “¡¡¡¡ No me tomes el pelo!!!!, ¡¡¡¡Idiota!!!!, ¡¡Has sido tuuuuuu!! ¡¡Lo sabes muy bién!!... ¡¡¡¡Tuuuuuuu!!!!....¿¿Me entiendes?? .... ¡¡¡¡Tuuuuuu!!!!...”. La perolata fué mucho mas larga, desde luego. Repetía las cosas, chillaba, volvía a acusarme y otra vez vuelta a empezar.

Empecé a temer que no terminaríamos nunca, y la situación ya empezaba a resultar cansina. La dejé un ratito para que se desahogase, o mas bien debería decir que para que se cansase, luego, la detuve con un gesto como si una idea lumínica me hubiera llegado desde el Mas Allá “Vamos a ver ¿Dónde tenías guardado ese dichoso collar? “¿¿Dónde iba a estar?? ¡¡¡En mi armarioooooo!!!”. “¿En ese armario que parece la cueva de Aladino que no dejas que nadie mire en su interior y que siempre lo tienes mas cerrado que la caja fuerte de un banco?”. “¡¡¡¡Sabes que siiiii!!!”. “¿En ese armario cuya llave la tienes guardada no se donde y que nadie puede abrir excepto tu?. La había pillado. “ si ...”. Abrí los brazos en la actitud del que acaba de demostrar la lógica mas absoluta “¡Entonces...!”. Enmudeció sin saber que responder. Al poco tiempo volvió a acusarme aunque sin fuerza alguna. Sabía que la estaba tomando el pelo, y lo que es peor, ella sabía que yo sabía que ella sabía que la tomaba el pelo descaradamente. Pero no tenía argumento alguno para seguir la discusión. “No se como lo has hecho, pero si se que es obra tuya ¡Y me las pagarás!”.
No me sentí muy feliz, la verdad, pues no me gusta hacer daño a nadie. Siento un pequeño placer morboso en hacerla rabiar un poquillo, eso si, pero no soy tan mala persona como para herir a nadie a sabiendas. Pero lo hecho, hecho está. En mi fuero interno me prometí que, cuando fuese muy rica, muy rica, millonaria, millonarísima, la regalaría un collar, largo, larguísimo, de perlas y brillantes en compensación del que, sin querer, la había estropeado. Claro que mucho me temo que tendrá que esperar bastante tiempo para ello.

domingo, 20 de septiembre de 2009

EL LLANTO DE LAS NUBES




SOL (s/t)




Ya tenemos encima el Otoño, o al menos su anuncio. Los optimistas que aún echábamos mano de la ropa veraniega hemos tenido que correr a casa para cambiarnos de atuendo. Adiós escotes, camisetas de tirantes, minifaldas, “tops” , “shorts” y toda la ropita sexy que tanto nos favorece. Adiós calorcito adiós, adiós, adiós, que ya ha empezado a estar fresquito. Hace unos días (no recuerdo cuantos) cayó una buena tormenta que era como si las nubes rompieran a llorar por haber dejado atrás el Verano. A partir de entonces el llanto parece ser continuo y aquí cuando le da por llover puede emular al Diluvio Universal. Algunos comentaban que qué bien que ya estaban hartos de tanto calor y que así bajaban las temperaturas. Pues si, muy bien. Hay gustos para todos. En lo que a mi concierne no me hubiera importado continuar otra temporada con esas temperaturas altas de las que tanto se quejaban. Adiós a poder corretear desnuda como una ninfa, so pena que quiera coger un resfriado de órdago. Adiós al placer de sentirme dueña y señora de la casa, haciendo y deshaciendo a mi antojo lo que me viniera en gana que ya están aquí mis padres y, lo que es muchísimo peor, también mi hermana . Adiós a la felicidad de la soledad y de la tranquilidad. Adiós adiós, adiós. Comienza una nueva temporada. Las horas de Sol son cada vez mas cortas y dentro de un abrir y cerrar de ojos nos daremos de narices con el Invierno, con sus abrigos, bufandas, capas y mas capas de ropa para combatir el frío y este año, como aliciente añadido, esa gripe extraña de la que nadie acierta a decir poco mas que es muy contagiosa y que hay que lavarse con frecuencia las manos y no ir salpicando a nuestro alrededor al estornudar, que es, algo así, como si nos dijeran que si cogemos la gripe la culpa es nuestra que somos unos cochinos.

Con la llegada de mis padres ha hecho su aparición el “orden materno” que tan distinto es al “orden dentro del desorden” que, alegremente, he venido practicando durante todo este tiempo y que, básicamente, consiste en ir dejando las cosas en el primer lugar que encuentro a mano. Las recriminaciones de siempre: “¡Pero hija, qué desordenada eres!” (no, no soy desordenada, simplemente mi idea del orden difiere de la suya), “¿Cuánto tiempo hace que no pasas el aspirador y limpias los suelos?” (esta pregunta si que me sorprendió, la verdad. En ningún momento se me pasó por la cabeza emplear mi tiempo en semejante “entretenimiento”), “¿Qué hace esa torre de vajilla sucia por toda la cocina?” (pregunta tonta donde las haya. Fácil era de adivinar que estaban a la espera de quedarme sin vajilla limpia para proceder, ¡Ay!, a su lavado”). En fin, ya he escrito sobre este tema en otra de mis entradas, por lo que no voy a insistir sobre ello. Mi hermana (¡Qué rica!) encizañando, como tiene por costumbre. “Mira mamá como tiene el salón”, “Mira mamá el pasillo”, “Mira mamá....”. Oye guapita no mandes mirar tanto a nuestra madre no la vaya a salir un orzuelo. Si me hubieran avisado con antelación ya me hubiera preocupado de dejar la casa curiosa, en lo que cabe, claro. Pero no, se presentaron de buenas a primeras, de improviso, y así encontraron lo que encontraron. Afortunadamente estaba terminando de arreglarme para salir a cenar con unos amigos. Aguanté durante unos minutos el chaparrón y desaparecí con la mayor celeridad posible, pretextando que me estaban esperando, Jurando y perjurando, eso si, que, en cuanto me levantara al día siguiente, me dedicaría en cuerpo y alma a dejar la casa como “los chorros de oro”. No hubo que esperar a tanto. Mi madre, que no “podía ver” la casa así, se puso a fregar, poner lavadoras, lavaplatos y a ordenar todo lo que encontraba a su paso. Y es que tengo una madre que es un encanto. Mi hermana le prestó ayuda en tales quehaceres “a su manera”, esto es, cogiendo todo lo que fuera de mi propiedad arrojándolo dentro de mi cuarto sin orden ni concierto, con lo que aquella noche tuve el placer de dormir en una especie de trapería.

Comienza la vida rutinaria que se me hace muy cuesta arriba. Todos los años, al llegar estas fechas, me ocurre lo mismo. Lo sé. Mal me adapto a disciplinas y horarios que lo mío es la improvisación del momento. Pues si, mal me he adaptado a todas esas historias desde siempre, pero este año tengo ante mi la apatía mas absoluta ante el futuro mas que incierto, originado por la crisis económica que este caótico Gobierno que padecemos ha logrado exaltar hasta límites dantescos. Vicent, mi compañero de estudio, se muestra, asombrosamente, optimista. Dice que en los momentos difíciles es cuando el artista da mas de si. Cuando puede “encontrarse” a si mismo. Vale, vale, vale. Ya se que Cervantes dijo que “el hambre agudiza el ingenio”. Pues mira qué bien. Qué suerte la nuestra. Mientras tanto, el “cuchitril” que tenemos alquilado como estudio, milagro es que no se haya derrumbado sobre nuestras cabezas, y ni pensar en buscar algo mas “decente” y, por consiguiente, mas caro, que ya constituye todo un drama pagar la cuota mensual. Mientras tanto, seguiré viviendo como “ocupa” en casa de mis padres. Mientras tanto, seguiré soñando que “cuando tenga un poco de dinero”, fíjate la de ideas que se me ocurren para poder hacer. Mientras tanto se van pasando los días, uno tras otro, sin sentir, como una procesión. Algunos amigos me dicen que no me queje que ellos están peor, mano de mano sin empleo, y, hay quien en situación mas que crítica. Vale, no me quejaré, aunque triste consuelo, la verdad. Mi amiga Mamen me ha vuelto a insistir para que me vaya a Munich con ella. Toda una tentación eso de cambiar y conocer nuevos horizontes. Una tentación con dos grandes inconvenientes: no entiendo ni “papa” de alemán y ¡ Queda tan lejos de Mediterráneo !

Ha transcurrido casi una semana desde que me puse a escribir esta entrada para mi “Blog” (¡Qué pesadísima soy, Dios mío!). Hoy hace un día medianamente agradable. Nublado, pero con calorcito. Hace un poco que he regresado de dar un largo, largo paseo por Blasco Ibáñez. Mis pensamientos y yo, bien juntitos, la mar de bien. En un punto dado entré en una cafetería desconocida para tomarme un café y, sentadita en una mesa, ver pasar a la gente. Me encantan las cosas sencillas como éstas. El “micro” hace unos instantes que me ha llamado con su “ting”, “ting”, “ting”, para que rescate de su estómago los “canelones” de carne picada que me ha dejado mi madre para comer y que constituyen uno de mis platos favoritos. Mis padres han salido a pasar el día fuera con sus amigos como ya es toda una tradición dominguera que con frecuencia amplían al sábado. Imagino que habrán ido a jugar al “golf” y luego a comer por ahí. Mi hermana ha desaparecido con su novio anunciando que no regresaría hasta la hora de cenar, lo cual está pero que muy bien. De nuevo me encuentro solita en casa. Por unas horas tan solo, eso si, pero al fin de cuentas solita, con todo el placer que eso supone. Después de comer me echaré una siesta que es un maravilloso invento de los dioses del Olimpo. Esta tarde ... Bueno, aún no tengo decidido qué rumbo tomar. Dejémoslo mejor a la improvisación.

martes, 8 de septiembre de 2009

REGRESO DESDE LAS NUBES




SOL (Ensueño)




De nuevo en casita, tras una semana feliz y placentera por tierras sorianas. Una delicia. A ser sincera, todos los viajes son para mi una maravilla, pero al ser este el último pues eso, doble maravilla. Muy agradable, muy interesante, monumentos y mas monumentos. Y para acabar, mas monumentos, pues esta provincia tiene un patrimonio artístico muy importante y a mi todo lo que huela a arte me vuelve loquita perdida. En estas circunstancias mis cuatro compañeros de viaje se portaron relativamente bien y complacientes y no protestaron demasiado cuando les arrastraba en una penosa caminata para quedarme extasiada ante cuatro piedras a punto de derrumbarse. Calor, calor, calor. Pero por la noche refrescaba un poquito, había que echar mano de una chaquetita y hasta dormir tapaditos con una manta. Una delicia para los que acabábamos de dejar el calor pegajoso levantino. Pequeños pueblos perdidos en donde el tiempo parecía haberse detenido. Apenas un puñado de casas alrededor de una iglesia, como es usual. De estar fuera de las rutas turísticas, poca, poquita gente por sus calles, si es que se encontraba a alguien y, de ser así, a buen seguro que serían veraneantes. Bares sencillos, casi humildes, pero entrañables. Cuando cuadra alguna breve conversación que siempre versa sobre lo mismo, la falta de comunicaciones y de oportunidades para la gente joven que se ven obligados a emigrar a otras tierras. Añaden, con un cierto tono de picardía, que puede que los que queden en el terruño sean los viejos y que en invierno pasan un frío de aquí te espero, pero que “algo” tendrá el lugar cuando son los que mas esperanza de vida tienen de toda España.

Pueblos medievales con sus murallas, castillos, palacios, iglesias, ermitas, colegiatas y abadías. Me llegan a la memoria los nombres Berlanga del Duero, Medinaceli y Rello. Lugares para soñar despierto y una gozada para los que somos amantes de la historia. Naturalmente, Burgo de Osma, con su inmensa catedral y calles porticadas, aunque este lugar ya lo conocía. Cada dos por tres, y allá en lo alto, surge un castillo la mar de evocador. Me encantan los castillos, me hacen imaginar mil fantasías que de ascender hasta ellos, con la lengua a rastras, se convierten en una ducha de agua fría ante la cruel realidad que suponen los cuatro lienzos de muralla milagrosamente conservados en pié y hay que vigilar continuamente no sea que se desprenda alguna piedra y te deje como un sello de correos. Ni tesoros, ni princesas, ni mazmorras, ni salones, nada de nada. Tan solo el cerramiento amurallado y algún amago de torre. Ermitas cuajadas de misterio. La de San Baudelio, sencillísima en el exterior como increíble en su interior, una maravilla, pese a estar despojada de las pinturas que antaño orlaban sus paredes. La de San Saturio que mira excavada en la roca, al otro lado del Duero, a la ciudad de Soria, con su halo de misterio El monte que la rodea es el de Las Ánimas en el que, según la leyenda recogida por Gustavo Adolfo Becker, cabalgan los espectros de los caballeros templarios en una nocturna cacería infernal persiguiendo vete tu a saber quien. Personalmente sufrí una pequeña decepción ante esta ermita, puede que por su increíble sencillez, por no encontrarme al espíritu del abad de los “freires” dándome la bienvenida o, lo mas probable, por estar agotadita perdida de andaduras precedentes. Por cierto que los santos tienen unos nombrecitos que ya, ya. Cosas de la época. Paisajes, paisajes, paisajes. En la casa rural donde nos alojamos me topé con un libro con las poesías de Antonio Machado ilustrado con fotografías de paisajes sorianos. Aluciné por lo increíbles. Tan increíbles que por mas que abrí los ojos como platos no vi nada que se pareciera ni por lo mas remoto. Los paisajes son, efectivamente, muy bonitos, pero los buenos fotógrafos son unos grandes artistas a la hora de reflejar lo que es, lo que no es y lo que imaginan que es.

Tres chicas y dos chicos. Nosotras sentaditas en el asiento trasero, riendo y hablando de nuestras cosas y ellos en la parte delantera, mas aburridos que una mona viuda, mirando la carretera. Cinco es el número ideal para aprovechar la capacidad de un turismo al máximo aunque no así a la hora de reservar habitaciones que al ser de dos camas cuadran mal los huéspedes impares. No, no hay opción de añadir una cama supletoria con lo que nos ahorraríamos el coste de una habitación, el único supletorio disponible es el de alguna cuna, lo cual no se resolvería el problema, como se puede comprender. Qué se le va hacer. Los chicos aportan la idea de que compartamos todos una cama matrimonial. Mas barato y mas “interesante”. La proposición que todos los varones se sienten en la necesidad de decir, mas de boquilla que de convicción. No veía a mis compañeros en esa tesitura, la verdad. Merche, la mayor del grupo, pero que aún guarda su virginidad con siete candados, creo que se moriría del susto. En cuanto a los chicos, pues mas bien como que no, seamos sinceros. Además, todas las habitaciones de la casa estaban dispuestas con dos camas. Todo el sexo quedaría reducido a algún achuchón y algún que otro besito, mas fraternales que pasionales. Los chicos compartirían cuarto y como a mis compañeras parecía que eso de dormir solas en sitios desconocidos les daba un poco de “yuyu” me tocaría a mi dormir en solitario, cosa que, no solo no me importa sino que prefiero.

Cinco personas con sus penas, alegrías, deseos y aspiraciones, como cinco mundos distintos que se unen entre si ante lo mas sagrado que existe que es la amistad. Resulta muy bonito. Como nuestras economías no son muy boyantes que digamos optamos por hacer un “fondo en común” aportando cada cual según sus posibilidades que no son muchas. El “ricachón” del grupo era Enrique que por trabajar en el taller mecánico de su padre tiene algún dinerillo ahorrado que a los demás se nos antoja una verdadera fortuna. Él es quien aporta el vehículo, paga el combustible y acude en ayuda de los mas necesitados que somos casi todos los demás. Quizá mas adelante sea a la inversa, puede que Merche, la abogada del grupo y eterna opositora, logre, al fin, sacar una oposición, cualquiera que tanto da, o que Tere encuentre un trabajo mejor remunerado que el actual, de cajera de supermercado, o que de nuevo se reactive la construcción y Juan pueda ejercer como Arquitecto Técnico, o que yo venda cuadros como una loca o, al menos, que no disminuya el número de mis alumnos de dibujo y pintura. Puede que ocurra un milagro. Que llegue ET en su nave voladora provisto de una varita mágica y cambie esta situación demencial que padecemos, se reactive la economía y todos seamos felices y comamos perdices. Pero no lo creo, la verdad. La situación es la que es y, sin ánimo de ser derrotista, mucho me temo que harían falta muchos ET y muchas varitas mágicas para cambiarla.

De nuevo en casita desde el pasado miércoles. Qué bien. A mis padres se les han terminado las vacaciones, pero como sigue haciendo buen tiempo han preferido quedarse en el apartamento de la playa e ir y venir desde allí, aunque no deje de ser una paliza de coche. Dicen que les compensa. Por mi encantada. Mi hermana también ha decidido seguir el ejemplo de mis padres, lo cual es toda una suerte. Vendrá cuando tenga que examinarse o a resolver algo de la matrícula o yo que se pues me pierdo un poco, bastante, con sus estudios. No creo que pase por aquí y de hacerlo “visita de médico” que se dice. Mejor que mejor.

Aquí estoy sola, solita, sola, a mis anchas, como me gusta estar. Ya me he puesto en contacto con algunos amigos, contestado parte del correo y hasta he chequeado varios periódicos para enterarme de lo que ocurre por el Mundo, pues en todo este tiempo leer la prensa, escuchar las noticias o hablar de política era algo que nos habíamos prohibido radicalmente. Ya estoy enterada de los últimos acontecimientos, principalmente de mi País. Estoy enterada y, casi podría añadir que aterrada, aunque como la expresión me parece un poco drástica, dejémoslo en deprimida. Hubiera sido mejor dejar la prensa a un lado y continuar en la feliz ignorancia de estos días pasados. Pero no quiero hablar de política. Ya lo haré en alguno de los foros donde participo en los que me ponen de vuelta y media en cuanto digo alguna verdad molesta y, de cuando en cuando, tengo la inmensa alegría de encontrar a quien piensa como yo.

Ha refrescado un poquito, mejor porque así se duerme de maravilla, aunque en contrapartida significa que se acaba la temporada de playa. Quizá aún tengamos algunos días soleados, seamos optimistas. Con todo el Verano ya se puede decir que ha finalizado. Como todos los años se ha ido sin sentir, como a traición. Como todos los años me encuentro que en todo este tiempo no he hecho otra cosa mas que ir, venir y no parar. La pintura la tengo tan abandonada que me da hasta vergüenza decirlo. Por el estudio hace tanto que no voy que no se si acertaré con el camino. Espero que la casa donde se haya continúe en pié y no me encuentre un montón de escombros. O que las ratas no se hayan dado un banquete con mis lienzos. ¡Qué desastre soy! A partir de mañana cambiaré y me convertiré en una persona formal y responsable que para eso tengo ya 26 años. Bueno... quizá mañana, mañana no ocurra ese cambio tan drástico. Quizá lo deje para pasado mañana.... Aunque pensándolo bien será mas acertado posponerlo para un “día de estos”.

viernes, 7 de agosto de 2009

DESNUDA POR EL PARAÍSO

Lo bueno del Verano es que mis padres escapan al apartamento de la playa, a la mínima ocasión, en el momento en que empieza a hacer calor. Lo cual me parece de perlas. Mi hermana suele acompañarles, lo cual me parece mas de perlas todavía. Maravilla de apartamento, en lo que a mi concierne, que me permite quedar sola, solita, sola, mas ancha que larga. Maravilla de apartamento que está lo suficientemente distante como para no temer visitas inoportunas. En Julio sus ausencias son de fin de semana por la cosa de que están trabajando. Algo es algo. Qué se le va hacer. En Agosto toman vacaciones y con ello llega la felicidad completa. Si en alguna, mas que improbable, ocasión dispusiera de mucho, mucho dinero, me compraría una vivienda hermana gemela a ésta. Igualita, igualita a ésta. Naturalmente para mi solita. Prohibido las visitas y mas si son inoportunas. Especialmente a mi hermana, la gruñona, aunque por esa parte creo que puedo estar tranquila. Me encanta esta vivienda. Me encanta, naturalmente, cuando estoy de dueña y señora haciendo y deshaciendo lo que se me antoje, sin nadie que me fiscalice ni nadie que me importune. Me encanta poder curiosear en la habitación de mi hermana que es como el “santa santorum” al que tengo prohibido mancillar ni siquiera con un dedo del pié. Me encantan esas comidas que nunca se sabe en qué van a quedar pues siempre se me olvida sacar algo del congelador. Me encanta salir goteando de la ducha y dejar que mi cuerpo se vaya secando mientras me tomo un café. Me encanta la improvisación. Me encanta la locura. Dicen que cada cual tiene su trocico de Paraíso aquí en la Tierra y que todo es cuestión de encontrarlo para ser feliz, pues vale, yo ya lo he encontrado aquí. Me siento como Eva correteando por el Edén. Como todo en este Mundo tiene su fin con el regreso de toda la familia en pleno se acaba tan idílico sueño. Si durante días he sido la feliz Eva antes del lío ese de lo de la manzana, paso, automáticamente, a ser la infeliz Eva, tras ser arrojada del Jardín de las Delicias por el ángel vengador con su espada de fuego.

A partir de este fin de semana pasado ha comenzado la felicidad completa. Toda mi familia ha iniciado lo que podríamos llamar la “temporada de verano”. Alegría, alegría, alegría. El fin de semana pasado fueron al apartamento para “ir llevando cosas”. Simple tanteo de lo que se avecinaba. Dos días tranquilita pero el domingo por la noche ya estaban de vuelta. “¡Hija!¡Qué descuidada eres!”, “¡¡Cómo tienes todo!”. Lo de siempre, claro. Pues lo tengo como estaba dos días antes. Quizá un “poquitín” mas desordenado. Pero nada del otro mundo. De acuerdo que se me olvidó meter en el lavavajillas platos, vasos y cubertería, pero eso le puede suceder a cualquiera. ¿Qué suelo sucio? ¡Ah!¡El de la cocina! Pues no me había dado cuenta, la verdad. No es que no haya limpiado “nunca” la mesa de la cocina, es que lo que hay “sólo” son migas de pan. Si, también hay algún resto de no se qué, pero bueno tampoco es para tanto. ¿Y qué pasa con el salón?¿Dónde está el desorden? Bueno, había traído mis cosas de pintar, pero vamos que pensaba recogerlas en cuanto llegaseis. Si, si, si, la ropa interior del pasillo es mía. Me la quité al ir a ducharme y se me olvidó llevarla al cesto de la ropa sucia.... En fin. Seguiríamos y seguiríamos. La idea del “orden” de mi madre choca frontalmente con la mía.

Pero ahora estoy sola, solita, sola ¡Libertad divino tesoro! Casi no me lo puedo creer. Por de pronto al regreso de la playa me he ido despojado de la ropa por el pasillo camino de la ducha. Desparramar la ropa por acá y por allá es todo un placer de dioses. Ducha, lavar el bikini para quitar el salitre, y, envuelta en una toalla, a la terraza. Cuelgo el bikini y a tomar el Sol para quitar, en lo posible, esas marcas blanquecinas tan espantosas que te deja el bikini. Las odio, pero no hay forma so pena que vaya a una playa nudista. No hay problemas de ninguna hermana puritana que te grite escandalizada eso de que te pueden ver desnuda. Pues qué espanto ¿Verdad? Además no hay problema que nuestra terraza está cerrada con un murete hasta la altura de la cintura y en todo caso, lo dicho, pues vale si alguien me ve que me vea. Desnuda me paseo por casa. Desnuda me he preparado un café en la cocina. Desnuda estoy escribiendo en el ordenador. Desnuda utilizaré mis cosas de pintar con las que he convertido el salón en un estudio de pintura. Me encanta estar desnuda. Aunque esto lo tengo mas que dicho en otras entradas del “blog”. Me repito.

Comentar lo anterior en un grupo de amigos es despertar las reacciones mas curiosas que imaginar se puedan. En general a las féminas eso de quedarse solas es como que no les va demasiado, sobretodo si se trata de una larga temporada. Un par de días pues vale, mas que todo por la novedad. Al tercero resulta pesada la soledad. Además qué miedo quedarse sola en una época en la que por no haber no hay casi ni vecinos que cada cual se ha largado a su lugar de veraneo. Me hace gracia lo del miedo que es algo que no se me había pasado ni por la imaginación. Pues si, el otro día tuve un poco de temor cuando entró por la ventana un dragón volador echando fuego por la boca, pero luego le di unas galletas y se marchó tan contento. De lo de pasearse desnudas ni hablar, si acaso en ropa interior y en caso muy extremo, prescindiendo del sujetador. ¡Ay el pudor femenino y qué poco me ha tocado en el reparto!

Para los amigos masculinos la conjunción de “sola en casa” y “desnuda” ha de traducirse forzosamente en “follar”. Las legendarias orgías de Mesalina deben quedar pequeñitas a las que yo debo organizar. No faltan quienes, con mucho cachondeo, se ofrecen a “hacerme compañía” en una proposición mas que recurrente al llegar estas fechas.La típica proposición masculina. No gracias, solita y bien solita que si quiero montarme una fiesta mejor en otra parte que mi casita está para uso y disfrute exclusivo mío que, como dice La Biblia, hay un tiempo para cada cosa. Algún que otro hasta me ha obsequiado con una “visita sorpresa” que no ha pasado de una brevísima conversación a través del telefonillo del portero automático. Lo justo para mandarle a hacer “puñetas”.

Perdura la intriga sobre qué puedo hacer o dejar de hacer en estos ratos de soledad. Como ya he dicho, no es algo que sea de ahora sino de muchos años atrás, aunque cada año surge el tema para luego caer en el olvido al finalizar el estío, pues es un tema propio de estos días de calor pegajoso y sensual. Especulaciones todas las que se quieran. A decir verdad yo misma las trato de alentar, pues me divierten. Así, si por ejemplo alguien comenta “¡A saber qué harás tu!”, yo le contesto “Pues es bien fácil de imaginar”. O si, mas directamente, me dicen, “¡No nos vas hacer creer que no hay nadie que vaya a hacerte compañía!”, yo me encojo de hombros, me echo a reir y exclamo “¡Hombreeee!. Como se puede ver, no digo absolutamente nada, pero interpretan “todo”. Y el “todo”, en una imaginación aburrida y calenturienta suele ser muy amplio. Resulta divertido.

Anochece. Llevo escribiendo esta entrada desde el paso domingo. Cada día soy mas pesada. Dentro de un ratito vendrán a buscarme. Esta noche iremos de “picoteo” por aquí y por allá, y luego Dios dirá. No se.... algo nuevo.... algo distinto.... sorprendente ... apasionante .... Me entusiasman las noches del Verano. Ahora debo ir a arreglarme.

Pequeña cena a base de “pizzas” con un reducido grupo de amigos. Nuestras caóticas economías no dan para mayores excesos que reservamos para el fin de semana. Algo de charla no muy animada. Hay días en los que los ánimos no están para mas y hoy es uno de ellos. Nada de particular. La posible “noche loca” se ha quedado en nada. Sueño, sueño, sueño. Desde el otro lado de la calle siento sobre mi cuerpo, como una caricia, la mirada del incansable fisgón al que aludí en mi entrada de “Mi voyeur particular” (
http://solselenia.blogspot.com/2008/09/mi-voyeur-particular.html ) Aún sin conocerle, somos ya como viejos amigos y hasta cierto punto me siento como acompañada con su insistencia. Un breve vistazo al correo me hace descubrir que tengo algunos mensajes sin contestar. Tendrán que esperar. Ahora me siendo demasiado cansada. Sueño, sueño, sueño. En fin, mañana será otro día.

domingo, 19 de julio de 2009

LA SONRISA DEL ASCENSOR



SOL (En la esquina del lienzo)







El ascensor de mi casa no es que funcione mal, como todos los vecinos se empeñan en decir, simplemente funciona “a su aire”. Es un ascensor con personalidad. Normalmente hace su trabajo bastante bien, pero de cuando en cuando tiene sus caprichos. Que aprietas el botón del tercero y te sube, impertérrito, hasta el séptimo, pues mira, es que le ha dado por ahí. Que se para entre dos pisos cuando mas prisa tienes y te deja encerrada como a una tonta, pues bueno, el pobrecito se habrá cansado de tanto trajín y estará echando una siestecita. Lo mas característico es el meneo con que obsequia a sus ocupantes entre el primer piso y la planta baja que hace que la gente vaya de un lado a otro de la cabina como si estuvieran borrachos. Mera alegría. Quien no tenga los pantalones bien sujetos corre el riesgo de encontrárselos en los tobillos, eso si. Por lo demás tiene sus preferencias, pues hasta los ascensores tienen su corazoncito. A aquellos que le resulta molesta su presencia, o, simplemente, indiferente, les sube o baja a una velocidad inaudita, como si quisiera desprenderse de su presencia cuanto antes. Por el contrario, a los que gozamos de su simpatía el trayecto es lento, lentísimo, como si quisiera disfrutar al máximo de nuestra compañía. A mi me tiene especial simpatía, no en vano ha sido cómplice de mas de un nocturno escarceo amoroso. A veces se siente juguetón y hace una parada inoportuna. En estos casos le hablo con cariño diciéndole que no sea malo, que basta de hacer travesuras y que se ponga en movimiento de una vez. Se que le gusta que le hablen así pues los pobrecitos ascensores llevan una vida muy solitaria ignorados por todo el mundo. Da unos ligeros movimientos de alegría y ya me sube, o baja, según el caso, sin mayor problema. Claro que otras, por mas cosas bonitas que le digas, se pone tozudo y no te hace ni caso. Tendrá un día malo, estará enfadado o sabe Dios que le puede pasar, pues la sicología de los ascensores es la mar de complicada.

También es un pelín resentido y no olvida tan fácilmente las ofensas, los menosprecios y los malos tratos. En esto se lleva todas sus antipatías Julia, mi vecina del piso de abajo. La que sabe de mi vida y milagros mejor que yo misma pues siempre tiene la oreja y la mirada curiosa bien dispuestas y la imaginación a punto, pues lo que ignora se lo inventa. La cotilla por excelencia de la comunidad. La que me ha obligado a adoptar la determinación de descalzarme cuando regreso de una noche de juerga para evitar tener que escuchar sus reproches sobre el “mucho” ruido que he hecho con mis zapatos de tacón que la han despertado y levantado un dolor de cabeza “insufrible”, porque ¡Vamos! A las seis y media de la madrugada (o cinco y cuarto o siete menos diez ... que la hora debe anotarla en un papel) la gente “normal” lo que quiere es dormir que despiertos “por ahí” solo hay gente “como yo”. En una ocasión oí que comentaba a mis espaldas que se conoce que como a mis padres les gusta practicar el “golf” les había salido una hija “golfa”. Muy ocurrente el símil. Ya se sabe a qué se refiere cuando alude a esa gente “como yo”. Imagino que en el grupo también incluiría igualmente a taxistas, barrenderos y ese sin fin de personas que están en vela a tales horas en vez de durmiendo como las “normales”. Si las miradas fueran cuchillos ya me hubiera obsequiado con toda una cuchillería clavada en mis espaldas. No me tiene mucha simpatía que digamos, no. Tampoco se la tiene al pobrecito ascensor al que no solo se refiere como “trasto inútil” que es, como todo el mundo sabe, el mayor insulto que se le puede dar, sino que cuando pulsa algún botón lo hace con tal saña como si quisiera sacarle un ojo. No es de extrañar que tome su revancha transportándola a saltitos como si tuviera hipo, abriendo sus puertas cuando queda una cuarta para el rellano o echarse a dormir plácidamente entre dos pisos.

El pasado domingo ocurrió uno de esos acontecimientos que, por puro morbo, me hubiera gustado presenciar. Soy así de mala. Pero como no ha sido así, tan solo puedo hablar por lo que me han contado por aquí y por allá. Resulta que mi impertinente, criticona y gorda (eso también) vecina quedó atrapada dentro del ascensor. Cosa de algo mas de un cuarto de hora, pero debió merecer la pena el espectáculo. Dentro de la cabina hay un botón de color rojo que hace sonar el timbre de alarma. Es como si nada pues tiene un sonido tan ronco que hasta no estás encima de él, en el cuarto piso, ni te enteras. Otro botón de color blanco que da la alerta en la compañía de servicio 24 horas de servicio reparaciones. Teóricamente cuando se pulsa un técnico debería mirar su procedencia y, sin mas dilación, correr raudo y veloz en socorro del enclaustrado. Eso en la teoría que en la cruda, crudísima realidad puedes pulsarle hasta que se te doble el dedo que tanto va a dar. Personalmente creo que está de mero adorno. También está bien visible el teléfono de este servicio de 24 horas. Valer no vale para mucho pues aún en el supuesto de que el atrapado disponga de un teléfono móvil, desde dentro de la cabina y con las puertas cerradas no hay cobertura, pero es todo un detalle la información que se agradece. Lo mas socorrido es esperar a oír los pasos de algún vecino y darle un grito para que te saquen del encierro. Al efecto hay dos llaves que permiten abrir las puertas desde el exterior. Una de ellas, sinceramente, no tengo ni idea de dónde está, y mucho me temo que la mayor parte de la comunidad estén en la misma ignorancia que yo. La otra la tiene el jefe de escalera, pero para eso hace falta encontrarle en casa y que sepa dónde la ha guardado. Todo un lío. Queda el recurso de que se telefonee desde el exterior al servicio de 24 horas e insistir en la urgencia, es algo mas larga la espera pero normalmente es la única solución.

El que mas y el que menos ha pasado por esa experiencia nada agradable. Qué se le va hacer. Ya se, ya se que en mi caso, pues mira, le hablo amablemente al ascensor y fíjate que hasta resulta en muchos casos y todo. Si es que no, pues eso, a aguantarse y a esperar. El caso de Julia es particular. No solo tiene verdadera manía al pobrecito ascensor sino que tiene verdadero pánico a quedarse atrapada en su interior aunque solo sean dos minutos. Se pone histérica, aunque a decir verdad no le hace falta mucho para ello. Debería estar acostumbrada pues, con mucho, es la que mas ha “disfrutado” de ese trance. Pero no.

Tan solo hay una cosa que le aterrorice mas en esta vida y es el encontrarse cara a cara con “Bolita”, el mastodóntico perro lanudo del vecino del octavo, aunque esto es mas que comprensible pues a mas de uno y mas de dos este encuentro les ha dejado sin respiración. Pues vale, en este caso apenas Julia hubiera pulsado el botón de su piso, apareció “Bolita” como una exhalación, se introdujo en la cabina y tras él se cerraron las puertas antes de que su dueño pudiera impedirlo. El ascensor apenas si ascendió un metro que antes de llegar al primer piso ya se había atascado. Julia y “Bolita”, “Bolita” y Julia ¿Hay algo mas romántico que los dos solitos en la intimidad de la cabina del ascensor?

Sobre “Bolita” ya he hablado en una entrada anterior titulada “El perro del octavo” (
http://solselenia.blogspot.com/2008/03/el-perro-del-octavo.html). En aquélla ocasión ya señalé que, pese a su aspecto tan imponente que parece que te va a devorar es la cosa mas pacífica y cariñosa que hay. El peligro no reside en que te de un mordisco con esos caninos que parecen los de un tigre sino precisamente en su amabilidad. Por puro cariño semejante mole puede dejarte mas aplastada que un sello de correos, asfixiarte con ese pelaje lanudo que parece el de todo un rebaño de ovejas, o deshacerte a fuerza de lametazos. Hay cariños que matan y este es uno de ellos. Existe el detalle añadido del olisqueo. Principalmente de las “partes bajas”. Sobretodo de las féminas que debemos expedir un efluvio especial que le apasiona. Subir en su compañía es como ir cabalgando sobre su hocico. Naturalmente, y por razones obvias, la cosa puede complicarse notablemente cuando se lleva falda en vez de pantalones. La discreción no figura, desde luego, entre sus virtudes.

Julia y “Bolita”, “Bolita” y Julia, los dos juntitos y solitos en la intimidad de la cabina. Qué maravilla. Parece ser que, en un principio al percatarse de la situación, Julia soltó un gritito afilado como un cuchillo y tan estridente como la sirena de los bomberos. “Bolita”, alegremente, la replicó con un par de ladridos que hicieron temblar hasta los cimientos del edificio. No se repitió ningún gritito afilado como un cuchillo y tan estridente como la sirena de los bomberos. Desde el exterior, José, el dueño de “Bolita”, el que se había quedado con las narices pegadas a la puerta del ascensor cuando se cerró y que aún debía continuar de esa guisa, daba instrucciones a su animalito para que fuese bueno, estuviera formal, se portara bien y otras memeces semejantes que a lo único que conducían era a la replica de ladridos que venían, mas o menos, a significar algo así como “no te preocupes por mi que lo estoy pasando en grande”. Luego se dedicó a subir y a bajar la escalera llamando en todas las puertas en busca de ayuda. Por ser domingo y hacer buen tiempo, del vecindario tan solo quedaban “cuatro gatos” y ninguno de ellos conocía el paradero de la famosa llave que pudiese abrir la puerta del ascensor desde el exterior, ni se encontraba entre ellos el jefe de escalera con la otra llave. Allá, desde el encierro, venía un ruido semejante al que puede producir toda una promoción de escolares adolescentes festejando en una discoteca el fin de curso, al son de una extraña música a base de ladridos y agudos “¡¡¡hiiiiiiiii!!!”. A alguien se le ocurrió lo mas lógico como era el telefonear al servicio de urgencias del ascensor y hubo suerte que el técnico acababa de realizar un servicio justo al lado de nuestro inmueble.

En fin. Sacaron a Julia. Hecha una piltrafa, desgreñada, en la exaltación del histerismo, pero la sacaron. Cuando se acercó Jose para disculparse por las “posibles” molestias que le hubiera podido causar su perro poco faltó para que le arañase. Un par de vecinos la acompañaron por la escalera camino de su vivienda, parte porque era presa de una gran nerviosismo, parte porque ellos también deberían seguir el mismo camino para llegar a la suya. Desde el portal se la iba oyendo despotricar contra los perros, los dueños de los perros, los ascensores, los técnicos de los ascensores y sobre la madre que parió a todos ellos. Exigía también que se convocase una reunión de la Comunidad con carácter de urgencia para tratar el tema. José, discretamente, optó por dar un largo paseo con su mascota. El técnico, por su parte, miró y remiró el ascensor sin encontrar absolutamente ningún fallo. Misterios de la vida. Fue salir mi vecina y el artilugio ponerse a funcionar a la perfección. Subió hasta el último piso y bajó hasta el sótano varias veces sin el mas mínimo contratiempo. Finalmente, acompañó, en un último viaje, a los dos o tres vecinos, que permanecían expectantes en el portal, hasta sus respectivas plantas. Ya he dicho que este ascensor tiene una gran personalidad y que cuando quiere, quiere y cuando le da porque no pues no hay nada que hacer.

Confieso que me hubiese gustado que una cámara oculta filmase lo acaecido en el interior de la cabina durante esos pocos pero intensísimos minutos. Llámenme morbosa o lo que quieran, pero me hubiera gustado. Me quedaré con la intriga, claro está. Inútil preguntar a “Bolita” que con mal que se me dan las lenguas como para intentar hablar en “lenguaje perruno”. El ascensor, por su parte, también guarda celosamente el secreto. Parece, eso si, como si estuviera mas alegre, y hasta que de cuando en cuando se le escapara una especie de risita picaresca, pero eso es todo. Que debió merecer la pena el espectáculo no me cabe ninguna duda, pero por no estar, ni siquiera formé parte de los vecinos que escucharon el jolgorio desde el otro lado y ayudaron a salir a la interfecta que todo lo se de oídas. Que se le va hacer. También me perdí cuando ese cometa que no recuerdo como se llama pasó tan cerca de la Tierra y que era un hecho que no se volvería a repetir. Una verdadera lástima.

martes, 30 de junio de 2009

NOCHE DE SAN JUAN


SOL (Meditación)

Pues mira por cuanto ya pasó la Noche de San Juan. La noche “mágica” de San Juan que anteponiendo lo de “mágica” suena así como mas importante. Miles de personas han inundado las playas dispuestas a convertir toda la costa en una sucesión de hogueras como si de una gigantesca culebra de fuego se tratase. Juerga y jolgorio. Los mas entendidos instruyen a los profanos sobre los ritos a emplear que los hay para todos los gustos y, generalmente, de puro pitorreo. Hay quien afirma que se deben dar siete vueltas alrededor de las llamas . Ni una mas ni una menos y, lo que es mas importante, siempre hacia la derecha. Por el contrario, otros opinan que se debe girar hacia la izquierda, aunque no falta quien asevere que tanto da hacia un lado que hacia el otro y que fijar en un número determinado los giros a realizar es una soberana memez. Alguien recita unas palabras absurdas que lleva escritas en un papel, tratando con mas o menos éxito, que alguien las repita como una letanía. Argumentará que con ello se conseguirá la fortuna, el amor, la felicidad, o vete tu a saber qué, durante todo un año. Resulta un método demasiado simple de conseguir fortuna, amor, felicidad, o vete tu a saber qué, durante todo un año, para que no se le una alguien. A veces surge la competencia y otro de los presentes extrae del bolsillo otro pliego en el que ha garabateado otras frases aún mas enigmáticas. Y es que Internet está lleno de “conjuros” para todos los gustos y necesidades. Quien quiera ser “brujo” no tiene mas que conectarse a una “web”. Salto de la hoguera cuando de las llamas queda poco mas que un rescoldo. No saben por qué ni para qué, pero es la tradición. Las mujeres que bañan sus pies un número determinado de veces, sobre el que existe controversia, van a quedar embarazadas. Imagino que a parte del pediluvio deberán hacer “algo” mas. Comida, bebida, niños vociferando y personas, en general, una vez hartas de dar vueltas a la lumbre y ahumarse como chorizos, se dedican a las mil y una tonterías que hacen los que se sienten obligados a permanecer en el lugar y se están aburriendo como hongos. El regreso suele ser de esas ocasiones que pondrían a prueba la paciencia del Santo Job, aquel que no se impacientaba ante nada. Los miles y miles “aprendices de brujos” deciden al unísono regresar a sus hogares y la larga, larguísima caravana de vehículos avanza penosamente a paso de tortuga. El que mas y el que menos se está cayendo de sueño, y el que mas y el que menos ha bebido algo mas de la cuenta. Finaliza la noche “mágica” de San Juan. Mañana será otro día.

Y al día siguiente, y pese a los esfuerzos de los equipos de limpieza, la playa presenta un estado tan deplorable que da asquito verla. Mejor no pisarla en ese día. Ni en el siguiente, ni en siguiente al siguiente. Ya no es la suciedad que da la leña quemada, sino todas las “sorpresas” que puedes encontrar.
Días antes en un periódico local al comentar las “excelencias” de esta noche playera, animaban a los lectores a formar la hoguera lo mas grande posible, aportando para ello “cualquier cosa” que pudiera arder. El “cualquier cosa” es algo tan ambiguo que hace poner los pelos de punta. Pueden ser restos de “palets” o cajas de madera que arder ya creo que arden, pero las puntas metálicas quedan entre la arena a la espera del primer pié descalzo. También pueden ser multitud de deshechos que en parte se consumen y en parte ahí se quedan por ser incombustibles. Eso cuando no producen una humareda negra, pegajosa y asfixiante. Está también el asunto de las bolsas de plástico. ¡Ay las dichosas bolsitas! Durante una semana se encontrarán flotando en el mar ¿Por qué la gente cuando va a divertirse “en manada” no sabe ir sin una buena provisión de estas bolsas que luego va desperdigando por aquí y por allá? Existen bidones vacíos dispuestos para recoger toda clase de desperdicios, pero ya ves la mayor parte de la gente los contempla con indiferencia como si no fuera con ellos prefiriendo arrojar los deshechos a su alrededor como si estuviera sembrando trigo.

Quizá exagere un poco en mi apreciación pues hablo mas de “oídas” que por experiencia propia, aunque, sinceramente, no lo creo, Cuando el rito original pierde su carácter esotérico, lo que perdura en las multitudes es la torpe imitación de “algo” que al no comprender degenera en la mera pantomima. Algo parecido a aquellos indígenas de Nueva Zelanda que construyen con cañas simulacros de aviones con la esperanza de que atraigan a sus “hermanos mayores”. Aquellos aviones americanos que en los lejanos tiempos de la II Guerra Mundial llevaron en sus tripas, a parte de armamento, regalos para granjearse la simpatía de los nativos. Quizá pueda parecer que esté en contra de esta tradición. Nada mas lejos de mi. Una tradición que nos viene desde los albores de las civilizaciones aun cuando tan solo haya llegado un pálido reflejo de lo que fue, merece toda mi consideración. Otra cosa muy distinta es que vaya a participar en alguna “bufonada”. Otra cosa muy distinta es que me irrite sobremanera la falta de civismo y estupidez del gentío cuando les da por acudir en tropel a eventos que, por no entender ni “papa” de lo que van, acaban por hacer tonterías.

Cada vez que se aproxima el evento no me faltan las llamadas invitándome a unirme a algún grupo para “pasárnoslo bien”. Naturalmente, me niego a participar. Insisten, pero vuelvo a negarme. No se trata de “pasárnoslo bien” como si una juerga de amigos se tratase, para mi es “algo” mas. Cada cosa a su debido tiempo. Que la Noche de San Juan es “mágica”, tengo motivos mas que sobrados para estar plenamente convencida de ello. Curiosamente el solsticio de verano acontecido unos días antes debería ser la noche “mágica” por excelencia, pero sin embargo no es así, y que nadie me pregunte por qué. La noche “mágica” por excelencia es la de San Juan. Pero para poder “apreciarla”, digámoslo así, hace falta “sentirla”, o si se quiere decir de otra forma, “unirse” a ella. Y la mejor manera de no conseguirlo es rodeado de varios miles de desocupados deambulando de acá para allá o de amigotes juerguistas. La magia ante todo es quietud, una unión profunda con el “yo” interior. No significa esto la soledad física, aunque si la interior.

Suelo participar en los misterios de esta noche, junto con un reducido grupito de iniciados en estas artes, en la quietud de la montaña. Una oquedad en la que brota un mínimo manantial, apenas cuatro gotas, y una pequeña hoguera son mas que suficientes para el acto. Bien sencillo. Lo importante es la energía del lugar. Lo importante es la “fuerza psíquica” de los miembros a intervenir y que no es “algo” que se aprenda de un libro o en la consulta precipitada a una página “web”. El resto, por si solo, es totalmente accesorio.

domingo, 17 de mayo de 2009

EL PENE DE ORO


SOL (Desnudo en amarillo)

Lo bueno, o malo, que tiene Internet es que sabes cuando entras pero nunca puedes predecir cuando vas a salir. Con frecuencia acudes en busca de algo muy, muy, muy, pero que muy concreto que no te llevará mas allá de cinco minutos, y al cabo de una hora te preguntas qué diablos haces perdiendo el tiempo mirando aquella página web que te importa tres pimientos y cual era, en realidad, tu búsqueda inicial de la que ya ni te acuerdas. Es como una droga. Yo lo comparo un poco a una enciclopedia que cuando la abres buscando una palabra acabas perdiéndote entre sus páginas leyendo lo mas inverosímil. Me encantan las enciclopedias y me encanta Internet, por eso digo que no se si es lo bueno o malo que tiene. Bueno, por las curiosidades que encuentras a tu paso. Malo, por el tiempo que empleas en ello y que se te va sin sentir.

Navega que navegarás, anteayer acabé aterrizando en un Foro donde alrededor de una docena de contertulios varones competían en narrar unos “éxitos” amorosos, mas fruto de imaginaciones febriles que de la cruda y triste realidad. Largas, larguísimas narraciones clónicas que podían resumirse en cinco sencillas palabras: tetas, culo, pene, vagina y orgasmo. ¿Qué mas? Nada mas. Eso era todo. Por su extrema simplez no me resistí a la tentación de leer tales “aventuras”. No tenían desperdicio.

La descripción que hacían de si mismos se reducía en exclusiva a sus “increíbles” órganos sexuales. Por supuesto, todos ellos, de unos tamaño tan asombrosamente generosos que les hacían mas propios de ser exhibidos como “fenómenos de feria” que utilizados en artes amatorias. A la par, tan insaciables que asemejaban al rifle de Búfalo Bill aquel con el que mataba a cuatro indios a cada disparo y al que nunca se le acababan las balas. No era pues de extrañar que ante la visión de semejantes artilugios las féminas se apresuraran a levantar sus faldas o , según el caso, bajar sus pantalones para entregarse a un loco frenesí amoroso en una interminable sucesión de orgasmos. ¿Acaso una mujer puede desear algo mas? Poco importa que el poseedor de la maravillosa “verga” sea agraciado o “mas feo que Picio”, agradable o “macarra” perdido, que huela a rosas o no se haya duchado desde hace un año y le “canten” sus sobacos hasta “La Traviata” Ni siquiera importa si sus mocos le caen hasta la barbilla. Finalizada la “función”, todas, absolutamente todas, muy, muy, pero que muy agradecidas por el infinito placer gozado, rogaron, suplicaron y hasta mendigaron, la pronta repetición de otro encuentro similar. Y es que un “chollo” así no lo encuentra una cada día.

Sobre las chicas, (amigas, compañeras, vecinas, la socorrida primita tan “cachonda” ella, o la novia de un amigo, que tanto da para lo que nos ocupa), se extendían un poco mas en su descripción. Un poco, poquísimo, mas. Tan solo mención a alguna cualidad “importante”. Indicaban, al efecto, que eran “guapísimas”, con “buen culo” y “grandes tetas”. ¿Hace falta indicar algún detalle mas? Lo importante es lo importante y con “culos” y “tetas” ya está dicho todo que a fin de cuentas tan solo ocupaban en las historias mas que unos modestos papeles secundarios de meros “trofeos de caza”, y la breve reseña tan solo tenía por misión señalar que la pieza obtenida era digna de la maravillosa escopeta empleada.

Sin ánimo de poner en entredicho la veracidad de aquellas aventurillas, que es cosa que ni me va ni me viene, aunque si, empero, los detalles, harto exagerados, de sus narradores, esas simples, simplísimas, simplonas historietas, con poca imaginativa y menor conocimiento de causa sobre la sexualidad femenina, me hicieron pensar en algo que ya sabía sobradamente y es en la diferencia tan tremenda existente entre las ideas sexuales de ambos sexos y como el hombre cree poder extrapolar su sentido de la sexualidad hacia el de la mujer.

Para el hombre la sexualidad parece girar en exclusiva alrededor de su pene. Así de simple y de sencillo. El resto del cuerpo queda eclipsado por este apéndice que es el indiscutible rey. Y como por aquello de “ande o no ande la burra grande” ansían con toda su alma que el suyo sea mas propio de un elefante que de un ser humano. Es el culto fálico por excelencia que debe formar parte de los genes masculinos pues en todas las culturas y ya desde la prehistoria nos han llegado pinturas y esculturas de piedra destinadas a ensalzar tan maravilloso órgano dotándole de unos tamaños mas que irreales .

Este deseo obsesivo masculino por la exuberancia del “pinganillo” que les cuelga siempre me ha hecho gracia habidas cuentas de que, como todo el mundo sabe, no es el tamaño de la batuta la que hace de un músico un buen director de orquesta. Tampoco resulta a la féminas, como muy apetecible, sufrir desgarros vaginales. Ni, por supuesto, se van a sentir transportadas al Séptimo Cielo “solo” por la visión de semejante “maravilla”. Se requiere “algo” mas. Y a menudo este “algo” no llega.

Mucha gracia me hizo, en particular, la facilidad con que mencionaban los orgasmos (así en plural) que provocaban en sus compañeras. Para la egolatría masculina el razonamiento es tan simple como una línea recta. Si ellos profesan adoración hacia su miembro qué cosa mas lógica que la mujer se entusiasme tanto ante tal visión que el tener no uno, sino varios orgasmos sea como una obligación. ¿Sabrían realmente de lo que estaban hablando? Tengo mis serias dudas. Me recordaron la anécdota de aquella señora de pueblo cuyo marido presumía de ser un amante consumado. Un par de veces a la semana “entraba” a su mujer, pero tan precipitadamente y con tan malas artes que para ella mas que placer era una penosa obligación. Mientras duraba el acto la buena señora tenía puestos sus pensamientos en los quehaceres domésticos a realizar. Una vez finalizado el encuentro el marido la preguntaba muy ufano qué le había parecido a lo que ella contestaba mecánicamente “bien... muy bien...” mientras mentalmente se decía “ .... y poner la lavadora, poner los garbanzos a remojo, remedar los calcetines del niño ...” . Sucedió que un buen día la hicieron una entrevista para una revista feminista y entre otras mil cosas la preguntaron por sus relaciones sexuales y si alcanzaba el orgasmo. Ella que, a parte de no disfrutar con tales relaciones, como ya he dicho, era un poco ignorante, contestó ante el asombro de la periodista, “mire usted, nosotros somos gente muy humilde y de cosas de música no conocemos nada de nada. El único que en el pueblo tiene un “orgasmo” es el señor párroco en la iglesia”.

En fin, como una vez nos espectó una señora entrada en años en una reunión femenina ante el regocijo del resto de la concurrencia, “el hombre presume de tener una ametralladora cuando realmente lo que tiene es una escopeta de feria. ¡Eso si lo que lleva no es la carabina de Ambrosio!”.








domingo, 19 de abril de 2009

VACÍO GRIS



Se pasó la Semana Santa como un soplo. La Semana de Pascua como un suspiro. Vistas y no vistas. Las mil y una cosas que tenía pensadas hacer en aquélla, prácticamente toda ella de días festivos, y en ésta que, al continuar de fiesta los estudiantes me he visto liberada de la obligación de las clases de dibujo y pintura, se quedaron en meras buenas ideas. Siempre me ocurre lo mismo. Cuando tengo unos cuantos días libres ante mi, para poder hacer lo que se me antoje me digo a mi misma que podía aprovecharles para hacer esto, aquello, ir aquí o allá, y luego nada de nada. Aunque esto no es ninguna novedad.

Entre esos mil y un buenos propósitos estaban como objetivos prioritarios dar un “empuje decisivo” al estilo de mi pintura y , como no, el de viajar a algún lugar algo mas allá del círculo de los trescientos kilómetros donde me vengo desenvolviendo . Son los dos objetivos “tradicionales” que siempre me hago y que tradicionalmente suelen quedar en nada.

Lo del viaje, causa perdida desde el primer momento. No hay nada como tratar de organizarse con un grupo de amigos en que cada cual opine distinto, para que se vaya el tiempo en proyectos dispares, ningún hecho y encontrarte al final que de viajes a precios asequibles nada de nada que ya todo está cubierto por los que han sido menos indecisos. Ya se sabe, son fechas muy malas pues a todo el mundo le da por moverse de un lado a otro y hay que prever los viajes con bastante antelación. Gran sorpresa pues esperábamos que con esto de la crisis lo que precisamente faltaría serían personas deseosas de gastar su dinero en algo tan superfluo como un viaje de placer. Pero no. Precisamente por la crisis y por las continuas noticias de la prensa de “agujeros negros”, quiebras, depreciaciones y temores bancarios, el que ha logrado tener algo ahorrado prefiere gastárselo alegremente antes de que su banco, en particular, le de por decir que, perdonen todos, que lo siente mucho, que son así las cosas, pero que no puede hacer frente a sus obligaciones. La gente está con la “mosca tras la oreja” y, bueno, lo que va por delante, va por delante. En resumen, de viajecito nada de nada.

Lo del estilo de mi pintura, ¡Ay!¡Ay!¡Ay! Llevo tiempo y tiempo “desesperadica” perdida y, lo que es peor, sin dar una pincelada. Cada cuadro, por decirlo así, es de “su padre y de su madre”. Estilos totalmente distintos de acuerdo con el estado de ánimo o el capricho del momento. Pero lo peor, lo peor, lo peor es que no me gusta mi obra. No es que me disguste, entendámonos, pero noto que le falta un “algo” que no acierto a comprender qué es. Hay obras que mira hasta tienen un pase, alguna que otra me gusta y todo, pero las que mas me producen escalofríos de angustia solo de verlas. Lo curioso del caso es que estas últimas son las que mas gustan a la gente. Cuando exclaman “¡Huy que bonitoooo!” o algo por el estilo, creo que me están tomando el pelo. Pero no. Resulta que lo dicen en serio. Me asombran, la verdad. Aunque a mi eso no me consuela nada.

Mi compañero Vicent me dice que estoy obsesionada que “estilo” que si que tengo ya que todos imprimimos nuestra personalidad en lo que hacemos. Que deje de querer encorsetarme en una forma de pintura determinada, pues entonces no sería yo ni lograría dar la fuerza que doy a mis cuadros. Quizá que tenga razón. Dejar volar la imaginación y experimentar con nuevas tendencias para poder expresar lo que se siente en el momento es posible que sea lo que debe perseguir todo artista. Lo malo es que siento mi cabeza vacía de ideas. Hueca como una calabaza hueca.

Entre tanto, allá tengo en el estudio una montaña de bocetos que prefiero no mirar y algún cuadro abandonado a las primeras pinceladas. También un par de cuadros medio terminados que me han encargado tiempo atrás y que ya debería haber entregado. No me costarían nada finalizar, la verdad, pero me resisto a ello. Simplemente, no me gustan sus resultados. Demasiado vulgares. Probablemente, de ultimarlos, los clientes se sientan satisfechos por ser lo que esperan, pero no ocurriría lo mismo conmigo. Probablemente, de alterarlos, hasta puede que mi ego se sienta realizado, pero a buen seguro que me vuelva con las obras al estudio. Todo un dilema. En tanto continúa en mi cabeza la sequedad de ideas. Hueca como una calabaza hueca. Habrá que esperar a mañana. Quizá entretanto ocurra un milagro y salte una chispa dentro de mi. Esperar, esperar, esperar. ¿Cuánto tiempo llevo esperando y posponiéndolo para el día siguiente? Mejor no recordarlo.















jueves, 19 de marzo de 2009

FUEGO, POLVORA Y HUMO




SOL (Mascletá)




Esto se acaba, se acaba, se acaba...¡Qué pena!¿Verdad? Mejor así que estoy hecha unos verdaderos zorros. Como si una manada de elefantes borrachos hubieran estado bailando sobre mi cuerdo. ¡Que sueño tengo, Dios mío! Ya casi ni me acuerdo cuándo pude dormir horas y horas y horas, sin que nadie me molestase. Todo el tiempo del Mundo para mi solita, para poder descansar a mis anchas. Acabo de dar una cabezadita con la pretensión de dormir un par de horitas, pero imposible. Lo que son las cosas, cuando venía hacia casa con los truenos de la última “mascletá” aún en los oídos, se me cerraban los ojos mientras caminaba. No acabé dormida agarrada a una farola de puro milagro. Derechita, derechita a la cama sin detenerme a comer siquiera. ¡La camita!¡Qué bien!¡Qué maravilla! Ni fuerzas para desnudarme, tan solo quitarme el calzado. ¡¡¡Ahhhh, mis pies!!! Todas las agujas del mundo parecen estar clavadas en las plantas de mis pies. ¡¡¡¡Ahhh, mi cuerpo!!!! Es una pura agujeta. ¡¡¡Ahhh, la almohada!!!! ¿Hay algo tan sumamente seductor como una almohada? Dormir, dormir, dormir... ¡¡¡Qué deliciaaaa!!! Pues si, mucha delicia pero ahí se acabó todo. Una vuelta, otra vuelta y otra vuelta. Cada vez que me movía, aunque fuera lo mas mínimo, todo mi cuerpo gemía. Instantes antes estaba literalmente dormida pero echarme en la cama y despejarme, todo uno. Imposible conciliar el sueño. Increíble. Quizá sea del puro cansancio, o mas bien, del trajín que me he traído en estos días, comiendo ni se sabe y durmiendo a ratos perdidos en horas perdidas, algunos días hasta en mi cama y todo. Imposible e irritante. Arriba otra vez. Ponerme en pié y entrarme una modorra de esas modorras asesinas todo uno. Desesperante. Ducha. Agua caliente para finalizar con agua fría que al caer por mi espalda me hace tiritar. Al menos me despejo un poco. Camino de la cocina pierdo la toalla por el pasillo. No me doy ni cuenta. No importa mucho pues estoy sola en casa, mis padres han huido de las fiestas refugiándose en el apartamento de la playa de donde no piensan regresar hasta el próximo domingo y mi hermana puede estar por “ahí” con su novio. Ya se, ya se, que pueden llegar en cualquier momento pero no estoy para estas consideraciones que, dicho sea de paso, me importan tres pepinos. “Sadwich” de jamón York y queso, un vaso de leche, manzana, plátano y “kiwi”. Una comida un tanto particular, pero es lo mas rápido y lo que da menos quehacer. Ya habrá tiempo de tomar algo cuando salga. Se hace preciso preparar una buena cafetera de café bien cargado.

Esto se acaba, se acaba, se acaba...Esta noche la “Nit de la Crema”. Todo Valencia será una inmensa hoguera. Adiós fallas, adiós. El próximo año surgirán otras nuevas que tendrán, igualmente, una vida efímera. La gente que no es de aquí no entiende que el destino de esas obras de arte sea verlas arder como teas. “¡Qué lástima!”, exclaman, y estoy de acuerdo con ellos, es una lástima pero nuestra Fiesta es así, el culto al fuego que muy atrás, quedan los tiempos en los que se quemaban muebles viejos, antecesores de las fallas, como símbolo de lo inservible. Además, gracias a esta destrucción pirómana, no solo pueden vivir un buen puñado de familias sino que la afluencia de gente de todos los rincones del Mundo supone un gran aliciente para nuestra economía. Ya ves, en “crisis” y la ocupación hotelera de este año está a tope, en el cien por cien. Miran a su alrededor escudriñando los edificios que rodean, casi tocando, al monumento que va a arder y manifiestan su lógico temor de que esa locura del fuego no finalice en un incendio de la ciudad que ríete del de la Roma de Nerón. ¡Ay¡ Eso si que es un verdadero milagro, un “milagro fallero” del que hay que dar las gracias a la pericia de los artífices maestros falleros que logran que todo el armazón humeante se desplome hacia el centro mismo de la construcción, y, naturalmente, a los bomberos que con sus mangueras riegan las fachadas circundantes, controlando, domando las llamas lo mismo que un domador de circo con los leones.

Esto se acaba, se acaba, se acaba... Las fiestas mas alegres, musicales, bulliciosas, locas y ruidosas envueltas en humo de pólvora. También las mas sensuales, pues todo es una exaltación de los sentidos. Los que nos visitan por primera ver miran a su alrededor como asombrados, se asombran, se aturullan, ponen quizá alguna objeción. Pero, si les es factible, repetirán al siguiente año. Y al otro y al otro. Resulta que ya no dicen eso de la “pena” de la “cremà” , ni de lo de cuándo duermen los valencianos si la noche anterior terminan los festejos a las tantas (si es que no se continúan el resto de la noche) y al día siguiente a las ocho de la mañana las comisiones falleras ya andan dando la lata, tirando petardos y metiendo bulla por las calles con "la despertá, para continuar el jolgorio. Tampoco afirmarán que lo de que realmente les gusta es el colorido de los desfiles, las bandas de música y “la nit del foc” pero no eso de la “mascletá” que no hay quien la aguante, con ese ruido tan infernal que hace estallar los tímpanos, so pena que se tenga la boca abierta, al tiempo que el suelo vibra como si de un terremoto se tratara. Serán ellos los que acudan bien temprano en busca del sitio mas estruendoso. No andarán dando saltitos a los lados para sortear los petardos que los niños tiran descuidadamente al suelo, al tiempo que dan grititos “¡Ay!...¡Ay!...¡Ay...”. Tomarán con mas santa resignación que una multitud, salida de no se dónde, te tenga atrapado entre sus fauces, por tiempo indefinido, sin saber por qué, para acabar llevándote al lugar opuesto de donde pretendías ir. Aparte de admirar los monumentos, aprenderán a leer sus letreros y reir con las ocurrencias de lo escrito. Se sentirán renacer cuando una nube de humo de pólvora les envuelva, y respirarán ávidamente ese olor dulzón del azufre. Les parecerá de lo mas lógico que unos desconocidos les integren, de buenas a primeras, en una peña de desconocidos con los que acabará bebiendo y comiendo. Y sobretodo, aprenderán a no hacer planes para mas tarde, pues todo aquí puede ser impredecible. Esto “engancha” ¡Y de qué manera!. Al menos eso me parece a mi.

jueves, 12 de marzo de 2009

APRENDIZ DE PUTERO


WILLEM DE KOONING (Mujer)


A raiz de la última entrada realizada en mi “blog” recibí carta de un amigo en la que, aparte de felicitarme por el escrito y decir que qué “bonito” y todas esas cosas de mero cumplimiento que nadie se cree, manifestaba una especie de envidia por la “cantidad” de amigos que tengo. Amigos del sexo opuesto, se entiende. Si precisásemos un poco mas la referencia sería a los amigos “cariñosos” del sexo opuesto. Para entendernos, a los “ligues”, “enamorados”, “pretendientes”, “amantes” o, cualquier otra denominación que se tercie siempre que vaya asociada al “escarceo”, frenesí” y “revolcón” amoroso.
Me sorprendió pues si alguien sabe bien cómo soy yo y conoce alguna que otra faceta mía, que por definirla de alguna forma, llamémosla “indiscreta”, es él. Me sorprendió, sobre todo, porque en el escrito publicado tan sólo mencionaba a “dos” amigos que, digo yo, no es una cifra como para tildarla de “cantidad”. Dos entrañables amigos cuya existencia ya conocía mas que sobradamente. Tampoco había ninguna mención a nada relacionado con el sexo.
En definitiva, me sorprendió.

Mi amigo es una persona seria, meticulosa y lógica. Demasiado serio, meticuloso y lógico. No da un paso sin haber analizado detalladamente el por qué y como de su acción. Todo un intelectual. Un intelectual que vive rodeado de libros, discos y su ordenador, en una habitación con la puerta cerrada con siete cerrojos, ignorando y hasta despreciando, lo que pudiera acontecer en el exterior. En plan ermitaño. Es muy tímido, según él, de ahí lo del encierro con los siete cerrojos, que, no deja de ser una curiosa forma de superar la timidez. Yo opino que mas bien es un comodón de tomo y lomo, aunque en esto no hemos logrado ponernos de acuerdo. Sea como fuere, es un gran amigo sumamente sensible, leal y cariñoso.

El día de su cumpleaños hizo un descubrimiento que le alarmó sobremanera. Justo el día de su cumpleaños, ni un día antes ni un día después. La precisión ante todo. Corrió a hacerme partícipe de su desdicha. Mira por cuanto, con un cuarto de siglo sobre su cabeza se encontraba con que “aún” seguía siendo “virgen”. Puro y casto como San José. Ni había hecho el amor, ni había “catao” hembra alguna aunque tan sólo fuese un leve escarceo amoroso. Nada de nada.
Su “tragedia” no me sorprendió en absoluto.
- “Con la vida de monje cartujo que llevas como no entre “cat-woman” por la ventana y te viole, pues tu me dirás”.

Le aconsejé lo que me pareció mas sensato, que dejara a un lado su reclusión y que saliera al mundo exterior donde descubriría que, entre otras múltiples cosas, existen unos seres llamados “chicas”. En definitiva, le aconsejé que se buscara una “buena moza”.

El consejo cayó en saco roto.
Demasiado largo el proceso.
Como ya he dicho, mi amigo es un intelectual. Una persona seria, meticulosa y lógica que no da un paso sin haber analizado detalladamente el lugar donde va a apoyar su pié y, sobretodo, valorar la molestia que eso le va a suponer. Salir, relacionarse, conocer a una chica que quién sabe se querrá salir con él y en el caso de que así fuere vete tu a saber si se llegaría a algo mas que a varias charlas insulsas, le pareció un proceso demasiado largo y una auténtica pérdida de tiempo. Lo que pretendía era algo mas “directo” y sobretodo mas “rápido”.
- “ Mira –le dije – si por uno de esos milagros que hay en la vida que, dado el planteamiento que te haces, sinceramente no creo que te ocurran, conoces a una chica y de buenas a primeras la propones echar un “kiki”, agregando que tan solo es por mera curiosidad de conocer lo que se siente con “eso” y no porque que te parezca una compañía especialmente agradable, ni agraciada ni divertida, que mas bien resulta lo contrario o, cuanto menos, indiferente, me da la impresión que la chica no se va a emocionar precisamente con tu sinceridad”.
Descartada la idea de buscarse una “buena moza”.
Quedó la esperanza de ver aparecer por la ventana abierta a “cat-woman”. Pero no, debía estar de vacaciones pues lo único que, a través de la ventana abierta, le obsequió con su visita fue el frío aire invernal.

No es el único amigo que tiene semejantes “problemas” y acude a mi para confiármelos. No se si es que les inspiro confianza o que esperan que exclame,
- “¿¿Qué aún no te has “estrenado”?? ¡Pero hombre! ¿Cómo no me lo has dicho antes? Nada, nada, tu tranquilo que aquí estoy yo para hacerte ese “favor” y los que fueran menester” .
Confío que sea lo primero. Lo cual es mucho suponer a juzgar por la carita coloradita que ponen, sus ojitos echando chispitas y la fracesita que llega a continuación,
- “¡Tu si que te lo pasas bien!”.
Pues, hombre, procuro pasármelo lo mejor posible que es de tontos lo contrario, y si a lo que te refieres es a la existencia de algún que otro “ligue”, pues mira una hace lo que puede. Y que no falten. Pero eso no quiere decir que me pase la vida de cama en cama como la abeja de flor en flor.

Suelen mencionar lo “fácil” que lo tenemos las féminas para encontrar a alguien dispuestos a “ayudarnos” a resolver esta cuestión. Oyéndoles parece que todo se reduce a un mero ejercicio de separar las piernas. Bueno, bueno, bueno. Dicen que el que tiene hambre con pan sueña, y eso es lo que les ocurre a estos varones deseosos de perder su castidad a ultranza.
Veamos. Si la resolución del problema pasa por que la chica salga a la calle pidiendo a gritos que por favor que la “desvirgue” alguien, sea quien sea, pues vale. Pero no es así. La chica desea que sea con alguien “especial”, en un ambiente “especial” y bajo unas circunstancias “especiales”. Todo muy “especial”.
Cierto es que, llegado el momento, ha de prescindir del “ambiente” y “circunstancias” para conformarse con el “alguien” que a la larga no es tan “especial” como hubiera pretendido.
El chico, por contrario, persigue, como fin primordial, averiguar si el “artilugio” que le cuelga entre las piernas sirve para “algo” mas que para hacer “pi-pi”. En el fondo le importa tres pimientos ambiente, circunstancias y pareja.
No faltará quien me contradiga, claro está, pero esa es mi opinión.

En nueva confidencia, mi amigo, me manifestó su decisión de poner el tema en manos de una “profesional”. Lo que se conoce vulgarmente como “ir de putas”.
Claro que para alguien como él esto se dice antes de lo que se hace.
Por de pronto ni hablar de buscar en las “Páginas amarillas” que de esta temática no viene nada de nada. Si que ha oído hablar de ciertas zonas donde se concentran estas “vendedoras de sexo”, pero también de las enfermedades venéreas que con un poco de suerte se puede llevar de recuerdo. Pedir consejo sobre cual puede ser de absoluta confianza, pues tu me dirás a quién si el pequeño grupo de conocidos que tiene no son propensos a éstos “alternes”. Como no recabe información en un Foro de Internet, ya me dirás.
La cosa no es tan sencilla como parece a simple vista.
No he querido desanimarle, pero, con su timidez, tampoco me le imagino acercándose a una “titi” para decirla,
- “Verás, yo nunca, que nunca he hecho nada de esto y me gustaría si pudieras instruirme un poco en la materia, siempre, naturalmente, que las “lecciones” no sobrepasen mi economía.”.
Me da en la nariz que acabaría “aturullándose” y preguntándole la hora que es.

Parece ser que antaño era costumbre, relativamente usual, iniciar a los mozos en los “misterios” del sexo mediante la oportuna visita a una prostíbulo.
Tan pronto dejaba atrás la adolescencia, o estaba a punto de hacerlo, pues hale, surgía un amigo de mas edad, un pariente, e incluso, a veces, el propio progenitor, que arrastraba al imberbe hasta un burdel a fin de “hacerle todo un hombre”.
Si de esa forma tan simplona el varón se convierte en “todo un hombre”, sencillo que me parece, aunque tengo mis dudas.
Todo un rito que daba lugar a posteriores comentarios jocosos que encerraban poco de lo real y mucho de lo imaginado.
Un rito un tanto morboso, pues la razón de fondo era cercionarse que el mozo no hubiera salido “marica” y supiera emplear lo que tenía que emplear con quien debía emplearlo. Luego, podría presumir del hecho ante un coro de amigos de cara con espinillas que escucharan boquiabiertos las fábulas del avanzadillo de la “panda”.

Mi amigo parece querer rescatar, en solitario, esta tradición. Mira por cuanto pretende convertirse en un “aprendiz de putero” sin convicción. Por mera curiosidad. Con la fría curiosidad que un científico disecciona un animalillo. Le imagino a estas horas buscando como loco en la “Red” alguna página relacionada con “el arte de echar un buen polvo”, para irse asesorando. No creo que la cosa prospere, aunque posiblemente todo haya sido una de esas ideas peregrinas que cruzan a veces por la cabeza. Confío que así sea. Una persona con su sensibilidad no puede iniciar su andadura sentimental en el mero mercantilismo. Se sentiría defraudado. Posiblemente lograría “echar un polvo”, pero ahí quedaría todo. Lo que él necesitaría es “hacer el amor”, y eso ¡Ay! es algo muy distinto. Totalmente distinto.

Nuevamente insistiré en que busque una “buena moza” a quien mirar a los ojos y con quien pueda entenderse sin pronunciar palabra, aunque para ello tenga que emplear todo el tiempo del Mundo y buscar debajo de cada piedra.
Es lo que necesita.
Pero mucho me temo que seguirá sin hacerme caso.

domingo, 1 de marzo de 2009

FELIZ TRI VALENTIN

Hace algún tiempo leí la curiosa noticia de un príncipe árabe que viajaba por España en compañía de sus cuarenta esposas. Tal y como he dicho, cuarenta. Como los ladrones de Ali Baba. Puesto a tener mujeres para qué conformarse con solo tres o cuatro si los pozos petrolíferos daban para tener cuarenta. Llegaron en todo un desfile de “limousinas” y se alojaron en el hotel mas caro de Marbella. Lo que no aclaraba el escrito es si había reservado varias habitaciones o, simplemente, una “suit” con una enoooooorme cama nupcial, tan grande como una plaza de toros. Resulta divertido imaginar a todo el grupo retozando y retozando como locos, entre sábanas como carpas de circo. Aunque, a decir verdad, a las pobrecitas féminas bien poco que les iba a tocar del festín y, ni que decir tiene, que al morito se lo tendrían que llevar en ambulancia antes de media noche, por mucha provisión de “viagra” que llevara consigo.

También podría ser a la inversa. ¿Acaso no estamos con la cosa esa de la “igualdad”?

Bien podría ser que en lugar de “príncipe” petrolero fuera “princesa”, y su séquito compuesto por cuarenta tíos “cachas” que, conforme la moralidad y buenas costumbres, fuesen convenientemente cubiertos de pies a cabeza salvo una pequeña rendijita a la altura de los ojos a fin de que pudieran caminar sin irse dando contra las farolas. Habría que ver la cara del recepcionista. “¡Una suite con cama matrimonial, a ser posible con vistas al mar! ¡Y vosotros a ver cómo os portáis que esta noche el cuerpo me pide verbena!”.

No se, quizá cuarenta acompañantes me parezca un poco excesivo. Ni treinta, ni veinte, ni una docena, ni media ... Puede que con dos la buena mujer ya tendría su cupo bien cubierto. Como mucho tres. Claro que tres amantes fogosos sería demasiado para todos los días. En todo caso para una festividad especial, muy, muy especial.

Mis divagaciones se perdían ante las gélidas sonrisas de simulada complacencia de mis dos compañeros. Jordi y Lluis. Lluis y Jordí. Sentados frente a frente a ambos lados de la mesa, procurando no mirarse, ignorándose, deseando que al otro le entrara un repentino dolor de estómago que le hiciera ausentarse precipitadamente o, simplemente, que desapareciera volatizado en la nada. Entrambos, muy arregladita, muy maquilladita, muy peinadita para la ocasión, se encontraba la protagonista del evento. O sea yo. Muy divertida , muy dicharachera, muy simpática. En suma, muy encantadora. De cuanto en cuanto hacía una carantoña o daba un beso a uno de ellos mirando de reojo como el otro se tornaba, a veces pálido, otras rojo, y alguna que otra de ambos colores. Resultaba divertido. Un poco sádico pero divertido. Naturalmente para mi.

A mis compañeros de “juerga” tan solo les retenía allí el deseo de no dejar el campo libre al otro. Decir que lo estaban pasando mal era quedarse muy, muy cortos. Por poner un símil era como cuando el jefe se empeñaba en contar chistes que maldita la gracia que tenían y los subordinados, haciendo de tripas corazón, debían festejar jubilosamente. Mas aún. El jefe sabía perfectamente la poca gracia de sus chascarrillos y los contaba aún peor ,a posta, tan solo por disfrutar del sudor frío que caía por las frentes de los oyentes obligados a reir a mandíbula batiente. Ya he dicho que un poco sádico si que era, pero también divertido.

“Puntillitas”, boquerones adobados y fritos, almejas a la marinera, cigalas a la plancha. Por supuesto el pan tostado acompañando a los cuencos con ajoaceite y salsa de tomate preparada con aceite, ajo y algo mas que no se qué es, no puede faltar. ¿Habrá algún invento mejor que el “ajoaceite” o “ali-oli”, como se quiera llamar que para el caso da igual, sobre una rebanada de pan recién tostado que aún está calentito? A mi me encanta. Esto de entrantes, para “picar” e ir “preparando” el estómago, aunque, a decir verdad, mas que “preparado” quedó “lleno”, y el segundo plato, el plato “fuerte” que cada cual pidió el que quiso y que en mi caso fue un hermoso lenguado en salsa con almendras, apenas si pude mediar. Como bebida unas cervezas para comenzar la sesión y seguidamente el vino que, tratándose de una cena a base de pescado, sería blanco. Y, por supuesto, agua, agua y mas agua. Nada de postres. Toda una tentación la tarta de queso con frambuesas y la de yema, pero imposible. Nada de licores. Muy agradecida por los “chupitos” variados con los que el amable camarero se empeñaba en invitar, pero una gotita de alcohol mas que metiera en mi cuerpo y acabaría dormida bajo la mesa. En su lugar, café y otro café. Las bebidas alcohólicas siempre han hecho estragos en mi, y ya me encontraba navegando por el “séptimo cielo”.

San Valentin, tin, tin. Ya en una entrada al “blog” de hace un año dejé constancia de lo poco, poquísimo, que me gustan estos eventos realizados porque si, mas para beneficio de los comerciantes que otra cosa. También los problemas que esta fiestecita me acarrea. No voy a repetirme. Este año para “conjurar” compromisos e historias envié con antelación correos a todos los posibles “invitadores” indicándoles la inutilidad de que me propusieran cita alguna para ese día pues pensaba estar ausente, viajando por rumbos desconocidos. Una mentira como la copa de un pino. Surtió efecto mas bien a medias pues el correo se me llenó de mensajes y el teléfono no paró de sonar para “alegría” de mi familia quienes, siguiendo mis instrucciones, mecánicamente respondían “¡No está!...¡Está de viaje y no regresará hasta dentro de una semana!.. Colgar el teléfono y venir a reprocharme la lata que estaban dando con tanta llamada era todo uno. Lo siento, lo siento, que no soy yo quien haya dado el número de teléfono familiar que tan solo lo he puesto en conocimiento de escasos, escasísimos amigos, pero ya ves, se ha extendido el secreto como una mancha de aceite. La “tragedia” surgió cuando fue en novio de mi hermana quien llamó y ella, precisamente ella, mecánicamente le soltó lo de “¡No está!...¡Está de viaje y no regresará hasta dentro de una semana!”. El otro pobre, que había reconocido su voz, se quedó todo lo “lelo” que es fácil imaginar. Aunque para esto no hacía falta mucho, la verdad. Se arregló el asunto, claro está, una nueva llamada y en paz, pero mi hermana que estaba hasta el moño de coger el teléfono y soltar la “cantinela”, juró y perjuró tomarse las mas crueles venganzas contra mi que, pobrecita e inocente, no tenía la menor culpa.

Por lo visto había prometido a Lluis celebrar con él San Valentín. Ni idea. No se en qué contexto arrancaría de mi tal “promesa” para acompañarle en un evento que, como ya he dicho, me horroriza. Pues vale qué se le va hacer que no es cosa de entrar en una interminable discusión. Por lo visto había prometido lo mismo a Jordi no se cuándo ni por qué. ¡Pues qué bien! Ya iban dos. Lluis me lo fue recordando en repetidos correos que cada dos por tres recibía conforme se aproximaba el día 14. Pues vale, vale, vale. En cuanto a Jordi tan solo recibí un correo cuando ya no había posibilidad de que pudiera responderle contradiciéndole pues no iba a estar en casa hasta la hora de coger el tren para venir a mi lado y estar los dos juntitos, juntitos. Agregaba que inútil llamarle al “movil” pues lo tenía estropeado y que ya me llamaría desde el hotel en cuanto llegara. Maravilloso. No era posible la “vuelta atrás”. Dice mucho en su favor lo bien que me conoce.

¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? La primera idea que se me pasó por la cabeza fue la de cenar prontito, prontito, y rapidito, rapidito, rapidito, con uno de ellos y acto seguido hacer lo propio con el otro. La rechacé al instante. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Pues mira, a grandes males, grandes remedios que se dice. Me encargué de ser yo misma de reservar mesa en un restaurante y, llegado el momento, me negué en redondo que ninguno viniera a buscarme a casa. “¡No insistas mas, a las diez en punto allí y sanseacabó!” Como ambos están acostumbrados a alguna que otra “rareza” mía, no me costó demasiado trabajo convencerles.

Al llegar al restaurante, tuve ocasión de contemplar una escena típica de una película de los Hermanos Marx. Mis dos “pretendientes” atosigaban al “maitre”. Si, si, había una mesa reservada a nombre de “Sol”, pero solo una y no dos como pretendían. Además la mesa no era para dos comensales, sino para tres. Los pobres se ofuscaban en que todo era un error y que tenía que haber dos mesas para dos “Sol” distintas. Di un beso a uno, luego al otro y noté como el Firmamento entero caía sobre sus cabezas. Hasta el momento tan solo habían oído hablar uno del otro y se odiaban profundamente, pues eso, de “oídas”. Ahora tenían ocasión de conocerse y pasar su antipatía al mundo real. Seguí al “maitre” hasta nuestra mesa. Una mesa para “tres” comensales. Detrás de mi, dudando si eran fruto de una cruel pesadilla, me seguían dos figuras de hielo. Se avecinaba una velada muy “particular”, desde luego “distinta” a lo que ambos habían imaginado. Una velada, cuanto menos, “curiosa” y hasta es posible que fuera “divertida”. Al menos para mi.

En fin, no queda mucho mas que contar. Una celebración del santo de los enamorados un tanto particular, y eso es todo. Por indicación mía la cena la pagó Jordi que es quien tiene la economía mas desahogada. La abonó sin rechistar aunque maldita la gracia que le hizo invitar al “otro”. En cuanto a Lluis se sintió profundamente humillado por la invitación pero con una economía en una situación crónica de bancarrota no le quedó otra opción que dar las gracias poniéndose colorado como una guinda. Copichuelas en un “pub”. Continuación del “velatorio” precedente. En las escasas ocasiones en las que me quedaba a solas con alguno, aprovechaba para proponerme dar el “esquinazo” al “otro” y continuar en pareja la fiesta. Aunque mas bien debería decir “empezar” la fiesta. No, gracias, otro día será. Como dice la Biblia, hay un tiempo para cada cosa y la de ese día ha sido así.

Fin de la función. Taxi y a casa. Hacía ni se sabe que no regresaba tan temprano. Tanto que ni siquiera lo había hecho mi hermana y mis padres aún no se habían acostado. En un jarrón del salón un enorme ramo de rosas blancas y rosas con una tarjeta que, por toda inscripción, llevaba garabateada la pregunta “¿Cuándo?”. Pero esa es otra historia.