Paisaje con nubes

Paisaje con nubes
SOL (Paisaje con nubes)

domingo, 17 de mayo de 2009

EL PENE DE ORO


SOL (Desnudo en amarillo)

Lo bueno, o malo, que tiene Internet es que sabes cuando entras pero nunca puedes predecir cuando vas a salir. Con frecuencia acudes en busca de algo muy, muy, muy, pero que muy concreto que no te llevará mas allá de cinco minutos, y al cabo de una hora te preguntas qué diablos haces perdiendo el tiempo mirando aquella página web que te importa tres pimientos y cual era, en realidad, tu búsqueda inicial de la que ya ni te acuerdas. Es como una droga. Yo lo comparo un poco a una enciclopedia que cuando la abres buscando una palabra acabas perdiéndote entre sus páginas leyendo lo mas inverosímil. Me encantan las enciclopedias y me encanta Internet, por eso digo que no se si es lo bueno o malo que tiene. Bueno, por las curiosidades que encuentras a tu paso. Malo, por el tiempo que empleas en ello y que se te va sin sentir.

Navega que navegarás, anteayer acabé aterrizando en un Foro donde alrededor de una docena de contertulios varones competían en narrar unos “éxitos” amorosos, mas fruto de imaginaciones febriles que de la cruda y triste realidad. Largas, larguísimas narraciones clónicas que podían resumirse en cinco sencillas palabras: tetas, culo, pene, vagina y orgasmo. ¿Qué mas? Nada mas. Eso era todo. Por su extrema simplez no me resistí a la tentación de leer tales “aventuras”. No tenían desperdicio.

La descripción que hacían de si mismos se reducía en exclusiva a sus “increíbles” órganos sexuales. Por supuesto, todos ellos, de unos tamaño tan asombrosamente generosos que les hacían mas propios de ser exhibidos como “fenómenos de feria” que utilizados en artes amatorias. A la par, tan insaciables que asemejaban al rifle de Búfalo Bill aquel con el que mataba a cuatro indios a cada disparo y al que nunca se le acababan las balas. No era pues de extrañar que ante la visión de semejantes artilugios las féminas se apresuraran a levantar sus faldas o , según el caso, bajar sus pantalones para entregarse a un loco frenesí amoroso en una interminable sucesión de orgasmos. ¿Acaso una mujer puede desear algo mas? Poco importa que el poseedor de la maravillosa “verga” sea agraciado o “mas feo que Picio”, agradable o “macarra” perdido, que huela a rosas o no se haya duchado desde hace un año y le “canten” sus sobacos hasta “La Traviata” Ni siquiera importa si sus mocos le caen hasta la barbilla. Finalizada la “función”, todas, absolutamente todas, muy, muy, pero que muy agradecidas por el infinito placer gozado, rogaron, suplicaron y hasta mendigaron, la pronta repetición de otro encuentro similar. Y es que un “chollo” así no lo encuentra una cada día.

Sobre las chicas, (amigas, compañeras, vecinas, la socorrida primita tan “cachonda” ella, o la novia de un amigo, que tanto da para lo que nos ocupa), se extendían un poco mas en su descripción. Un poco, poquísimo, mas. Tan solo mención a alguna cualidad “importante”. Indicaban, al efecto, que eran “guapísimas”, con “buen culo” y “grandes tetas”. ¿Hace falta indicar algún detalle mas? Lo importante es lo importante y con “culos” y “tetas” ya está dicho todo que a fin de cuentas tan solo ocupaban en las historias mas que unos modestos papeles secundarios de meros “trofeos de caza”, y la breve reseña tan solo tenía por misión señalar que la pieza obtenida era digna de la maravillosa escopeta empleada.

Sin ánimo de poner en entredicho la veracidad de aquellas aventurillas, que es cosa que ni me va ni me viene, aunque si, empero, los detalles, harto exagerados, de sus narradores, esas simples, simplísimas, simplonas historietas, con poca imaginativa y menor conocimiento de causa sobre la sexualidad femenina, me hicieron pensar en algo que ya sabía sobradamente y es en la diferencia tan tremenda existente entre las ideas sexuales de ambos sexos y como el hombre cree poder extrapolar su sentido de la sexualidad hacia el de la mujer.

Para el hombre la sexualidad parece girar en exclusiva alrededor de su pene. Así de simple y de sencillo. El resto del cuerpo queda eclipsado por este apéndice que es el indiscutible rey. Y como por aquello de “ande o no ande la burra grande” ansían con toda su alma que el suyo sea mas propio de un elefante que de un ser humano. Es el culto fálico por excelencia que debe formar parte de los genes masculinos pues en todas las culturas y ya desde la prehistoria nos han llegado pinturas y esculturas de piedra destinadas a ensalzar tan maravilloso órgano dotándole de unos tamaños mas que irreales .

Este deseo obsesivo masculino por la exuberancia del “pinganillo” que les cuelga siempre me ha hecho gracia habidas cuentas de que, como todo el mundo sabe, no es el tamaño de la batuta la que hace de un músico un buen director de orquesta. Tampoco resulta a la féminas, como muy apetecible, sufrir desgarros vaginales. Ni, por supuesto, se van a sentir transportadas al Séptimo Cielo “solo” por la visión de semejante “maravilla”. Se requiere “algo” mas. Y a menudo este “algo” no llega.

Mucha gracia me hizo, en particular, la facilidad con que mencionaban los orgasmos (así en plural) que provocaban en sus compañeras. Para la egolatría masculina el razonamiento es tan simple como una línea recta. Si ellos profesan adoración hacia su miembro qué cosa mas lógica que la mujer se entusiasme tanto ante tal visión que el tener no uno, sino varios orgasmos sea como una obligación. ¿Sabrían realmente de lo que estaban hablando? Tengo mis serias dudas. Me recordaron la anécdota de aquella señora de pueblo cuyo marido presumía de ser un amante consumado. Un par de veces a la semana “entraba” a su mujer, pero tan precipitadamente y con tan malas artes que para ella mas que placer era una penosa obligación. Mientras duraba el acto la buena señora tenía puestos sus pensamientos en los quehaceres domésticos a realizar. Una vez finalizado el encuentro el marido la preguntaba muy ufano qué le había parecido a lo que ella contestaba mecánicamente “bien... muy bien...” mientras mentalmente se decía “ .... y poner la lavadora, poner los garbanzos a remojo, remedar los calcetines del niño ...” . Sucedió que un buen día la hicieron una entrevista para una revista feminista y entre otras mil cosas la preguntaron por sus relaciones sexuales y si alcanzaba el orgasmo. Ella que, a parte de no disfrutar con tales relaciones, como ya he dicho, era un poco ignorante, contestó ante el asombro de la periodista, “mire usted, nosotros somos gente muy humilde y de cosas de música no conocemos nada de nada. El único que en el pueblo tiene un “orgasmo” es el señor párroco en la iglesia”.

En fin, como una vez nos espectó una señora entrada en años en una reunión femenina ante el regocijo del resto de la concurrencia, “el hombre presume de tener una ametralladora cuando realmente lo que tiene es una escopeta de feria. ¡Eso si lo que lleva no es la carabina de Ambrosio!”.








domingo, 19 de abril de 2009

VACÍO GRIS



Se pasó la Semana Santa como un soplo. La Semana de Pascua como un suspiro. Vistas y no vistas. Las mil y una cosas que tenía pensadas hacer en aquélla, prácticamente toda ella de días festivos, y en ésta que, al continuar de fiesta los estudiantes me he visto liberada de la obligación de las clases de dibujo y pintura, se quedaron en meras buenas ideas. Siempre me ocurre lo mismo. Cuando tengo unos cuantos días libres ante mi, para poder hacer lo que se me antoje me digo a mi misma que podía aprovecharles para hacer esto, aquello, ir aquí o allá, y luego nada de nada. Aunque esto no es ninguna novedad.

Entre esos mil y un buenos propósitos estaban como objetivos prioritarios dar un “empuje decisivo” al estilo de mi pintura y , como no, el de viajar a algún lugar algo mas allá del círculo de los trescientos kilómetros donde me vengo desenvolviendo . Son los dos objetivos “tradicionales” que siempre me hago y que tradicionalmente suelen quedar en nada.

Lo del viaje, causa perdida desde el primer momento. No hay nada como tratar de organizarse con un grupo de amigos en que cada cual opine distinto, para que se vaya el tiempo en proyectos dispares, ningún hecho y encontrarte al final que de viajes a precios asequibles nada de nada que ya todo está cubierto por los que han sido menos indecisos. Ya se sabe, son fechas muy malas pues a todo el mundo le da por moverse de un lado a otro y hay que prever los viajes con bastante antelación. Gran sorpresa pues esperábamos que con esto de la crisis lo que precisamente faltaría serían personas deseosas de gastar su dinero en algo tan superfluo como un viaje de placer. Pero no. Precisamente por la crisis y por las continuas noticias de la prensa de “agujeros negros”, quiebras, depreciaciones y temores bancarios, el que ha logrado tener algo ahorrado prefiere gastárselo alegremente antes de que su banco, en particular, le de por decir que, perdonen todos, que lo siente mucho, que son así las cosas, pero que no puede hacer frente a sus obligaciones. La gente está con la “mosca tras la oreja” y, bueno, lo que va por delante, va por delante. En resumen, de viajecito nada de nada.

Lo del estilo de mi pintura, ¡Ay!¡Ay!¡Ay! Llevo tiempo y tiempo “desesperadica” perdida y, lo que es peor, sin dar una pincelada. Cada cuadro, por decirlo así, es de “su padre y de su madre”. Estilos totalmente distintos de acuerdo con el estado de ánimo o el capricho del momento. Pero lo peor, lo peor, lo peor es que no me gusta mi obra. No es que me disguste, entendámonos, pero noto que le falta un “algo” que no acierto a comprender qué es. Hay obras que mira hasta tienen un pase, alguna que otra me gusta y todo, pero las que mas me producen escalofríos de angustia solo de verlas. Lo curioso del caso es que estas últimas son las que mas gustan a la gente. Cuando exclaman “¡Huy que bonitoooo!” o algo por el estilo, creo que me están tomando el pelo. Pero no. Resulta que lo dicen en serio. Me asombran, la verdad. Aunque a mi eso no me consuela nada.

Mi compañero Vicent me dice que estoy obsesionada que “estilo” que si que tengo ya que todos imprimimos nuestra personalidad en lo que hacemos. Que deje de querer encorsetarme en una forma de pintura determinada, pues entonces no sería yo ni lograría dar la fuerza que doy a mis cuadros. Quizá que tenga razón. Dejar volar la imaginación y experimentar con nuevas tendencias para poder expresar lo que se siente en el momento es posible que sea lo que debe perseguir todo artista. Lo malo es que siento mi cabeza vacía de ideas. Hueca como una calabaza hueca.

Entre tanto, allá tengo en el estudio una montaña de bocetos que prefiero no mirar y algún cuadro abandonado a las primeras pinceladas. También un par de cuadros medio terminados que me han encargado tiempo atrás y que ya debería haber entregado. No me costarían nada finalizar, la verdad, pero me resisto a ello. Simplemente, no me gustan sus resultados. Demasiado vulgares. Probablemente, de ultimarlos, los clientes se sientan satisfechos por ser lo que esperan, pero no ocurriría lo mismo conmigo. Probablemente, de alterarlos, hasta puede que mi ego se sienta realizado, pero a buen seguro que me vuelva con las obras al estudio. Todo un dilema. En tanto continúa en mi cabeza la sequedad de ideas. Hueca como una calabaza hueca. Habrá que esperar a mañana. Quizá entretanto ocurra un milagro y salte una chispa dentro de mi. Esperar, esperar, esperar. ¿Cuánto tiempo llevo esperando y posponiéndolo para el día siguiente? Mejor no recordarlo.















jueves, 19 de marzo de 2009

FUEGO, POLVORA Y HUMO




SOL (Mascletá)




Esto se acaba, se acaba, se acaba...¡Qué pena!¿Verdad? Mejor así que estoy hecha unos verdaderos zorros. Como si una manada de elefantes borrachos hubieran estado bailando sobre mi cuerdo. ¡Que sueño tengo, Dios mío! Ya casi ni me acuerdo cuándo pude dormir horas y horas y horas, sin que nadie me molestase. Todo el tiempo del Mundo para mi solita, para poder descansar a mis anchas. Acabo de dar una cabezadita con la pretensión de dormir un par de horitas, pero imposible. Lo que son las cosas, cuando venía hacia casa con los truenos de la última “mascletá” aún en los oídos, se me cerraban los ojos mientras caminaba. No acabé dormida agarrada a una farola de puro milagro. Derechita, derechita a la cama sin detenerme a comer siquiera. ¡La camita!¡Qué bien!¡Qué maravilla! Ni fuerzas para desnudarme, tan solo quitarme el calzado. ¡¡¡Ahhhh, mis pies!!! Todas las agujas del mundo parecen estar clavadas en las plantas de mis pies. ¡¡¡¡Ahhh, mi cuerpo!!!! Es una pura agujeta. ¡¡¡Ahhh, la almohada!!!! ¿Hay algo tan sumamente seductor como una almohada? Dormir, dormir, dormir... ¡¡¡Qué deliciaaaa!!! Pues si, mucha delicia pero ahí se acabó todo. Una vuelta, otra vuelta y otra vuelta. Cada vez que me movía, aunque fuera lo mas mínimo, todo mi cuerpo gemía. Instantes antes estaba literalmente dormida pero echarme en la cama y despejarme, todo uno. Imposible conciliar el sueño. Increíble. Quizá sea del puro cansancio, o mas bien, del trajín que me he traído en estos días, comiendo ni se sabe y durmiendo a ratos perdidos en horas perdidas, algunos días hasta en mi cama y todo. Imposible e irritante. Arriba otra vez. Ponerme en pié y entrarme una modorra de esas modorras asesinas todo uno. Desesperante. Ducha. Agua caliente para finalizar con agua fría que al caer por mi espalda me hace tiritar. Al menos me despejo un poco. Camino de la cocina pierdo la toalla por el pasillo. No me doy ni cuenta. No importa mucho pues estoy sola en casa, mis padres han huido de las fiestas refugiándose en el apartamento de la playa de donde no piensan regresar hasta el próximo domingo y mi hermana puede estar por “ahí” con su novio. Ya se, ya se, que pueden llegar en cualquier momento pero no estoy para estas consideraciones que, dicho sea de paso, me importan tres pepinos. “Sadwich” de jamón York y queso, un vaso de leche, manzana, plátano y “kiwi”. Una comida un tanto particular, pero es lo mas rápido y lo que da menos quehacer. Ya habrá tiempo de tomar algo cuando salga. Se hace preciso preparar una buena cafetera de café bien cargado.

Esto se acaba, se acaba, se acaba...Esta noche la “Nit de la Crema”. Todo Valencia será una inmensa hoguera. Adiós fallas, adiós. El próximo año surgirán otras nuevas que tendrán, igualmente, una vida efímera. La gente que no es de aquí no entiende que el destino de esas obras de arte sea verlas arder como teas. “¡Qué lástima!”, exclaman, y estoy de acuerdo con ellos, es una lástima pero nuestra Fiesta es así, el culto al fuego que muy atrás, quedan los tiempos en los que se quemaban muebles viejos, antecesores de las fallas, como símbolo de lo inservible. Además, gracias a esta destrucción pirómana, no solo pueden vivir un buen puñado de familias sino que la afluencia de gente de todos los rincones del Mundo supone un gran aliciente para nuestra economía. Ya ves, en “crisis” y la ocupación hotelera de este año está a tope, en el cien por cien. Miran a su alrededor escudriñando los edificios que rodean, casi tocando, al monumento que va a arder y manifiestan su lógico temor de que esa locura del fuego no finalice en un incendio de la ciudad que ríete del de la Roma de Nerón. ¡Ay¡ Eso si que es un verdadero milagro, un “milagro fallero” del que hay que dar las gracias a la pericia de los artífices maestros falleros que logran que todo el armazón humeante se desplome hacia el centro mismo de la construcción, y, naturalmente, a los bomberos que con sus mangueras riegan las fachadas circundantes, controlando, domando las llamas lo mismo que un domador de circo con los leones.

Esto se acaba, se acaba, se acaba... Las fiestas mas alegres, musicales, bulliciosas, locas y ruidosas envueltas en humo de pólvora. También las mas sensuales, pues todo es una exaltación de los sentidos. Los que nos visitan por primera ver miran a su alrededor como asombrados, se asombran, se aturullan, ponen quizá alguna objeción. Pero, si les es factible, repetirán al siguiente año. Y al otro y al otro. Resulta que ya no dicen eso de la “pena” de la “cremà” , ni de lo de cuándo duermen los valencianos si la noche anterior terminan los festejos a las tantas (si es que no se continúan el resto de la noche) y al día siguiente a las ocho de la mañana las comisiones falleras ya andan dando la lata, tirando petardos y metiendo bulla por las calles con "la despertá, para continuar el jolgorio. Tampoco afirmarán que lo de que realmente les gusta es el colorido de los desfiles, las bandas de música y “la nit del foc” pero no eso de la “mascletá” que no hay quien la aguante, con ese ruido tan infernal que hace estallar los tímpanos, so pena que se tenga la boca abierta, al tiempo que el suelo vibra como si de un terremoto se tratara. Serán ellos los que acudan bien temprano en busca del sitio mas estruendoso. No andarán dando saltitos a los lados para sortear los petardos que los niños tiran descuidadamente al suelo, al tiempo que dan grititos “¡Ay!...¡Ay!...¡Ay...”. Tomarán con mas santa resignación que una multitud, salida de no se dónde, te tenga atrapado entre sus fauces, por tiempo indefinido, sin saber por qué, para acabar llevándote al lugar opuesto de donde pretendías ir. Aparte de admirar los monumentos, aprenderán a leer sus letreros y reir con las ocurrencias de lo escrito. Se sentirán renacer cuando una nube de humo de pólvora les envuelva, y respirarán ávidamente ese olor dulzón del azufre. Les parecerá de lo mas lógico que unos desconocidos les integren, de buenas a primeras, en una peña de desconocidos con los que acabará bebiendo y comiendo. Y sobretodo, aprenderán a no hacer planes para mas tarde, pues todo aquí puede ser impredecible. Esto “engancha” ¡Y de qué manera!. Al menos eso me parece a mi.

jueves, 12 de marzo de 2009

APRENDIZ DE PUTERO


WILLEM DE KOONING (Mujer)


A raiz de la última entrada realizada en mi “blog” recibí carta de un amigo en la que, aparte de felicitarme por el escrito y decir que qué “bonito” y todas esas cosas de mero cumplimiento que nadie se cree, manifestaba una especie de envidia por la “cantidad” de amigos que tengo. Amigos del sexo opuesto, se entiende. Si precisásemos un poco mas la referencia sería a los amigos “cariñosos” del sexo opuesto. Para entendernos, a los “ligues”, “enamorados”, “pretendientes”, “amantes” o, cualquier otra denominación que se tercie siempre que vaya asociada al “escarceo”, frenesí” y “revolcón” amoroso.
Me sorprendió pues si alguien sabe bien cómo soy yo y conoce alguna que otra faceta mía, que por definirla de alguna forma, llamémosla “indiscreta”, es él. Me sorprendió, sobre todo, porque en el escrito publicado tan sólo mencionaba a “dos” amigos que, digo yo, no es una cifra como para tildarla de “cantidad”. Dos entrañables amigos cuya existencia ya conocía mas que sobradamente. Tampoco había ninguna mención a nada relacionado con el sexo.
En definitiva, me sorprendió.

Mi amigo es una persona seria, meticulosa y lógica. Demasiado serio, meticuloso y lógico. No da un paso sin haber analizado detalladamente el por qué y como de su acción. Todo un intelectual. Un intelectual que vive rodeado de libros, discos y su ordenador, en una habitación con la puerta cerrada con siete cerrojos, ignorando y hasta despreciando, lo que pudiera acontecer en el exterior. En plan ermitaño. Es muy tímido, según él, de ahí lo del encierro con los siete cerrojos, que, no deja de ser una curiosa forma de superar la timidez. Yo opino que mas bien es un comodón de tomo y lomo, aunque en esto no hemos logrado ponernos de acuerdo. Sea como fuere, es un gran amigo sumamente sensible, leal y cariñoso.

El día de su cumpleaños hizo un descubrimiento que le alarmó sobremanera. Justo el día de su cumpleaños, ni un día antes ni un día después. La precisión ante todo. Corrió a hacerme partícipe de su desdicha. Mira por cuanto, con un cuarto de siglo sobre su cabeza se encontraba con que “aún” seguía siendo “virgen”. Puro y casto como San José. Ni había hecho el amor, ni había “catao” hembra alguna aunque tan sólo fuese un leve escarceo amoroso. Nada de nada.
Su “tragedia” no me sorprendió en absoluto.
- “Con la vida de monje cartujo que llevas como no entre “cat-woman” por la ventana y te viole, pues tu me dirás”.

Le aconsejé lo que me pareció mas sensato, que dejara a un lado su reclusión y que saliera al mundo exterior donde descubriría que, entre otras múltiples cosas, existen unos seres llamados “chicas”. En definitiva, le aconsejé que se buscara una “buena moza”.

El consejo cayó en saco roto.
Demasiado largo el proceso.
Como ya he dicho, mi amigo es un intelectual. Una persona seria, meticulosa y lógica que no da un paso sin haber analizado detalladamente el lugar donde va a apoyar su pié y, sobretodo, valorar la molestia que eso le va a suponer. Salir, relacionarse, conocer a una chica que quién sabe se querrá salir con él y en el caso de que así fuere vete tu a saber si se llegaría a algo mas que a varias charlas insulsas, le pareció un proceso demasiado largo y una auténtica pérdida de tiempo. Lo que pretendía era algo mas “directo” y sobretodo mas “rápido”.
- “ Mira –le dije – si por uno de esos milagros que hay en la vida que, dado el planteamiento que te haces, sinceramente no creo que te ocurran, conoces a una chica y de buenas a primeras la propones echar un “kiki”, agregando que tan solo es por mera curiosidad de conocer lo que se siente con “eso” y no porque que te parezca una compañía especialmente agradable, ni agraciada ni divertida, que mas bien resulta lo contrario o, cuanto menos, indiferente, me da la impresión que la chica no se va a emocionar precisamente con tu sinceridad”.
Descartada la idea de buscarse una “buena moza”.
Quedó la esperanza de ver aparecer por la ventana abierta a “cat-woman”. Pero no, debía estar de vacaciones pues lo único que, a través de la ventana abierta, le obsequió con su visita fue el frío aire invernal.

No es el único amigo que tiene semejantes “problemas” y acude a mi para confiármelos. No se si es que les inspiro confianza o que esperan que exclame,
- “¿¿Qué aún no te has “estrenado”?? ¡Pero hombre! ¿Cómo no me lo has dicho antes? Nada, nada, tu tranquilo que aquí estoy yo para hacerte ese “favor” y los que fueran menester” .
Confío que sea lo primero. Lo cual es mucho suponer a juzgar por la carita coloradita que ponen, sus ojitos echando chispitas y la fracesita que llega a continuación,
- “¡Tu si que te lo pasas bien!”.
Pues, hombre, procuro pasármelo lo mejor posible que es de tontos lo contrario, y si a lo que te refieres es a la existencia de algún que otro “ligue”, pues mira una hace lo que puede. Y que no falten. Pero eso no quiere decir que me pase la vida de cama en cama como la abeja de flor en flor.

Suelen mencionar lo “fácil” que lo tenemos las féminas para encontrar a alguien dispuestos a “ayudarnos” a resolver esta cuestión. Oyéndoles parece que todo se reduce a un mero ejercicio de separar las piernas. Bueno, bueno, bueno. Dicen que el que tiene hambre con pan sueña, y eso es lo que les ocurre a estos varones deseosos de perder su castidad a ultranza.
Veamos. Si la resolución del problema pasa por que la chica salga a la calle pidiendo a gritos que por favor que la “desvirgue” alguien, sea quien sea, pues vale. Pero no es así. La chica desea que sea con alguien “especial”, en un ambiente “especial” y bajo unas circunstancias “especiales”. Todo muy “especial”.
Cierto es que, llegado el momento, ha de prescindir del “ambiente” y “circunstancias” para conformarse con el “alguien” que a la larga no es tan “especial” como hubiera pretendido.
El chico, por contrario, persigue, como fin primordial, averiguar si el “artilugio” que le cuelga entre las piernas sirve para “algo” mas que para hacer “pi-pi”. En el fondo le importa tres pimientos ambiente, circunstancias y pareja.
No faltará quien me contradiga, claro está, pero esa es mi opinión.

En nueva confidencia, mi amigo, me manifestó su decisión de poner el tema en manos de una “profesional”. Lo que se conoce vulgarmente como “ir de putas”.
Claro que para alguien como él esto se dice antes de lo que se hace.
Por de pronto ni hablar de buscar en las “Páginas amarillas” que de esta temática no viene nada de nada. Si que ha oído hablar de ciertas zonas donde se concentran estas “vendedoras de sexo”, pero también de las enfermedades venéreas que con un poco de suerte se puede llevar de recuerdo. Pedir consejo sobre cual puede ser de absoluta confianza, pues tu me dirás a quién si el pequeño grupo de conocidos que tiene no son propensos a éstos “alternes”. Como no recabe información en un Foro de Internet, ya me dirás.
La cosa no es tan sencilla como parece a simple vista.
No he querido desanimarle, pero, con su timidez, tampoco me le imagino acercándose a una “titi” para decirla,
- “Verás, yo nunca, que nunca he hecho nada de esto y me gustaría si pudieras instruirme un poco en la materia, siempre, naturalmente, que las “lecciones” no sobrepasen mi economía.”.
Me da en la nariz que acabaría “aturullándose” y preguntándole la hora que es.

Parece ser que antaño era costumbre, relativamente usual, iniciar a los mozos en los “misterios” del sexo mediante la oportuna visita a una prostíbulo.
Tan pronto dejaba atrás la adolescencia, o estaba a punto de hacerlo, pues hale, surgía un amigo de mas edad, un pariente, e incluso, a veces, el propio progenitor, que arrastraba al imberbe hasta un burdel a fin de “hacerle todo un hombre”.
Si de esa forma tan simplona el varón se convierte en “todo un hombre”, sencillo que me parece, aunque tengo mis dudas.
Todo un rito que daba lugar a posteriores comentarios jocosos que encerraban poco de lo real y mucho de lo imaginado.
Un rito un tanto morboso, pues la razón de fondo era cercionarse que el mozo no hubiera salido “marica” y supiera emplear lo que tenía que emplear con quien debía emplearlo. Luego, podría presumir del hecho ante un coro de amigos de cara con espinillas que escucharan boquiabiertos las fábulas del avanzadillo de la “panda”.

Mi amigo parece querer rescatar, en solitario, esta tradición. Mira por cuanto pretende convertirse en un “aprendiz de putero” sin convicción. Por mera curiosidad. Con la fría curiosidad que un científico disecciona un animalillo. Le imagino a estas horas buscando como loco en la “Red” alguna página relacionada con “el arte de echar un buen polvo”, para irse asesorando. No creo que la cosa prospere, aunque posiblemente todo haya sido una de esas ideas peregrinas que cruzan a veces por la cabeza. Confío que así sea. Una persona con su sensibilidad no puede iniciar su andadura sentimental en el mero mercantilismo. Se sentiría defraudado. Posiblemente lograría “echar un polvo”, pero ahí quedaría todo. Lo que él necesitaría es “hacer el amor”, y eso ¡Ay! es algo muy distinto. Totalmente distinto.

Nuevamente insistiré en que busque una “buena moza” a quien mirar a los ojos y con quien pueda entenderse sin pronunciar palabra, aunque para ello tenga que emplear todo el tiempo del Mundo y buscar debajo de cada piedra.
Es lo que necesita.
Pero mucho me temo que seguirá sin hacerme caso.

domingo, 1 de marzo de 2009

FELIZ TRI VALENTIN

Hace algún tiempo leí la curiosa noticia de un príncipe árabe que viajaba por España en compañía de sus cuarenta esposas. Tal y como he dicho, cuarenta. Como los ladrones de Ali Baba. Puesto a tener mujeres para qué conformarse con solo tres o cuatro si los pozos petrolíferos daban para tener cuarenta. Llegaron en todo un desfile de “limousinas” y se alojaron en el hotel mas caro de Marbella. Lo que no aclaraba el escrito es si había reservado varias habitaciones o, simplemente, una “suit” con una enoooooorme cama nupcial, tan grande como una plaza de toros. Resulta divertido imaginar a todo el grupo retozando y retozando como locos, entre sábanas como carpas de circo. Aunque, a decir verdad, a las pobrecitas féminas bien poco que les iba a tocar del festín y, ni que decir tiene, que al morito se lo tendrían que llevar en ambulancia antes de media noche, por mucha provisión de “viagra” que llevara consigo.

También podría ser a la inversa. ¿Acaso no estamos con la cosa esa de la “igualdad”?

Bien podría ser que en lugar de “príncipe” petrolero fuera “princesa”, y su séquito compuesto por cuarenta tíos “cachas” que, conforme la moralidad y buenas costumbres, fuesen convenientemente cubiertos de pies a cabeza salvo una pequeña rendijita a la altura de los ojos a fin de que pudieran caminar sin irse dando contra las farolas. Habría que ver la cara del recepcionista. “¡Una suite con cama matrimonial, a ser posible con vistas al mar! ¡Y vosotros a ver cómo os portáis que esta noche el cuerpo me pide verbena!”.

No se, quizá cuarenta acompañantes me parezca un poco excesivo. Ni treinta, ni veinte, ni una docena, ni media ... Puede que con dos la buena mujer ya tendría su cupo bien cubierto. Como mucho tres. Claro que tres amantes fogosos sería demasiado para todos los días. En todo caso para una festividad especial, muy, muy especial.

Mis divagaciones se perdían ante las gélidas sonrisas de simulada complacencia de mis dos compañeros. Jordi y Lluis. Lluis y Jordí. Sentados frente a frente a ambos lados de la mesa, procurando no mirarse, ignorándose, deseando que al otro le entrara un repentino dolor de estómago que le hiciera ausentarse precipitadamente o, simplemente, que desapareciera volatizado en la nada. Entrambos, muy arregladita, muy maquilladita, muy peinadita para la ocasión, se encontraba la protagonista del evento. O sea yo. Muy divertida , muy dicharachera, muy simpática. En suma, muy encantadora. De cuanto en cuanto hacía una carantoña o daba un beso a uno de ellos mirando de reojo como el otro se tornaba, a veces pálido, otras rojo, y alguna que otra de ambos colores. Resultaba divertido. Un poco sádico pero divertido. Naturalmente para mi.

A mis compañeros de “juerga” tan solo les retenía allí el deseo de no dejar el campo libre al otro. Decir que lo estaban pasando mal era quedarse muy, muy cortos. Por poner un símil era como cuando el jefe se empeñaba en contar chistes que maldita la gracia que tenían y los subordinados, haciendo de tripas corazón, debían festejar jubilosamente. Mas aún. El jefe sabía perfectamente la poca gracia de sus chascarrillos y los contaba aún peor ,a posta, tan solo por disfrutar del sudor frío que caía por las frentes de los oyentes obligados a reir a mandíbula batiente. Ya he dicho que un poco sádico si que era, pero también divertido.

“Puntillitas”, boquerones adobados y fritos, almejas a la marinera, cigalas a la plancha. Por supuesto el pan tostado acompañando a los cuencos con ajoaceite y salsa de tomate preparada con aceite, ajo y algo mas que no se qué es, no puede faltar. ¿Habrá algún invento mejor que el “ajoaceite” o “ali-oli”, como se quiera llamar que para el caso da igual, sobre una rebanada de pan recién tostado que aún está calentito? A mi me encanta. Esto de entrantes, para “picar” e ir “preparando” el estómago, aunque, a decir verdad, mas que “preparado” quedó “lleno”, y el segundo plato, el plato “fuerte” que cada cual pidió el que quiso y que en mi caso fue un hermoso lenguado en salsa con almendras, apenas si pude mediar. Como bebida unas cervezas para comenzar la sesión y seguidamente el vino que, tratándose de una cena a base de pescado, sería blanco. Y, por supuesto, agua, agua y mas agua. Nada de postres. Toda una tentación la tarta de queso con frambuesas y la de yema, pero imposible. Nada de licores. Muy agradecida por los “chupitos” variados con los que el amable camarero se empeñaba en invitar, pero una gotita de alcohol mas que metiera en mi cuerpo y acabaría dormida bajo la mesa. En su lugar, café y otro café. Las bebidas alcohólicas siempre han hecho estragos en mi, y ya me encontraba navegando por el “séptimo cielo”.

San Valentin, tin, tin. Ya en una entrada al “blog” de hace un año dejé constancia de lo poco, poquísimo, que me gustan estos eventos realizados porque si, mas para beneficio de los comerciantes que otra cosa. También los problemas que esta fiestecita me acarrea. No voy a repetirme. Este año para “conjurar” compromisos e historias envié con antelación correos a todos los posibles “invitadores” indicándoles la inutilidad de que me propusieran cita alguna para ese día pues pensaba estar ausente, viajando por rumbos desconocidos. Una mentira como la copa de un pino. Surtió efecto mas bien a medias pues el correo se me llenó de mensajes y el teléfono no paró de sonar para “alegría” de mi familia quienes, siguiendo mis instrucciones, mecánicamente respondían “¡No está!...¡Está de viaje y no regresará hasta dentro de una semana!.. Colgar el teléfono y venir a reprocharme la lata que estaban dando con tanta llamada era todo uno. Lo siento, lo siento, que no soy yo quien haya dado el número de teléfono familiar que tan solo lo he puesto en conocimiento de escasos, escasísimos amigos, pero ya ves, se ha extendido el secreto como una mancha de aceite. La “tragedia” surgió cuando fue en novio de mi hermana quien llamó y ella, precisamente ella, mecánicamente le soltó lo de “¡No está!...¡Está de viaje y no regresará hasta dentro de una semana!”. El otro pobre, que había reconocido su voz, se quedó todo lo “lelo” que es fácil imaginar. Aunque para esto no hacía falta mucho, la verdad. Se arregló el asunto, claro está, una nueva llamada y en paz, pero mi hermana que estaba hasta el moño de coger el teléfono y soltar la “cantinela”, juró y perjuró tomarse las mas crueles venganzas contra mi que, pobrecita e inocente, no tenía la menor culpa.

Por lo visto había prometido a Lluis celebrar con él San Valentín. Ni idea. No se en qué contexto arrancaría de mi tal “promesa” para acompañarle en un evento que, como ya he dicho, me horroriza. Pues vale qué se le va hacer que no es cosa de entrar en una interminable discusión. Por lo visto había prometido lo mismo a Jordi no se cuándo ni por qué. ¡Pues qué bien! Ya iban dos. Lluis me lo fue recordando en repetidos correos que cada dos por tres recibía conforme se aproximaba el día 14. Pues vale, vale, vale. En cuanto a Jordi tan solo recibí un correo cuando ya no había posibilidad de que pudiera responderle contradiciéndole pues no iba a estar en casa hasta la hora de coger el tren para venir a mi lado y estar los dos juntitos, juntitos. Agregaba que inútil llamarle al “movil” pues lo tenía estropeado y que ya me llamaría desde el hotel en cuanto llegara. Maravilloso. No era posible la “vuelta atrás”. Dice mucho en su favor lo bien que me conoce.

¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? La primera idea que se me pasó por la cabeza fue la de cenar prontito, prontito, y rapidito, rapidito, rapidito, con uno de ellos y acto seguido hacer lo propio con el otro. La rechacé al instante. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Pues mira, a grandes males, grandes remedios que se dice. Me encargué de ser yo misma de reservar mesa en un restaurante y, llegado el momento, me negué en redondo que ninguno viniera a buscarme a casa. “¡No insistas mas, a las diez en punto allí y sanseacabó!” Como ambos están acostumbrados a alguna que otra “rareza” mía, no me costó demasiado trabajo convencerles.

Al llegar al restaurante, tuve ocasión de contemplar una escena típica de una película de los Hermanos Marx. Mis dos “pretendientes” atosigaban al “maitre”. Si, si, había una mesa reservada a nombre de “Sol”, pero solo una y no dos como pretendían. Además la mesa no era para dos comensales, sino para tres. Los pobres se ofuscaban en que todo era un error y que tenía que haber dos mesas para dos “Sol” distintas. Di un beso a uno, luego al otro y noté como el Firmamento entero caía sobre sus cabezas. Hasta el momento tan solo habían oído hablar uno del otro y se odiaban profundamente, pues eso, de “oídas”. Ahora tenían ocasión de conocerse y pasar su antipatía al mundo real. Seguí al “maitre” hasta nuestra mesa. Una mesa para “tres” comensales. Detrás de mi, dudando si eran fruto de una cruel pesadilla, me seguían dos figuras de hielo. Se avecinaba una velada muy “particular”, desde luego “distinta” a lo que ambos habían imaginado. Una velada, cuanto menos, “curiosa” y hasta es posible que fuera “divertida”. Al menos para mi.

En fin, no queda mucho mas que contar. Una celebración del santo de los enamorados un tanto particular, y eso es todo. Por indicación mía la cena la pagó Jordi que es quien tiene la economía mas desahogada. La abonó sin rechistar aunque maldita la gracia que le hizo invitar al “otro”. En cuanto a Lluis se sintió profundamente humillado por la invitación pero con una economía en una situación crónica de bancarrota no le quedó otra opción que dar las gracias poniéndose colorado como una guinda. Copichuelas en un “pub”. Continuación del “velatorio” precedente. En las escasas ocasiones en las que me quedaba a solas con alguno, aprovechaba para proponerme dar el “esquinazo” al “otro” y continuar en pareja la fiesta. Aunque mas bien debería decir “empezar” la fiesta. No, gracias, otro día será. Como dice la Biblia, hay un tiempo para cada cosa y la de ese día ha sido así.

Fin de la función. Taxi y a casa. Hacía ni se sabe que no regresaba tan temprano. Tanto que ni siquiera lo había hecho mi hermana y mis padres aún no se habían acostado. En un jarrón del salón un enorme ramo de rosas blancas y rosas con una tarjeta que, por toda inscripción, llevaba garabateada la pregunta “¿Cuándo?”. Pero esa es otra historia.

domingo, 15 de febrero de 2009

UN SOPLO DE ILUSIÓN





                                                                            SOL (Dilema)


Cuando era chiquirritaja, pequeñita como un comino, tan pronto como aprendí a dar mis primeros pasos y a pedir mis necesidades fisiológicas, mis padres solicitaron plaza en la guardería mas cercana a nuestra casa y, una vez depositada mi personita entre una nube de chiquilluelos mocosos y llorones, exhalaron un profundo suspiro de alivio propio del que acaba de liberarse de una pesada carga. De aquel “aparcaniños”, primera experiencia en la vida fuera de las ataduras del control materno, apenas si conservo algún que otro difuso recuerdo. Tan difuso que es como si nada. Si acaso la figura de aquel niño gordito, gordito que me atraía lo mismo que el imán al hierro. Tenía los ojos redonditos, redonditos como círculos. La boca, siempre abierta, también era redondita, redondita. Todo él era pura redondez. Hasta cuando lloraba en vez de hacerlo gimoteando o berreando como cualquier otro niño, soltaba un larguísimo “OOOOOOOO”, como una extraña sirena de bomberos. Como ya he dicho, me atraía poderosamente y en cuanto le veía procuraba esquivar la vigilancia de la “seño” para correr presurosa a su lado. Tenía unos carrillos regordetes y coloradotes que me hechizaban . Francamente apasionantes. Una bofetada en el derecho sonaba algo así como “¡Plafff!”. Muy distinto del izquierdo que era “Plofff”. Ahora bien, si se daban las bofetadas en ambos carrillos a la par, como si se estuviera aplaudiendo, se obtenía un nuevo sonido, “¡Chaffff!”. Realmente cautivador. Acto seguido, emanaba por aquella boquita redondita, redondita, un larguísimo “OOOOOOOO”, emulando a una extraña sirena de bomberos. Nunca defraudaba. Lamentablemente no era muy proclive a tales experimentos. Mas aún, verme y salir corriendo como alma que lleva el demonio era todo uno. Tampoco podía contar con la colaboración de la “seño” quien procuraba por sistema mantenernos alejados uno del otro todo lo que daba de si el espacio del aula y hasta me obsequiaba diciéndome que era una “niña mala”, lo cual no era en absoluto cierto, en todo caso podría haberme tildado de “curiosa” que es bien distinto. Pero ya se sabe lo poco que comprenden los “mayores” la mentalidad de los “niños”.

Algún tiempo después mis padres me trasladaron a una nueva guardería sita en un colegio religioso donde, posteriormente, seguiría recibiendo enseñanza. Mas grande que el anterior, mas agradable, mas colorido y con mas niños. Nuevas experiencias, nuevas maravillas me aguardaban. Llamó mi atención la existencia de dos cuartos de baño rigurosamente separados, uno para niños y otro para niñas. Por aquel tiempo en nuestra casa tan sólo teníamos uno y con tan exiguos medios nos apañábamos toda la familia. Aquí había dos. Tanto me sorprendió el descubrimiento que lo puse en conocimiento de mis progenitores tan pronto vinieron a buscarme, asombrándome de la poca expectación que en ellos despertaba tan valiosa información. Por lo demás ambos lugares eran idénticos: una pequeña estancia en una de cuyas paredes existían unas perchas para colgar los “babis”, salvo que la “seño” nos enviara con él a casa para que nuestra madre lo metiera en la lavadora que constituía el caso mas frecuente. En otra de las paredes, algunos lavabos para limpiarnos las manos y de paso dejar perdido de agua suelo y ropa. En otro de los lados de la habitación, las tres o cuatro cabinas con los inodoros.

Idénticos, si, pero había “algo” que los diferenciaba y ese “algo” era la “prohibición”. El meterse de “rondón” en el aseo de los chicos para hacer “pis” constituía una osada aventura y un placer de dioses. Cuando ellos se enteraban del ultraje recibido bramaban de indignación jurando tomar crueles represalias. Si se descubría algún chico “mancillando” nuestro lugar, se empujaba con fuerza la puerta de la cabina para lograr que se orinase sobre piernas y zapatos. Entonces le gritábamos a coro “¡¡¡MEOOOON!!! ¡¡¡MEOOON ¡!!” Que constituía el colmo de los insultos.

Existía, no obstante, un pequeño detalle que diferenciaba notablemente nuestro aseo del de los niños, y era el de un cuadro enmarcado, situado en la pared de los percheros, representando a un iracundo anciano barbudo sentado sobre una nube áurea, tocado con una especie de gorrito de forma triangular, en cuyo centro campeaba un formidable ojo que parecía mirarte fijamente. Detrás de tan tremendo personaje salían unos haces de luz a diestro y siniestros, en tanto que a su alrededor media docena de niños alados tañían instrumentos. La parte inferior de la lámina, sumergida en la oscuridad, quería representar una especie de bosque en cuyo centro un hombre y una mujer envueltos en un “algo” que lo mismo podían ser pieles de animales, que hojas de árboles pegadas a sus cuerpos, o pura suciedad por no haberse lavado en no se cuanto tiempo, ofrecían una expresión entre alucinada y perdida. El conjunto era tan terrorífico que cuando colgábamos o descolgábamos nuestros “babis” cuidábamos muy mucho de levantar nuestras vistas.

Un buen día la “seño” tuvo a bien explicarnos que el anciano en cuestión era nada menos que Dios. Todas dijimos “¡Ah!” pues como hasta el presente ninguna había visto ninguna foto de tan Egregio personaje no teníamos motivo alguno para poner en duda sus palabras. Amplió la información añadiendo que cuando nos muriéramos iríamos a su lado donde permaneceríamos siempre, siempre, siempre y a todas nos recorrió un escalofrío por la espalda. A mas de una se le pasó por la cabeza si, llegado el momento, no habría otra alternativa posible, pero no se atrevió a preguntar. “Seréis igual que estos angelitos” .Nuestras miradas infantiles escrutaron las figuras de aquellos sonrosadotes y musicales niños alados. Todos “niños” y ninguna “niña”. Nuevamente dijimos “¡Ah!” mientras nuestras cabecitas bullían con las mas peregrinas ideas. La conclusión sacada con la explicación fue la de que en aquel incierto Mas Allá si bien nos veríamos abocadas a estar por siempre jamás junto aquel viejo irascible que tanto nos imponía, en compensación aprenderíamos a tocar diversidad de instrumentos musicales y nos saldría “colita”.

Por supuesto que hubo aluvión de preguntas. La pareja con cara de angustia representaban a nuestros primeros padres. El hombre y la mujer mas antiguos que nunca existieran sobre la Tierra. En mi inocencia infantil pensé, en un principio, que se refería a los abuelos de mi padre a los que no había llegado a conocer aunque había oído hablar de ellos en varias ocasiones. Mas tarde me di cuenta de lo equivocada que estaba que con ser éstos bastante antiguos a los que se refería la “seño” lo eran mucho mas. Además no se llamaban Tomás y Ramona sino Adan y Eva. No, No es que se tratase de un tuerto al que le faltaba el resto de la cara, que era el “ojo que todo lo ve”, el que nos vigila día y noche de continuo. Tal confidencia nos produjo terribles pesadillas durante una larga temporada. Tampoco se trataba de ningún “gorrito”, ni “sombrerito”, ni de cualquier otro artilugio para cubrir la cabeza sino de la representación de la Santísima Trinidad que era un misterio muy misterioso que como nadie era capaz de comprender por eso se le llamaba “misterio”. Muy formalitas, muy boquiabiertas a cada explicación seguíamos respondiendo con un “¡Ah!” propio del que no se entera de nada y empieza a aburrirse. Cuando, en su día, me enseñaron que un triángulo pueden ser “equilátero”, “isósceles” o “escaleno”, sonreía y dentro de mi añadía “o misterioso”.

Como la improvisada explicación tuvo lugar en el aseo de las niñas y sólo para nosotras, ni que decir tiene que, a penas llegamos a la clase, nuestros compañeros varones nos rodearon de inmediato. Nos hicimos “las interesantes” manteniéndoles en la intriga. Por poco tiempo, claro está, que pronto una cedió un poquito y las demás, que estábamos deseando dar nuestra versión, nos unimos de inmediato en un “guirigay” de voces chillonas. Lastima de no poder tener grabadas nuestras explicaciones que no tendrían desperdicio alguno. La “seño” había permanecido con nosotras escasos minutos, y aunque ninguna había entendido ni “papa” de sus explicaciones, esos escasos, escasísimos minutos dieron lugar a días enteros de una nueva versión de la historia en la que cada cual aportaba su “granito de arena”, fruto de su particular imaginación. Y ya se sabe que la imaginación de los niños no tiene límite. En lo que mas insistimos, quizá por lo espeluznante que podría resultar a los oyentes, fue en lo del “Ojo que todo lo ve”. Una niña lo rebautizó como “el ojo sanguinolento” y como a todos nos pareció de maravilla se quedó con tal nombre.

En fin. Recuerdos de mi niñez. Va a ser ésta la primera publicación de haga en mi “blog” este año. Medio terminada tengo en el ordenador otra bastante distinta, candidata a satisfacer la voracidad de la Papela de Reciclaje. A su vez ha sustituido a una anterior y ésta a otra. En ellas hablaba del mundo gris que nos rodea, tal y como lo siento y veo. De esta “crisis” llovida del cielo que nadie entiende y que se ha pegado como alquitrán a nuestra piel. De los casi cuatro millones de parados. De un Gobierno incapaz que ensarta mentira tras mentira y engaño tras engaño. Del despilfarro de los gobernantes a costa de las necesidades de los gobernados. De la insensatez, del abuso, de la intolerancia, del atropello, de la injusticia. Y,especialmente, de la falta de confianza y pérdida de ilusión que veo en los rostros de la gente con la que me cruzo. No son temas muy agradables, la verdad. Quizá algún día incida sobre ellos, pero no ahora. He preferido rebuscar en mis recuerdos hasta encontrar esta historia sencilla y tonta perdida en el tiempo, en un mundo feliz, donde las “grandes preocupaciones” eran nimiedades y la fantasía e ilusión compañeras inseparables de nuestras vidas.

viernes, 26 de diciembre de 2008

MI CAOTICO CORREO

Al abrir el correo lo he encontrado tan a rebosar que sin mas lo he vuelto a cerrar y me he ido a tomar un café para tomar fuerzas. Por unas u otras cosas hacía un siglo o dos que no le echaba un vistazo y ahora me encuentro verdaderas montañas de correspondencia. Que soy un verdadero desastre, ya lo se. Que soy el colmo de la dejadez, pues también. Si algo puedo decir en mi favor es que, en esta ocasión, al menos, la culpa no ha sido solo mía.

En primer lugar, hemos tenido a los pintores en casa. Quienes hayan pasado por una experiencia semejante me comprenderán. Mi padre decidió que ya estaba bien, que ya era mas que hora de dar un repaso a la pintura de las paredes que estaban ya hechas un asquito y, sin mas, contrató los servicios de unos profesionales que nos han dejado la casa que es un primor y a un precio mas que razonable. El inconveniente era que solo podían dedicarse a estas “chapucillas” los fines de semana y días de fiesta ya que los días hábiles lo hacían en la empresa en la que estaban contratados. De ahí el “precio razonable” que ofertaron. Eso se tradujo en un largo, larguiiiiisimo tiempo en que la vivienda quedó transformada en una especie de almacén caótico, casa de locos o pesadilla paranoica. Todo menos un hogar medianamente habitable. Un verdadero reto para el Santo Job.

Desaparecer los pintores y empezar a descubrir los “daños colaterales” fue todo uno. Desde el grifo que por mas que se esfuerce en cerrarlo deja salir esa irritante gotita de agua que va haciendo “toc...toc...toc...”, a las baldas de la estantería colgada de la pared, antaño rectas como una bala y ahora desesperadamente medio caídas hacia un lado, pasando por gran parte de los artilugios eléctricos que poseemos. Las luces del salón que, de siempre, podían accionarse desde dos interruptores distintos, ahora solo pueden encenderse y apagarse desde uno. La lámpara de noche de mi cuarto que va cogida en la pared sobre la cabecera de la cama, ahora está caída como si quisiera recostarse sobre la almohada y su luz es intermitente como la de un semáforo. El timbre de la puerta no funciona. Tampoco funciona el equipo de música. En cuanto a mi ordenador quedó como “tartamudo” que tan pronto funcionaba como dejaba de hacerlo cuando menos lo esperabas. Si, no, si, no,si,no... Como si te estuviera tomando el pelo . Finalmente quedó como muerto.

No quedó otra opción que llevarlo a la tienda y eso se dice mas pronto de lo que se hace pues el cacharro pesa como un muerto, nunca encuentras ocasión y cuando dispones de un ratito te da tal pereza la “romería” que se te avecina que lo pospones con cualquier disculpa. Posteriormente hay que ir a recogerlo y de nuevo cargada como una mula con la torre que se te resbala a cado paso que das. Bueno, de momento parece que el problema esté solucionado aunque siempre te queda la duda esa de, si en toda la comprobación de lo que está bien o está mal no hayan metido demasiado las narices en lo que tengo guardado pues hay cosas altamente indiscretas que no son como para que nadie las curiosee. Habrá que cruzar los dedos y confiar.

Ordenador, al fin, en casa tras haberle hecho la respiración artificial y un par de sesiones de electroshock. Según afirmaron los de la tienda de informática, ha quedado “como nuevo”. Optimistas que son, habidas cuentas los años que tiene encima, el pobre. Vale, hay ordenador pero no acceso a Internet a causa de una avería en la fibra óptica que se “solucionará enseguida”. De esto logro enterarme tras seis interminables llamadas telefónicas en las que me fueron pasando, como de oca en oca, por diversas grabaciones en las que con una parsimonia rayando en el delirio me fueron fue informando, bien de las excelencias de los productos de la compañía, bien de que debería pulsar el botón “1”, “2”, “3” o “4”, según cual fuera el motivo de mi llamada, o, bien, simplemente, me obsequiaban con una musiquilla machacona interrumpida de cuando en cuando por una vocecilla que me aconsejaba permanecer a la espera por estar todas las líneas ocupadas. También me pedían disculpas por las molestias. Atentos que son. En mi sexto intento logré llegar al final. Todo un éxito. Una nueva grabación puso en mi conocimiento que había una avería en la red pero que se solucionaría enseguida pues estaban trabajando en ello. Cerca de dos horas sin haber logrado contactar con un ser humano. Como las llamadas hay que hacerlas a un “902” intuyo que el coste de las llamadas va a ser similar al que hubiera supuesto hacerme con la cuarta parte de las acciones de la compañía y hasta puede que me sobrara un “pico” para comprarme un globo de colores. Dos días mas tarde “llegó” Internet a mi ordenador. Dicen que poco dura la alegría en casa del pobre pues al siguiente día “desapareció” de nuevo. Se conoce que “avería en la red” debió de tener una recaída. No lo se. En todo caso no quise intentar una nueva aventura llamadas telefónicas por miedo de llevar la economía familiar a la mas espantosa ruina.

El buzón de entrada, como ya he dicho, a rebosar y un poco mas. Sobrepuesta del susto se impuso realizar “plan de acción”. Lo mejor sería empezar por los mas recientes en la lógica creencia que las antiguas, o bien trataban de temas ya obsoletos o, en otro caso, el interesado hubiera insistido en vista de to recibir respuesta. Pues vale, empecemos de delante a atrás. Abundan las felicitaciones de Navidad.¡Ah!¿Pero estamos ya en Navidad? No es que no lo supiera, simplemente no lo había asimilado. Pues si, ya estamos en Navidad y para que no ofrezca duda muchas vienen con postales adjuntas cuajadas de Papas Noeles, árboles navideños, angelitos y corazoncitos. Algunas tienen musiquilla, otras movimiento, también las hay que tienen ambas cosas. Serán las primeras en contestar pues no es cosa de corresponder a sus deseos cuando la Navidad sea ya un recuerdo.

Un buen número hacen referencia a escritos anteriores que aún no he llegado a leer y habré de esperar a que les toque el turno para enterarme. Están las “sentimentales” que se repiten insistentemente y cuyo contenido, básicamente, advino antes de abrirlas. Va en cabeza . Manel, una por día y muchas de ellas con poesías que le agradezco. Ya se que como poeta deja mucho que desear pero lo que cuenta es su ilusión al escribirlas. Cartas de Jordi, cartas de Jordi, cartas de Jordi. Cartas de Lluis que son como una réplica a las de Jordi, pero en su estilo. ¡Sorpresa! Carta de Mamen. Ya iba siendo hora que diera señales de vida aunque yo no soy la mas indicada para reprochar su silencio. Va a venir estas fiestas, como era de esperar, y eso si que es un verdadero motivo de alegría. Cartas de amigos, las recientes con felicitaciones de Navidad, las anteriores con proposiciones varias. Cartas de amigas a las que hace tiempo que no veo y que aprovechan estos días para contar sus novedades. Otras, proponiéndome alguna fiesta. Ya se sabe, en estos días esto es obligatorio. Cartas de no tan amigos. Están los que asimilan lo de “pintora de desnudos femeninos” a “plan” y piensan que qué mejor que las Navidades para tener una “noche buena”. Otras, simplemente, insultándome. Son las procedentes de un “Grupo” sobre Política, muy “demócratas” ellos, a los que les irrita que alguien les lleve la contraria.

Cartas de desconocidos. La mayor parte de propaganda aunque hay alguna en idioma extraño para mi sobre las que no puedo opinar. Un fotógrafo desde México me ofrece sus servicios para fotografiarme desnuda. Increíble. Asegura “seriedad” y “profesionalidad” . Por si existiera alguna duda indica su página “web” que curiosamente abro y cierro al instante. Pura pornografía. De USA me llega propaganda para alargar penes que se ha saltado el filtro “anti spam”. Pues vale, lo tendré en cuenta si alguna vez decido cambiarme de sexo. No es la primera vez que me llega algo así y siempre me ha hecho gracia la oferta que imagino consistente en un ladrillo con una cuerda atada. Propaganda religiosa, seudo religiosa o, si se quiere filosófica. Está el que me recomienda leer su “blog” catastrofista en el que queda demostrado “sin lugar a dudas” como este mundo que es un asquito va hacia la hecatombe. ¡Menuda novedad!¿Verdad? También el que en el suyo versa sobre marcianos y demás alienígenas. No puede faltar el dedicado a poesía. Dos o tres quieren remitirme a páginas que sospechosamente comienzan por “porn” y no abro. ¿De dónde sacarán mi dirección? ¡Nueva sorpresa! Una desconocida argentina inquiere la razón por la que, desde hace tiempo, no he vuelto a publicar ninguna entrada en mi “blog”. Añade cuánto ha “disfrutado” leyéndome y cómo espera seguir “deleitándose con mis relatos. Casi me hace caer de la silla de la emoción. Recobrada la tranquilidad, ni que decir tiene que me faltó tiempo para contestarla agradeciéndola de todo corazón su gentileza. De pronto mi “ego” ascendió hasta las nubes.

Propaganda islámica que no leo pues ya se su contenido de otras veces. Insisten en que el Islam es Amor y cuan libres y protegidas están las mujeres. Pues si, hijos si, mucho “amor” y las mujeres muy “protegidas” y “libres”, pero no decís ni una palabra en contra de las lapidaciones ni del terrorismo de AlQaida. Propaganda, naturalmente, de diversos movimientos cristianos. Ya se sabe, en Navidad hay que hacer apostolado. Sigo preguntándome de dónde sacarán mi dirección. No me hablen de religiones, por favor, que soy agnóstica y en la única en la que creo es en la que cada cual tiene dentro de si mismo.

En fin, cartas simpáticas, alegres, divertidas, sentimentales, alguna que otra algo “subida de tono” e incluso groseras. Hay de todo. También las que son curiosas o unos rollazos de impresión. Procuraré contestar a todas, excepto a las propagandísticas o soeces. A los que me han enviado varios mensajes ya lo he hecho, aunque muy brevemente, comprometiéndome a hacerlo mas dilatadamente en cuanto me sea posible, al resto les iré contestando poco a poco. Estoy agotada y aún me queda bastante para finalizar.

(Soy un verdadero desastre. Escribí las precedentes líneas hace una semana, dejándolas guardadas en el ordenador para corregirlas, ampliarlas y publicarlas y acá me las acabo de encontrar muertas de risa sin haber hecho nada de nada. ¡En fin! ¡Qué lo vamos a hacer! Allá van tal y como están. No es gran cosa esta nueva entrada, pero allá va. ¿Qué mas decir? Pues que si alguien, por un extraño, extrañísimo, mas bien milagroso casual, ha llegado leyendo hasta aquí, reciba, a la par que mi mas profunda admiración por tal locura, mi deseo de paz y felicidad, y no solo para estos breves días festivos, como es habitual, sino para siempre. De todo corazón).

domingo, 26 de octubre de 2008

BERLIN, IDA Y VUELTA

Ya pasó todo, como un abrir y cerrar de ojos, como un suspiro, como un leve sueño. Otra vez en casa embutida hasta las cejas en mi vida habitual, aunque mas bien debería decir en mi vida de “estar aquí”, pues no se hasta qué punto puede definirse como “habitual” a este sistema de vivir lleno de improvisaciones y cambios repentinos, como una veleta, que ha sido desde siempre mi manera de ser. Sea como fuere, acá estoy otra vez desde el pasado sábado, con el cuerpo tan molido como si un rebaño de elefantes saltarines lo hubieran pisoteado y la cabeza llena de recuerdos. Recuerdos. Los viajes, en el fondo no son mas que eso, añoranzas de la ilusión empleada en la planificación previa y de las maravillas vividas y compartidas que se esfuman como el humo tan pronto aparecen.

De nuevo en casa. Mis padres me han recibido con una sonrisa de oreja a oreja y un “¿Qué taaal lo has pasaaado?” cuya segunda intención no podían ocultar. Hasta el momento, siempre que me ausentaba de casa por motivos masculinos, a las consabidas preguntas de a dónde y con quién, contestaba “por ahí” y “con una amiga”. Así, en plan indefinido y femenino. La cosa funcionaba. No es que mis padres sean tontos ni se “chupen el dedo”, simplemente asumían una respuesta de la que sabían no estaba dispuesta a ampliar con mas detalles. En esta ocasión se quedaron mas que boquiabiertos cuando oyeron las palabras “Berlín”, “invitación” y “Jordi”. Sobretodo “Jordi”. Acababa de “meter la pata” hasta arriba, y lo que siguió a continuación fue todo un interrogatorio en tercer grado. “¿¿¿Y quién es Jordi???”, “¿Cómo es que te invita?”, “¿A qué se dedica?”, “¿De dónde es?”,”Qué tal es el chico, “¡No sabíamos que tuvieras ninguna relación especial con nadie....!”,”¿Pero entonces...?”, “¿y así qué ...?”, “¡Pero bueno...!”. Consciente de mi “lapsus” respondí al aluvión de preguntas inquisitoriales con la información que sabía sería de su gusto, “Hijo único de una familia adinerada de la burguesía catalana .... abogado .... economía desahogada y un gran futuro, debido, entre otros pequeños detalles, a ser su padre uno de los propietarios del prestigioso bufete donde trabaja ... muy formal, demasiado formal. A veces, asquerosamente formal ... un gran amigo que me quiere con locura ... y ... blablablá....blablablá....”. Fue como anunciarles que les había tocado el premio “gordo” de la lotería. Su hija, la “locuela”, a la que le faltaban tres o cuatro docenas de tornillos y alguna que otra tuerca, parecía que al fin, al fin, ¡Al fin! Había encontrado una pareja seria, formal y de buen presente y porvenir que la encauzara por una vida “normal”. Inútil insistir que Jordi era tan solo un buen amigo y que el ceñirme el asfixiante corsé del “emparejamiento” no estaba, ni con mucho, dentro de mis planes. Oyeron lo que les interesaba oir y de ahí esas amplias sonrisas de bienvenida esperando, vete tu a saber, que les anunciara mi próxima boda o, al menos, mi deseo de emprender una nueva vida sensata, tranquila, monótona y cabal en compañía de ese desconocido “príncipe azul” que había llegado volando desde Cataluña.

También mi hermana se ha interesado por mi experiencia berlinesa. Faltaría mas. También tras la frasecita de rigor de “¿Qué taaal lo has pasaaado?” encerraba una curiosidad que nada tenía que ver con los grandes edificios acristalados, los parques, las avenidas, los museos , las salchichas o la cerveza, conociendo como conocía su contumaz puritanismo al instante me di cuenta de que el motivo de su intriga se ceñía en exclusiva a nuestra ubicación nocturna en el hotel. Es decir, si habíamos compartido o no habitación. Esto es, si habíamos dormido juntos. No se por qué éstas personas moralmente remilgadas dan tanta importancia al hecho de dormir juntos cuando precisamente es despiertos y bien despiertos cuando se hacen las “diabluras” que tanto les escandaliza. Pues no, hijita no, de habitaciones separadas nada de nada que ni siquiera se nos pasó tal atrocidad por la cabeza. Desde luego no hubiera dejado de ser original que cada cual ocupara una habitación en un extremo del hotel y no encontrásemos en el ascensor, el vestíbulo, la cafetería o detrás de algún sofá. Tan original como poco práctico y, desde luego, aburrido. Habitación única y para mas detalle una cama matrimonial tan grande como un campo de futbol y tan cómoda que era como estar acostada en las nubes. Si el dormir en ella semejaba estar en el Paraíso, para qué contar el frenesí de los escarceos, luchas, persecuciones, acometidas y revolcones amorosos entre grandes cojines y almohadas de pluma que sólo finalizaban cuando los dos caíamos exhaustos abrazando nuestros cuerpos desnudos, sudorosos y jadeantes. Se escandalizó, naturalmente, pero a fin de cuentas eso era lo que yo pretendía. Un pequeño placer con el que me obsequiaba a mi misma. Cuando logró recuperar la voz me manifestó tartamudeando que lo que decía era una “asquerosidad”. Pues no es esa la definición exacta que mas bien sería “echar un polvo”... O dos... Incluso hasta tres. “¡Te aconsejo que hagas la prueba!” , la grité cuando ella ya se había refugiado en su cuarto cerrando la puerta tras de si.

Confieso que en mi descripción exageré un “poquito”, pero la ocasión que se me ofrecía en bandeja de plata no era para desaprovechar. La realidad, como es de suponer, había sido muy, muy, muy distinta. Cierto era que había compartido el cuarto, aunque en camas separadas, con mi enamorado amigo, en cuanto al resto de la historia, una pura invención. Pero a fin de cuentas como ella no podía atestiguar su veracidad , resultó la mar de efectiva. No hubo tiempo para mayores aventuras amorosas, la verdad. Tampoco tuve ninguna intención de tenerlas. Mi objetivo principal era conocer lo máximo de Berlín y eso conllevaba tales caminatas y tales horas de estar a pié firme visitando museos que cuando nos recogíamos por la noche en la intimidad de la habitación nos asemejábamos a dos espectros que empleaban el mínimo minimorum soplo de fuerzas que aún podían reunir en arrastrarse por los suelos hasta las deliciosas camas para caer sobre ellas, incapaces de mover ni un solo músculo de sus cuerpos doloridos, en un dulce y profundo sueño.

Ni que decir tiene que Jordi hubiera preferido algo mas reposado, romántico y cuajado de corazoncitos rosas. Incluso no le hubiera importado lo mas mínimo que hubiéramos permanecido la mayor parte del tiempo en la habitación, como en un “nidito de amor”. Romanticismo a tope. A decir verdad sospecho que tal era su intención. Maravilloso. Para eso no hubiera hecho falta ni aviones, ni hoteles, ni equipajes, ni nada, que bastaría con no moverse de Barcelona. La Biblia dice, muy acertadamente, que hay un tiempo para cada cosa, pues bien, en esta ocasión era para disfrutar de una ciudad que a saber cuando podría volver a visitar.

¿Qué decir sobre Berlín? Tanto había oído y leído sobre el lugar que iba preparada para evitar la “sorpresa del paleto”, esa de quedarse con cara de pánfila, ojos como platos y exclamar un “¡OOOOOH!” de admiración. Pero como la realidad difiere mucho de la imaginación, me encontré con que lo que iba teniendo ante mis ojos daba cien mil vueltas a toda la construcción realizada en mi mente. No se si se me puso cara de pánfila, desde luego no exclamé ningún “¡OOOOOH!” de admiración, pues las cosas gratificantes hay que saborearlas en silencio, lo que si puedo asegurar es abrí los ojos como un buho dispuesta a no perderme el mas mínimo detalle. Me ha parecido una ciudad perfecta. Cómoda, agradable y espectacular. Sobretodo espectacular. Anchas avenidas, de esas que son imposible cruzar de un tirón antes de que cambie el semáforo. Muy agradables de pasear. Árboles, árboles, árboles. Me encantan los árboles. Los de las calles se mezclan con los de los parques (¡Y qué maravilla de parques!) dándote la sensación de estar en plena naturaleza. Grandes edificios. Otros, no tan grandes, pero todos con un gran estilo que no en vano han pasado por aquí los mejores arquitectos. Los mas llamativos son las grandes moles de cristal y aluminio, el complejo Sony y el Ku’Damm que era donde estaba nuestro hotel, por ejemplo. Es el diseño por el diseño, casi daba la impresión de estar en el Parque Temático del Diseño.

Todo cuidado hasta el último detalle que daba gusto verlo. Perfecto. Quizá demasiado. Inútil tratar de buscar un estrecho callejón, una casa mal alineada con las colindantes o cualquier detalle popular que vete tu a saber cuando alguien lo puso ahí y ahí ha quedado desde siglos hasta convertirse en parte de la ciudad. Todo está trazado con regla y compás. Todo es moderno. Las bombas de la Guerra Mundial arrasaron la ciudad, pero lo poco que quedó en pié fue derruido por los arquitectos que han creado una nueva ciudad que ya nada tiene que ver con la histórica de varios cientos de años. Si alguna fachada se conserva es tan solo como mera decoración que el interior del edificio será moderno al cien por cien. Hasta incluso es posible que se hayan trasladado de su ubicación original para no estorbar el nuevo trazado. Todo es grandioso, cuidado al máximo y de diseño exquisito. Todo es perfecto, pero al tiempo encierra un cierto deje de melancolía por lo que fue y ya no es. Quizá podría decir que encierra una cierta falta de humanidad. Entiendo que una ciudad es como las personas, nace y evoluciona. Las imperfecciones quizá no sean tales sino características que definen su personalidad. Pero si se destruye todo para crear algo distinto, no digo que lo que se obtenga no sea maravilloso, pero, pero, pero en esa magnificencia se oculta un cierto crimen hacia varios siglos precedentes. No es Berlín una ciudad monumental como puede ser Roma, París o Madrid. Espectacular y todo lo que he dicho anteriormente si, pero no monumental. Ni siquiera la definiría como “histórica” que en la destrucción de bombas y piquetas ha perdido su espíritu. Merece la pena visitarse, es un encanto y todo lo que se quiera, pero las cosas son como son.

En fin, me ha costado ni se sabe escribir esta entrada a mi “blog”. Empecé justo el domingo pasado y hoy, de nuevo domingo, me encuentro que he tardado una semana. Y ni siquiera he contado todo lo que me había propuesto. Soy un verdadero desastre. Espero que para la próxima vez me encuentre mas lúcida.

sábado, 11 de octubre de 2008

GLOBOS, BURBUJAS Y POMPAS DE JABÓN


SOL (Cabellos recogidos)




Leer las noticias de la prensa, en estos días, es como interesarse por la situación de un globo pinchado que tiende mas a caer al suelo que a flotar hacia las nubes. El globo, por supuesto, es la situación financiera. La gente empieza a ponerse nerviosilla y hasta a mi que mas que “economía” lo que tengo es “des-economía” han acabado por contagiarme su intranquilidad. Como sucede en estos casos, nacen rumores alarmistas que al poco tiempo desaparecen para dar lugar a otros cada vez mas absurdos pues nadie entiende ni “papa” de algo que nos ha caído como llovido del cielo. Tan solo hay una cosa que se tiene claro a nivel popular y es que con cada bajada de la Bolsa disminuye la riqueza, aumenta el desempleo y se disparan los precios (¿Aún mas? Pues por lo visto si, aún mas). Me pregunto yo si en toda esa legión de políticos que mantenemos los de “a pié” (y ya no me refiero solo a España sino a nivel mundial) no hay ninguna “lumbrera” que de la solución para poner, de una vez por todas, un parche a ese globo medio desinflado. A la vista está que no que “recetas” si que ha habido muchas pero sus resultados dejan mucho que desear. Habrá que recurrir a poner una vela a San Antonio que es muy milagroso. Quizá mejor que sean dos o tres o varias docenas que no sea por falta de velas. Como a veces soy muy mal pensada, me pregunto también si las “recetas” que hasta ahora han aportado todos esos políticos “genios” de la economía han estado dirigidas a tapar ese desgarrón del globo que cada vez flota menos o simplemente a tratar de crear otro nuevo globo que sostenga al primero, destinado así mismo a explotar en futuro no lejano, pues cabe la posibilidad de que no hayan querido ver qué es lo que hay que reparar.

Parece ser que el origen de este “caos” es lo que denominan la “explosión de la burbuja inmobiliaria”. Eso de la “burbuja” me recuerda a las pompas de jabón que hago cuando me baño. Resulta divertido. Se hinchan, se hinchan, flotan majestuosamente en el aire y de pronto ¡Plaf! estallan ante nuestras narices. Que el fin de las pompas de jabón es esa alegre explosión lo sabe hasta el “tonto del pueblo”. Que la “burbuja inmobiliaria” estaba destinada a una “explosión” no tan alegre como el de las pompas de jabón, estaba mas que “cantado” que desde tiempo atrás todas las revistas de economía venían anunciándolo. Sin embargo, y, al menos, en lo que respecta a España, mucho me temo que no se ha hecho nada por evitarlo, simplemente se ha mirado hacia otro lado mientras, el que mas y el que menos, se ha afanado en participar en esa “burbuja” cargada de oro. Se ha aducido esta pasividad a fines éticos de no interferencia en el mercado, pero sin embargo no se han tenido tantos escrúpulos en las actuaciones absurdas, e incluso anticonstitucionales, realizadas por motivos netamente oportunistas y partidistas. No se por qué cada vez que oigo hablar a un político siento que me están tomando el pelo. No se por qué cada vez que les oigo decir que no hay motivo de preocupación es cuando empiezo a preocuparme de verdad.

Un amigo mío, economista, me ha hecho la confidencia de que esta crisis puede favorecer a “gente” como “nosotros”. Se estaba refiriendo a pintores y escultores. Pues fíjate qué bien. Perjudicar hasta el momento no noto que me perjudique pues siempre he estado en “crisis”. Su argumentación era de lo mas simple, al valer el dinero cada vez menos y estar la Bolsa de “capa caída”, el capital tratará de invertir en otros bienes que no se devalúen, tales como el oro y el arte. Hasta aquí el razonamiento resulta “bonito” pero la parte “fea” del asunto no tarda en llegar. No dudo que alguien adinerado invierta en la adquisición de cuadros de Picasso, Van Gogh o cualquier otro artista mundialmente reconocido y cotizado, pero si tengo mis serias dudas que se incline por gastarse un fortunón, o aunque tan solo sea medio, en la adquisición de obras de una artista principianta desconocida que por no tener no tiene ni estilo propio ni siquiera se acaba de decidir sobre el nombre artístico a emplear.

Agradezco mucho sus palabras pero a mi no me sirven que mi posible “clientela” se encuentra mas entre los que tienen que hacer filigranas con el pago de la hipoteca que entre aquellos a los que se les cae el dinero de los bolsillos de tan llenos como los tienen.

Insiste mi amigo recomendándome “potenciar” mi nombre, “hacerme notar”, que se hable de mi, que todo es cuestión de “marketing” y, por supuesto, aumentar el precio de mis cuadros para que el comprador quede convencido de haber adquirido algo “rentable”. Pues vale, en lo de aumentar el precio de mis obras ningún inconveniente que tanto me da dejarlas sin vender con varios ceros de mas. En cuanto a lo de “potenciar” mi nombre (si es que logro decidirme sobre qué firma adoptar) se puede decir que mi amigo ha descubierto “Las Américas”. Pues si solo me dice eso bien vamos. Podría “hacerme notar” si, por ejemplo, saliera desnuda a la calle con un gran sombrero rojo en la cabeza pero me temo que todo lo que conseguiría es hacer el ridículo y coger un buen catarro, aunque, desde luego, si se hablaría de mi.

Como ya he dicho anteriormente, poco me afecta momentáneamente la, tan cacareada crisis, ni para bien ni para mal. Todo sigue igual en mi entorno. Dicen que lo peor está aún por llegar. No lo se. Si así fuese trataría de acoplarme lo mejor posible que quien poco o nada tiene poco ha de temer. De momento lo que me preocupa es el día a día y disfrutar a tope de lo cotidiano.

Miro a mi alrededor y en un rincón sobre una silla mi maleta abierta parece sonreírme divertida, asomando, a guisa de lengua, la esquinita de un sujetador. Eso si que es importante. Mañana saldré en el tren hacía Barcelona donde en la estación de Sans me esperará mi amigo Jordi. Pasado mañana volaremos hacia Berlín y eso si que me hace temblar de emoción. Ha sido una agradabilísima invitación de mi incondicional y eterno pretendiente catalán a la que no he hecho ninguna intención de resistirme. Me hace muchísima ilusión este viaje. La verdad es que pensaba dedicar esta entrada a hablar sobre ello y al final me he encontrado haciéndolo sobre la dichosa crisis que en este momento, y en lo que a mi concierne, la tengo olvidada. A partir de pasado mañana si alguien quiere encontrarme tendrá que buscarme en alguno de los museos de la capital alemana de los que, ya lo prevengo, no será fácil arrancarme. Espero poder contar a mi regreso verdaderas maravillas, o, al menos, escribir algo mas interesante que lo presente. De momento debo hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para hacer una de las tareas mas desagradables que existen, tal es el terminar de hacer mi equipaje.
































sábado, 27 de septiembre de 2008

¡CARAY CON LOS PEDIGÜEÑOS!




En cierta ocasión leí un artículo de un escritor consagrado en el que, con gran ironía y fino sentido del humor, hacía la confesión de que a cada nueva publicación que realizaba, si bien no dejaba de preocuparle la benevolencia de los críticos e inquietarle la buena o mala acogida de la obra entre el público en general, lo que realmente le aterrorizaba, quitaba el sueño y ponía los pelos de punta era la enorme cantidad de “amigos” que le surgían hasta debajo de las piedras y que acudían a él en busca de un ejemplar dedicado. Ni que decir tiene que ninguno de ellos le hacía el “feo” de adquirir previamente el libro en cuestión pues de todos es bien sabido que no hay cosa que moleste mas a un escritor, ya que todo literato que se precie dispone de una imprenta particular en su casa para satisfacer estos menesteres.

- “ ¡Vivo en la indigencia!” – gemía – “ ¡Me veo abocado a gastar todos mis ahorros en comprar por docenas mis propios libros para poder cumplir con un montón de cretinos a los que les importan un bledo yo y todos mis escritos!”.

- “En un principio era el pequeño círculo de amigos mas íntimos (“Mira, para que tengas un recuerdo mío”.... “¡Oye! Creo que te han publicado tu primera obra.¡Enhorabuena! Por cierto que me ha dicho fulano que le has dado un ejemplar dedicado como recuerdo y nosotros que hemos sido amigos desde hace tantos años, pues ....”.” ¡Faltaría mas! Ya pensaba hacerlo. ¡No creas que me había olvidado de ti!”.... “¡Mil felicitaciones!¡Siempre supuse que llegarías a ser un gran escritor! Por cierto que a fulano y mengano ...”.” ¡Gracias, gracias! Precisamente en el bolsillo llevo un ejemplar que me gustaría dedicarte...”). Por mi primera publicación, con motivo de un concurso local de narraciones cortas, obtuve un diploma y media docena de ejemplares. La obra , justo es reconocerlo, pasó totalmente desapercibida. Se vendieron una docena de ejemplares de los que yo fui el único comprador.”


- “Conforme fui adquiriendo un cierto prestigio la lista de “admiradores” fue extendiéndose como una mancha de aceite. Se pasó de los amigos íntimos a los amigos en general, de éstos a los meros conocidos y posteriormente a los familiares y amistades de todos los anteriores. En este orden no resulta mínimamente extraño que, al salir de mi casa, se plante ante mi un sujeto al que no he visto en la vida y me suelte como una ametralladora una letanía mas que ensayada. “Mire que yo resulta que soy el primo del sobrino de la hermana del cuñado...”. No le dejo terminar. Me aburre y se de sobra cual va a ser el resultado. Saco del bolsillo de la chaqueta un ejemplar y le pregunto a nombre a quien quiere que se lo dedique. Luego me alejo pensando que si hubiera un concurso de imbéciles me llevaría, con toda seguridad, el primer premio”

- “Lo peor, lo auténticamente irritante es que tengo la mas firme convicción de que ninguno, absolutamente ninguno va a molestarse siquiera en ojear el contenido de mi libro. ¡Tan solo van a leer la dedicatoria!”


Naturalmente que el artículo era mas largo, mejor escrito y con mas gracia de lo que he hecho yo, pero para el caso vale. Me solidarizo plenamente con este escritor. Le comprendo perfectamente. ¡Vaya si le comprendo! En aquel primer momento en el que regalas, muy generosamente por tu parte, un libro con dedicatoria, en el caso del escritor, o un dibujo, en el mío, sin saberlo, acabas de “caerte con todo el equipo”. Antes de que te des cuenta aparecerá ante ti un segundo sujeto que reclame para él la gentileza que tuviste con el primero. A continuación vendrá un tercer sujeto, y luego un cuarto, un quinto, un sexto. Así hasta el infinito.


Cuanto mas prosperes en tu arte peor para ti que los pedigüeños se multiplican como hongos, y, aclarémoslo, no acudirán a ti “pidiendo” sino, curiosamente, “exigiendo”. En plena posesión de un derecho que sabe Dios quién se lo habrá concedido. La obra en si les importa “tres pepinos”, mas bien y por su expresión les repele. Naturalmente que te dan las gracias (¡faltaría mas!) pero en mas de una ocasión y tras esas desfallecidas palabras sacadas con sacacorchos de “es muy bonito”, se notaba a la legua que lo que verdaderamente querían expresar es, “¡Menuda mierda que nos has re regalado, rica! ¡Habrás quedado tranquila”. El papel con el dibujo o el lienzo con la pintura estarán destinados a ocupar el último rincón del trastero si es que antes no ha sido depositado en el contenedor de basura. A veces hasta los cuelgan de alguna pared y en muchos de estos casos el resultado es peor cuando veo que por “compañeros” artísticos figuran, primorosamente enmarcados, fotos de bodas, de comuniones y bautizos, o, si es el caso, alguna lámina, lo mas “cursi” posible, rescatada de un calendario de pared. Atrás quedan horas de estrujarte la cabeza y de trabajo. Por no hablar del coste que te ha supuesto las pinturas, pinceles, útiles varios y lienzos. Y, por supuesto, el enmarcaje, pues no es cosa de regalar el lienzo “mondo y lirondo” que parece que esté desnudo.

Mi madre (¡Ay el amor materno!) en su deseo de ensalzar las “virtudes” de su hija me ha puesto en mas de un aprieto. Las frases lanzadas con la mayor alegría del Mundo como, “Estará “encantadiiiisima” de hacer un cuadro para la habitación de los niños. ¡Si no la cuesta “nada”! Al contrario, la sirve de entretenimiento”, pues para qué hablar. Los oyentes enseguida cogen el “testigo” y dan por hecho que como estoy “encantadiiiisima” de hacer un cuadro para la habitación de los niños” y no me cuesta “nada” de “nada”, he dejado todas mis ocupaciones para pintar un cuadro lleno de hadas, princesas y conejitos. En esta ocasión me pararon por la calle para informarme que la habitación a la que iba destinada mi hipotético cuadro acababa de ser pintada de color malva claro, lo cual debería tener en cuenta para que la pintura fuese “a juego”. Conmovedor. Pues mire señora que mis temas son desnudos y dudo mucho que Blancanieves y los siete enanitos, todos en “pelotas”, sea lo mas apropiado para una habitación infantil. Ya se sabe que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar, aunque esto no sea siempre posible.


Tomar como motivo primordial de mi pintura el desnudo femenino tiene considerables ventajas en lo anteriormente indicado. En una boda, por ejemplo, se da “por sentado” que como eres pintora tienes el “deber” de regalar un cuadro, ni que decir tiene, enmarcado. Eso, por supuesto, no te libra del gasto que tienes que hacer en el correspondiente regalo. Lo del cuadro se considera “a parte”. Mera “obligación”. En estos casos pongo como condición pintar un desnudo de la novia. Decir la palabra “desnudo” es como mencionar al Diablo. No suelen aceptar por eso de “¡Uy qué vergüenza!”. Alguna vez, en plan de “recochineo”, añado que en todo caso puedo pintar a los novios haciendo el amor. Otro tanto ocurre con amigas y conocidas. En cuanto a conocidos (varones, se entiende) a los que no les importa ser retratados enseñando el “pajarito” al hacerles la observación de que al ser el motivo de mi pintura el desnudo “femenino” previamente deberán someterse a una operación de cambio de sexo, declinan al instante la petición. Una pequeña argucia que, lamentablemente, no siempre resulta.

Los pedigüeños son increíbles. Están los que te dicen que total como “no entienden de pintura” se conforman con “cualquier cosa”, algo que “vaya a tirar”. Pues vale, si reconocen tal “sensibilidad” artística seguro que cualquier cosa que les de no les va a gustar, por otro lado lo que tengo “para tirar” es para eso, “para tirar” y no para “regalar”.Puede que ellos se conformen con “cualquier cosa” pero yo no dono ninguna obra de la que no esté mínimamente satisfecha. Están también los “selectivos”, los que no se conforman con pedir sino que exigen que sea “algo” determinado. El uno un paisaje con su casa de campo, el otro un retrato, hay quien se inclina por una marina, por un bodegón o por unos gatitos jugando con un ovillo de lana. Es como si te invitaran a comer y establecieras tu el menú. ¿Y qué decir de los que cuando reciben el lienzo lo critican? “No está mal, no está mal, pero a mi parecer...”. Inaudito ¿Verdad?

Con todo coincido con el escritor al que hice referencia al inicio del relato, en que lo mas, mas , mas irritante de todo es tener la absoluta certeza de que la obra regalada no va a merecer ni una triste mirada de conmiseración. Habrá sido como tirarla a un pozo sin fondo.









sábado, 13 de septiembre de 2008

DE NUEVO A LA NORMALIDAD ¡QUÉ BIEN!




SOL (Estudio de rostro)


Pues mira por cuanto el Verano ya ha pasado a la historia por este año . Como si no hubiera existido, o, en tal caso, hubiera acaecido hace dos o tres siglos. Naturalmente que no me refiero a la estación del año que aún faltan algunos días para entrar en el Otoño, sino al Verano-Verano. Entendámonos, me refiero a esos días privilegiados del año en los que te derrites bajo los rayos del Sol tumbada en la playa, en los que el día parece unirse con la noche en pura fiesta y en los que toda tu preocupación es la de practicar a tope lo que los italianos denominan “il dolce far niente” que es arte de no hacer nada de nada salvo disfrutar de la sensualidad que nos rodea. Pura “vagancia”, según un amigo mío, pues vale llámelo como quiera que por el nombre no vamos a discutir, pero desde luego todo un verdadero placer de dioses.

De vuelta a la “normalidad”. Pero ¿Acaso aquello no era “normal” aunque solo fuera durante unos días? Por lo visto no. Lo que dejamos atrás ha sido una pequeña visita al Jardín del Edén del que nos ha echado a puntapiés y de improviso el ángel guardián de la espada de fuego. Lo “normal” es el cotidiano madrugón padre, los quehaceres que nos caen como losas de granito sobre las cabezas, las carreras para no llegar a ningún sitio, las preocupaciones y la monotonía. Para que el panorama presentado no sea del todo gris, allá entre la niebla existe una lucecita de ilusión que se llama “fin de semana”.

Ya estamos todos, toditos, todos en casa. La familia al completo. ¡Qué bien! La llegada de Septiembre ha traído consigo la incorporación de mis padres al trabajo y, por consiguiente, el abandono del apartamento en la playa que tanto les gusta y tanto agradezco que les guste. Con ellos mi hermana cargada de libros y de histeria pues, como es tradicional, debe examinarse en este mes de alguna asignatura que le quedó en Junio, y como también es tradicional, no ha abierto ninguno de los textos que tan voluntariosamente ha llevado de vacaciones y es que estos exámenes de Septiembre parecen tan lejanos, tan lejanos que siempre se acaba dejando para “mejor ocasión” algo tan molesto como dedicarse a estudiar en pleno estío. Ahora los exámenes los tiene ante sus narices y su paranoia alcanza límites insospechados.

Se acabó por el momento sentirme dueña y señora de la vivienda, hacer lo que me de la gana y pasearme sin otro atuendo sobre mi cuerpo que mis zapatillas. El “mirón” de la casa de enfrente tendrá que acostumbrarse a verme vestida. Lo siento por él. Se acabó el desorden y las comidas improvisadas. Mi madre ha hecho una compra como para abastecer a un regimiento y, lo que es peor, un plan de “limpieza a fondo” capaz de poner los pelos de punta a un calvo. Mi hermana ya se ha apresurado a señalar que como “anda de exámenes” no tiene tiempo “para nada”, por lo que el plan de limpieza a fondo capaz de poner los pelos de punta a un calvo es de imaginar sobre quien va a caer. Inútil oponerse, lo se por experiencia. Inútil hacer ver que tan ocupada como ella puedo estarlo yo. No hay color, lo mío puede esperar. Como siempre.

Ha pasado el Verano-Verano sin sentir. Como un sueño. Atrás quedan todos los planes pensados que quedaron en simple esbozo. Me pregunto qué he hecho en todo este tiempo y me da la impresión que absolutamente nada de nada. Naturalmente que esto no es cierto, siempre existen novedades que contar aunque no sean todo lo interesantes que hubiéramos querido. O quizá si, aunque de momento no sepamos apreciarlas. Me he reencontrado con antiguos amigos de esos que hacía siglos que no coincidíamos, eso de por si ya es algo digno de mención. He conocido nuevas caras, nueva gente, nuevas formas de pensar y ver las cosas. He viajado, no muy lejos, cierto es, pero viajes a fin de cuenta aunque sean de poquitos kilómetros. He mantenido alguna que otra aventurilla amorosa que es algo que siempre alegra, incluso hasta he bebido de la dulce droga del morbo. No ha sido un Verano-Verano mal aprovechado, reconozcámoslo, en todo caso distinto de lo previsto en un principio, pero los acontecimientos nunca se desarrollan a lo que habíamos imaginado.

De nuevo la “normalidad”. Estoy un poco confusa, la verdad. Como primera novedad dos de los compañeros con los que compartíamos el estudio no vamos a poder seguir contando con ellos. Quedamos solo Lucy, Vicent y yo. Mejor por un lado pues estaremos mas desahogados, por otro lado deberemos repartir los gastos entre tres en vez de entre cinco como hasta ahora. No importa, al menos de momento, que para variar nuestras perspectivas económicas no son todo lo catastróficas que suelen ser habitualmente. Vicent ha tenido un verano muy lucrativo, en lo que a venta de cuadros se refiere. Pronto lo dilapidará, claro está, pero es de esperar que para entonces le surjan nuevas oportunidades. Con Lucy no hay problema que es como una hormiguita que cuando los demás estamos en la mas absoluta banca rota acudimos a ella y nunca nos defrauda. En cuanto a mi, en estos días prácticamente he finalizado tres retratos que tenía encargados desde tiempo atrás y que por pura dejadez estaban abandonados a falta de las “últimas pinceladas”. A mayores he tenido noticias de nuevos encargos. Ironías de la vida, el motivo central de mi arte es el desnudo femenino y lo que me demanda la “clientela” son retratos. Qué se le va hacer. Por otro lado seguiré impartiendo unas horas de dibujo en la academia donde lo he venido haciendo estos últimos años.

Novedades, novedades, novedades. El fin del verano siempre supone cambios, lo que mas afectan son los correspondientes a los amigos. Algunos de ellos han regresado “ennoviados”, eso significa que ya no se podrá contar con ellos con la alegría como hemos venido haciendo hasta el momento. Entre ellos y los que ya están casados o se han ido a vivir a otro lugar cada vez hay mas caras nuevas en la “panda” y muy poquitas ya de las de antaño. Cuando a raiz de mi cumpleaños una señora “cursi” me preguntó si no me daba “pena” hacerme cada vez mas mayor le contesté que en absoluto, lo que si me produce angustia es ver como se hacen cada vez mas mayores todos aquellos que me rodean. Pero nada puedo hacer al respecto.

De nuevo a la “normalidad”. Pues si. Pero la “normalidad” que voy a encontrar ante mi ya no será aquella que dejé cuando comenzó el Verano. Todo cambia de continuo aunque solo nos demos cuenta de ello de tarde en tarde, y entonces nos sorprendemos.

lunes, 1 de septiembre de 2008

MI “VOYEUR” PARTICULAR






SOL (El mirón)

Una vez leí que las ventanas de las casas que nos rodean son como ojitos que nos espían desde la oscuridad. En tanto la luz del día inunda las calles se muestran bastante apáticos pero en cuanto el Sol se oculta por el horizonte y van apareciendo las primeras sombras de la noche empiezan a cobrar vida y se vuelven cada vez mas atrevidas, pues son sumamente cotillas. Algunas tienen una mirada muy prepotente, otras, sin embargo, la tienen tímida e indecisa. Hay las que te miran de forma insolente, otras que son francamente agresivas, algunas te rodean sensualmente como si te quisieran poseer, otras son muy coquetas y tintinean cerrando y abriendo sus párpados, algunas son tan pequeñitas que son como niñas traviesas. Las hay que son misteriosas, aparecen de súbito te escudriñan y se sumergen en la nada antes de que puedas localizar su ubicación. Las hay de mirada blanca como la nieve, amarilla como un limón, roja como la sangre, verde como un campo en primavera y azul como el cielo del mediodía en un día primaveral y despejado del Mediterráneo. Las blancas son las mas inocentes, las azules las mas sensuales y las rojas las mas siniestras. También las hay fantasiosas con destellos de varios colores. La mayor parte de ellas tienen sus párpados cerraditos pues son muy dormilonas, aunque no hay que fiarte de ellas pues a veces simulan estar durmiendo para que te confíes y así poder descubrir tus secretos cuando mas distraída estés.

Resulta muy poético, pero a mi quien me espía no es ninguna ventana sino “alguien” que está tras ella. Vive en el edificio que está frente por frente al nuestro, en un quinto piso al igual que yo y su ventana, allá, allá, es como una prolongación de la mía. No se si es alto o bajo, rubio o moreno, joven o viejo, pues la distancia no me permite apreciar tales detalles y él, por parte simula su “voyeurismo” apagando la luz, si es de noche, o, si es de día, ocultándose, en parte, tras las cortinas de su ventana. Intuyo que debe estar casado pues su fisgoneo a veces se ve repentinamente truncado por la llegada de una figura femenina de la que tampoco puedo dar ningún pormenor, salvo que, por su silueta, presumo la de una mujer de mediana edad. Cuando esto ocurre enciende la luz, si es que la observación es nocturna, y al instante puedo apreciar dos sombras, la de él y la de ella. Si es que es de día, se retira rápidamente de las cortinas a medio descorrer, o bien se asoma al exterior como si estuviera observando algo interesante que sucediese en la calle.

No se “cuánto” puede apreciar de mi anatomía, la verdad, pues, como ya he dicho, la distancia entre ambos edificios es lo suficientemente amplia como para albergar dos calles de doble dirección con sus aparcamientos, arbolado y aceras y un colegio público, con sus instalaciones. Puede que tenga una vista privilegiada o quizá supla la lejanía con su imaginación o hasta cabe la posibilidad de que haga uso de algún aparato óptico que permitan acercar mi cuerpo junto a sus narices. No lo se. Tampoco me importa gran cosa. Si quiere mirar pues que mire y si con eso disfruta pues fíjate qué bien que con bien poco se conforma. Lo que si me admira no solo es su constancia (son dos años largos los que me obsequia con su observación) sino hasta qué punto tiene controlados mis hábitos. Quizá lleve apuntado en una libretita mis idas y venidas. Por ejemplo, por la mañana debe saber que en cuanto me ve vestida es señal de que me voy a ir a la playa y no regresaré hasta la hora de comer. Si por algún casual cambio esta rutina, tranquila que las cortinas estarán sin descorrer. No ocurre así a mi regreso que presumo me espera impaciente con su cabecita asomada por una rendija de las cortinas.

Tras ducharme suelo salir envuelta en la toalla playera a la terracita a la que se accede a través del salón y que comunica con una ventana a mi cuarto, para colgar el bikini en el tendedero. Acto seguido hago lo mismo con la toalla que envuelve mi cuerpo y de dos saltos ya me encuentro dentro del salón. Este escaso minuto en el que no me encuentro mas que con la única vestimenta que unas zapatillas debe volverle loco de alegría pues a esas horas en las que el Sol da de plano contra su ventana estar asomado como un centinela ojo a vizor se convierte en un verdadero acto heroico.

Por la tarde lo tiene mas fácil pues, como ya he señalado, la ventana de mi cuarto y la que él emplea como “punto de observación” están enfrentadas, aunque en esa lejanía que parece no importar. Como buena parte del tiempo la paso en la habitación ante el ordenador, tumbada en la cama o haciendo mil cosas se puede decir que el personaje tiene “sesión continua” de “cine”, y para su mayor “aliciente” señalo que, si bien habitualmente, en casa suelo ponerme “cualquier cosa” sin fijarme demasiado en lo “presentable” o “impresentable” que resulto, cuando me encuentro solita y, naturalmente, hace buen tiempo (por ejemplo en el instante en que estoy escribiendo) la “cualquier cosa” con la que cubro mi cuerpo suele reducirse a la mínima expresión y, con frecuencia, a ninguna, salvo las zapatillas. A veces ni las zapatillas siquiera. Creo haber dicho en alguna otra entrada que me encanta el nudismo. En este aspecto mi incansable “mirón” no creo que se sienta defraudado que su preocupación no la debe tener con lo lo que “ve” sino con la mujer que de un momento a otro acabará descubriendo sus “aficiones” y con este Sol ardiente de verano que durante toda la tarde seguirá dando de plano contra su ventana amenazando con derretir su cabeza.

Ya me he acostumbrado a su mirada clavada en mi cuerpo y casi puede decirse que me hace compañía. Si por un casual algún día no se descorren ligeramente sus cortinas para aparecer tras la rendijita la silueta de su cabeza pienso preocupada si le habrá ocurrido algo. Ya veis qué cosas. Aunque no suele suceder tal cosa que pronto vislumbro la cortina descuidadamente descorrida brillando por la rendija que descubre algo que presumo sean quizá unos prismáticos.

No se si seré objeto de curiosidad por alguien mas. Puede que si, puede que no. Yo al menos no me he percatado de ello. Antaño fui objeto de similar veneración de un recién estrenado estudiante de Derecho, cosechador de suspensos por su mucha afición a mirar hacia mi ventana y poca hacia los libros. Curiosamente ocupó con sus padres en alquiler la vivienda de mi actual “mirón”. Se conoce que es lo que se llama una vivienda con “vistas”. Al cabo de un año los padres adquirieron otra vivienda en propiedad en el otro extremo de la ciudad con lo que se le terminó la “vista” y en compensación le empezaron a llegar los aprobados. A éste si que llegué a conocerle pues logre “localizarle” y un día le paré en la calle. Como de cerca ni idea de quién era yo, tuve que explicarle que yo era la “visión” que escudriñaba allá a lo lejos. Se puso colorado como un tomate y acabamos siendo buenos amigos.

Tomó el relevo mi actual y misterioso “voyeur”. Como ya he dicho no se si es joven o viejo, alto o bajo, gordo o delgado, rubio o moreno. Tampoco tengo mucho interés en averiguarlo aunque, reconozcámoslo, si un poco de curiosidad. Quizá algún día lo averigüe. De momento aquí tengo su mirada como si de un perenne centinela se tratase. A veces, lo que son las cosas, me entran ganas de agitar mi mano enviándole un saludo.